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Orbán se va y Vox se cae

Orbán se va y Vox se cae Montaje Crónica Global

Pensamiento

Orbán se va y Vox se cae

"El mundo ultra pierde su gran baza; la sombra europea de Trump periclita y la sede de Vox es un funeral de pobre. Se difumina la última baza del segundo Cisma de Occidente, montado por evangelistas de medio pelo, con el presidente de EEUU jugando al antipapa Luna"

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La derrota de Orbán en Hungría abre el apetito turístico del vapor sobre el Danubio con destino a Budapest, la capital demediada por las aguas del gran río.

Regresa la imagen de Isabel de Baviera, Sisi, tocada por el velo que cubre su imperial cabellera con la frente fruncida y los ojos esmeralda.

Los pacíficos ciudadanos de la capital húngara se instalan bajo las umbrelas tostadas por el sol de primavera, delante de la taza de té y la tarta Sacher perfumada con generosas gotas de amarillo Pálinka.

Orbán ya no manda; deambula tal vez por las praderas magiares que un día pisaron las tribus mongolas. Nunca más podrá romper la unanimidad exigida en la UE.

Putin ha perdido a su único amigo y la UE se ha librado del Caballo de Troya húngaro, que enviaba al Kremlin por escrito las deliberaciones de las cumbres secretas del Consejo Europeo.

El mundo ultra pierde su gran baza; la sombra europea de Trump periclita y la sede de Vox es un funeral de pobre. Se difumina la última baza del segundo Cisma de Occidente, montado por evangelistas de medio pelo, con el presidente de EEUU jugando al antipapa Luna.

Trump, con la supuesta luz de Dios en el pecho, pretende imponerse al Papa, León XIV, contrahegemónico, agustiniano y defensor de las relaciones horizontales con las que empezó el movimiento de Jesús de Nazaret.

La brocha grotesca de la actual Casa Blanca y su salón de baile, de ridículo toque pompier, quiere comandar la moral del mundo con la Biblia hebrea en la mano, exhibiendo el lenguaje alegórico, que el Despacho Oval no entiende.

León XIV, como Pablo de Tarso, un gentil con raíces judías, predica el Evangelio de Cristo frente al evangelio del César, el Trump lenguaraz de nuestros días.

El zote incendiario de Mar-a-Lago ha perdido de una tacada tres anhelos: Canadá, Dinamarca con Groenlandia integrada en su seno y Hungría, el núcleo de los partidos patrióticos ultras que financia a Vox.

El magiar, Péter Magyar, ganador atronante de las elecciones húngaras, recupera los 18.000 millones de euros bloqueados en Bruselas como castigo a las políticas antidemocráticas de Orbán.

El nuevo primer ministro es fiel a la UE, abandona la homofobia y el racismo, y está dispuesto a jugar sus nuevas cartas siguiendo los pasos del nacionalismo francés y el aggiornamento italiano de Meloni, las derechas duras reblandecidas en conservadoras por las amenazas de Trump contra la UE y la Alianza Atlántica.

Simbólicamente, Magyar entra en el Parlamento de Pest con sacos de rubíes, mantos de terciopelo y telas de Damasco. Todos le quieren. El Danubio es más azul; puede con los demonios al atravesar las Puertas de Hierro y las gargantas de Visegrad y Kazán. 

Sobre el Duna, como le llaman los húngaros, se abre el Este cosmopolita y bello, mezcla de eslavo y austríaco.

Péter Magyar será nombrado primer ministro en el Parlamento de Budapest, el más digno de centro Europa, con estilos neogótico, renacentista y barroco. Las noches reverberan de nuevo sobre el manto acuático danubiano. Orbán se va y Vox se cae.