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Josep Maria Cortés, ante el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el líder de ERC, Oriol Junqueras

Josep Maria Cortés, ante el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el líder de ERC, Oriol Junqueras

Pensamiento

Illa consolida a la clase dirigente

"Por fin, en Cataluña, gracias a la mirada interior, el cuaderno de bitácora ha encontrado su hoja de ruta: PSC y ERC preacuerdan los presupuestos de la Generalitat"

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Sanidad, educación o infraestructuras, los sectores decisivos en los Gobiernos territoriales, están en manos de la derecha, PP-Vox, y representan a más del 50% de los votantes de todo el territorio español.

La España conservadora se impone sociológicamente -salvo en Cataluña y Euskadi- como han confirmado las elecciones autonómicas en Andalucía, cerrando el ciclo que empezó en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

El derrumbe anunciado del PSOE delante de San Telmo es un meditatio mortis, al estilo del desarraigo ignaciano. Si Montero le ofreciera la abstención a Bonilla, este gobernaría en solitario y empezaríamos a borrar la historia negra que nos acecha. Pero eso es imposible en el país de odio.

Los caucus tradicionales de la derecha pierden terreno ante la izquierda identitaria de Adelante Andalucía. Podría decirse que el menudeo le ha arrebatado la mayoría absoluta a Moreno Bonilla.

La izquierda de la izquierda echa mano de la cultura localista de la vida cotidiana; a primera vista, se envuelve en la bandera para sobrevivir, como solía hacerlo el nacionalismo de abolengo catalán. Y, sin embargo, Cataluña rompe con el pasado a través del preacuerdo histórico entre PSC y ERC, que abre paso a los presupuestos de la Generalitat.

No hablamos de la Flor Natural ni del Rocío, sino de dinero público bien destinado.

Cuando la izquierda se sube al monte de las musas para contemplar su propia Acrópolis, sin pensar en sus vecinos, el humanismo es un tumulto sepultado bajo el sentimiento trágico de la vida. Pero si de repente renace, como han demostrado Salvador Illa y Oriol Junqueras, el decorado cambia.

El caucus catalán no está hecho de sardanas ni de juegos florales en Cantonigròs. Llega arropado por un cambio de ciclo en la clase dirigente, con Ángel Simón presidente de Indra, limpiando su consejo de administración, con el visto bueno de la Moncloa.

La nueva ola, a la que pertenece el presidente de Foment, Sánchez Llibre, recién proclamado por segunda vez, se consolida a la sombra de Illa.

La alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés, militante crítica del PSOE, dice que ”la ciudadanía mira al poder cercano que ve con sus propios ojos”. Pero no dice que algunos poderes cercanos son institucionalmente desleales, como el Madrid de Isabel Ayuso, al no aplicar las leyes del Estado. En Sanidad: hospitales vacíos como el Zendal, redes públicas desatendidas; Protocolos de la Vergüenza durante el Covid y universidades privadas en detrimento de la cultura para todos.

Las Nereidas, ninfas de los mares interiores, le preguntan al lago cómo era la imagen del bello Narciso; y el lago responde: “No lo sé, yo únicamente me veo en sus ojos”. El ciudadano mira para encontrarse a sí mismo. Y por fin, en Cataluña, gracias a esta mirada, el cuaderno de bitácora ha encontrado su hoja de ruta: PSC y ERC preacuerdan los presupuestos de la Generalitat.

La política se comercia y recorre Europa desde antes de la Liga Hanseática y de los Estados Nación.

La excepción catalana merece el apólogo de Oscar Wilde: la “prioridad nacional”, que debería ser inaceptable para Moreno Bonilla, adquiere el rictus de maldad de Dorian Gray.