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Fotomontaje de una huelga de educación en Barcelona

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Pensamiento

Contentar a los huelguistas no es la opción

"Sin una acción policial decidida, dentro de la ley, pero decidida, es cuando la democracia está realmente en peligro. Por ello, no parece oportuno que la infiltración de los mossos en la huelga de los docentes sea reprendida públicamente por sus superiores"

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La huelga de profesores en Cataluña agita el ambiente en la calle, en los centros docentes, en los despachos de la Generalitat y en las comisarías. Una huelga que desespera a los ciudadanos y cuyos argumentos empiezan a cansar a todos.

Conseguir todo lo que una movilización se propone es imposible y aunque los maestros tienen derecho a gozar de una mejor retribución, y de mayor respeto en las aulas, no se puede poner en jaque a una Administración ni al conjunto de la sociedad.

Si hay mejoras encima de la mesa negociadora hay que valorarlas. Es difícil manejar una reivindicación si el margen de negociación se aferra al todo o nada, especialmente si existe voluntad real de alcanzar un acuerdo.

Y mientras el conflicto se enquista por una política sindical extrema, la semana ha deparado las controvertidas disculpas del departamento de Interior a los huelguistas, tras haberse conocido que un par de agentes de los Mossos se infiltraron en una asamblea de los huelguistas.

Las disculpas se produjeron, según Interior, al comprobar que la infiltración era bien intencionada pero mal planteada.

La acción de las dos agentes de la policía autonómica ha abierto la caja de Pandora de huelguistas, radicales, buenistas y equidistantes para quejarse amargamente del comportamiento de la policía.

En el fondo, la queja de los damnificados no es más que la demostración de la cada vez más común animadversión de parte de la ciudadanía a los cuerpos de seguridad.

Que la policía se infiltre allí donde perciba que existen cuestiones que pueden afectar a la seguridad, puede y debe hacerlo. Cuando una parte de la ciudadanía cree que la democracia es un sistema de gobierno sin que quienes deben velar por la seguridad tengan una presencia activa, se equivoca.

Sin una acción policial decidida, dentro de la ley, pero decidida, es cuando la democracia está realmente en peligro. Por ello, no parece oportuno que la infiltración de los mossos en la huelga de los docentes sea reprendida públicamente por sus superiores.

Si ha existido algún fallo en el operativo quizás hay que resolverlo en otro plano pero darle la razón a los huelguistas, pese a que pueda ayudar a la negociación del conflicto, solo contribuye al deterioro público del cuerpo, algo que una administración tiene que evitar por encima de todo.

Infiltrarse en determinados colectivos es una tarea esencial de la policía. Esa infiltración no puede obedecer a intereses particulares, pero sí para determinar riesgos cuya neutralización sirvan al conjunto de la ciudadanía.

No defender a tus agentes desde la responsabilidad política del cuerpo no anima a realizar tareas complicadas, ni tampoco desata la euforia entre los policías. Entre otras cosas porque ceder ante quien no se debe siempre tiene consecuencias. Y son malas.