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Ricardo Gómez de Olarte opina sobre Eduardo Mendoza

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Pensamiento

El independentismo y la quema de libros

"Las huestes de Puigdemont han amenazado con retirar la Cruz de Sant Jordi a Eduardo Mendoza, cosa que no se ha hecho con los condenados Javier de la Rosa, Fèlix Millet y Martina Camiade, ni con los ahora juzgados Pujol y Sumarroca"

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Como sea que hace tiempo que los indepes no tenían ocasión de demostrar su fortaleza ya de por sí mermada en Cataluña, con ocasión de la celebración del Día del Libro les ha surgido una nueva víctima.

Resulta que en la presentación de su nueva obra, Eduardo Mendoza, se le ha ocurrido decir una verdad, dolorosa como muchas, pero verdad al fin y al cabo. Según el autor, “Sant Jordi es un intruso, un maltratador de animales que, seguramente, no sabía ni leer”.

El animus iocandi (la guasa) es tan evidente como la causticidad propia de Mendoza. Sant Jordi sería un iletrado (en el medievo, poquísimas personas sabían leer) y maltratador de animales por dar matarile a un dragón que es un ser inexistente. Es un intruso porque el día del libro se celebra en España desde el 7 de octubre de 1926, por un Real Decreto de Alfonso XIII de 6 de febrero de 1926.

La fecha del 23 de octubre se debe a que entonces se creía que había nacido Cervantes. Se realizó el cambio de fecha el 23 de abril de 1930, que es la fecha en la que Cervantes es enterrado, la muerte de William Shakespeare (y tampoco, como se verá más adelante) y el supuesto fallecimiento de Garcilaso de la Vega.

Fue Vicente Clavel, editor valenciano, quien insistió en pasarla al 23 de abril porque es más agradable pasear en primavera que en otoño. Es decir, para facilitar la venta.

En 1995 la Unesco instituyó el 23 de abril como el Día del Libro y los Derechos de Autor. La Unesco no estuvo muy fina con las fechas, ya que Cervantes murió el 22 de abril de 1616 y el día 23 fue enterrado.

Shakespeare murió el 23 de abril según el calendario juliano, una fecha que en realidad corresponde al 3 de mayo de 1616 en el calendario gregoriano, es decir, el que utilizamos en nuestro país.

Garcilaso murió el 14 de octubre de 1536 por una caída del caballo. Y el día de la muerte de San Jorge no coincide ni con la de uno ni con la del otro.

Por su parte, que, en España, Sant Jordi sea el patrón de Cataluña y Aragón (como lo es de Inglaterra, Bosnia Herzegovina, Bulgaria, Georgia, Ucrania, Malta, Etiopía, de Moscú y de Beirut), procede de una leyenda medieval.

La Corona de Aragón llevaba desde 1094 intentando conquistar a los musulmanes la ciudad de Huesca. Las batallas se sucedieron y, de hecho, en ellos perdió la vida el rey Sancho Ramírez. Su hijo, Pedro I de Aragón, logró llevarla a cabo dos años después tras ganar la decisiva batalla de Alcoraz.

Según la leyenda, un misterioso caballero que portaba un estandarte con una cruz roja se había puesto al frente de la caballería aragonesa en el momento en que los ánimos de las tropas cristianas flaqueaban, y los había guiado hasta la victoria.

Este fue identificado como San Jorge y, para conmemorar el triunfo, el rey, después de entrar con su mesnada en Huesca, ordenó añadir la cruz de San Jorge al escudo real. Así que ese milagro de San Jorge es más maño que catalán, tal como ocurre con la bandera, aunque esa es otra historia

Según la Iglesia Católica, San Jorge fue un soldado que nació en Capadocia –en la Turquía actual– y que murió en Nicomedia a comienzos del siglo IV, probablemente en la persecución de Diocleciano.

Poca cosa concreta se conoce de su vida con plena fiabilidad, porque las múltiples y variantes referencias están plagadas de fábulas y ficciones, según la demagogia necesaria en cada territorio. En cualquier caso, San Jorge parece que fue más turco que catalán.

La tradición de regalar una rosa no fue instituida por decreto real, sino que es una costumbre popular catalana mucho más antigua vinculada a la leyenda de Sant Jordi.

En el siglo XV se celebraba la Feria de los Enamorados con paradas de rosas a la salida de la misa que se celebraba en el Palacio de la Generalitat. Se vendían rosas, pero sin libros y sin que se conozca el día concreto en el que se celebraba esa Feria de los Enamorados.

No fue hasta 1929, con motivo de la Exposición Universal de Barcelona, que se decidió el cambio del día del libro y se hizo coincidir con el de regalar rosas.

En resumen, se trata de dos tradiciones independientes entre sí y más antigua la de la rosa. Pero el hecho de que se celebren a la vez no es más que un motivo económico.

Volviendo al tema inicial, las huestes de Puigdemont han amenazado con retirar la Cruz de Sant Jordi a Eduardo Mendoza, cosa que no se ha hecho con los condenados Javier de la Rosa, Fèlix Millet y Martina Camiade, ni con los ahora juzgados Pujol y Sumarroca.

Lo preocupante es que está corriendo por los foros indepes la intención de quemar libros de Eduardo Mendoza por su broma de San Jorge en las hogueras de San Juan. Igualito que la quema de libros del 10 de mayo de 1933 en la Bebelplatz de Berlín.

Fue un acto de censura nazi donde estudiantes, profesores y miembros de la SA quemaron más de 20.000 libros de autores judíos, marxistas y críticos. Esta acción buscaba "purificar" la cultura alemana, eliminando el "espíritu antialemán".

Sigo estando a un euromillón de vivir al margen de todo el mundo. Al menos de este manicomio catalán.