Josep Maria Cortés y una imagen de Joan Tardà
Joan Tardà o el retorno de los brujos
"Junqueras recuerda que su paso por la prisión tras la pifia de la declaración de independencia no fue para unir fuerzas con la izquierda española"
Cataluña, la nación-cristiana, que soñó Herder en Alemania, es lo único que le importa a Oriol Junqueras. El líder de ERC recuerda que su paso por la prisión tras la pifia de la declaración de independencia no fue para unir fuerzas con la izquierda española: “Fui a prisión por Cataluña, no para que Ada Colau fuera diputada de ERC". Adiós al frente común de izquierdas que el portavoz de su partido en el Congreso, Gabriel Rufián, lleva defendiendo desde hace meses.
Joan Tardà, el republicano más izquierdoso que indepe, ha fantaseado con una lista electoral conjunta en las generales, con Sumar, Bildu y el resto, autoexcluido Podemos, sede del rencor. Bordeando el autoritarismo, Junqueras le para los pies al mejor de su formación, Tardà, que es generoso además de listo y que busca un aggiornamento del catalanismo político pensando en el PSUC de los mejores años.
Tardà es inclusivo; Junqueras es excluyente; Tardà articula, su jefe aísla; el primero es generoso y el segundo, temeroso. Joan vertebra, Oriol destruye. Son el pan y el vinagre; el abrazo fraternal y el pellizco monjil; el camarada y el cuñado; el futuro y la envidia; la evolución y el apego; la trinchera y la sala de banderas.
Tardà hierve por un país real y más justo. Retiene en su memoria el retorno de aquellos que hicieron malabares combatiendo la dictadura y defendiendo la Tierra. Descifra un mundo de soberanías compartidas, amenazado por Trump en su despacho, adorado por los líderes evangelistas.
A Tardà le duele la Jerusalén liberada que cierra la puerta de Damasco para impedir el acceso a la mezquita al-Aqsa, en la Ciudad Vieja, y bloquea la celebración de la misa del domingo de Ramos en la Iglesia el Santo Sepulcro. Netanyahu, cegado por el odio, desconoce Tierra Santa; lo confunde todo, como los ultracatólicos españoles dispuestos a leer los evangelios con las gafas del lenguaje alegórico de la Biblia.
El intelectual judío-alemán Ernst Block escribió que un ateo bien intencionado puede alcanzar una posición prometeica sobre el futuro de la humanidad. Descartó la banalidad que utilizan hoy los partidos políticos populistas enganchados a la herejía para tener adeptos. “La banalidad es contrarrevolucionaria”, escribió Isaak Babel.
La compasión en tiempos de guerra deplora a quien padece sin identificar a las víctimas, sin asumir a los colectivos dolientes. La compasión real nos obliga a no remitir la reparación en la tierra fértil del que puede más, como lo hace el falso consuelo de las ideologías farsantes (Vox o Aliança Catalana).
Ahora no sufre Cataluña; sufren Irán y Líbano. La España vertebrada de Sánchez es un rumbo dúctil. Tardà lo sabe y por eso sueña con el regreso de los brujos benignos. Piensa en un país internacionalmente conectado, que no se detiene ni en la supremacía de la nación, ni en la lengua. Un mundo solidario.