Pásate al MODO AHORRO
Una montaje de una imagen de Selva Orejón con una foto de archivo de una residencia de ancianos

Una montaje de una imagen de Selva Orejón con una foto de archivo de una residencia de ancianos Crónica Global

Pensamiento

Cuidado con el cuidado, no hay avance sin cuidar la humanidad

"Si seguimos “avanzando” sin atender a quienes quedan fuera, sin cuidar lo esencial, no construimos futuro"

Publicada
Actualizada

Qué paradoja eh, cuanto más hablamos de progreso, de innovación, de eficiencia y de velocidad, más invisibles se vuelven aquellos trabajos que sostienen lo esencial: el cuidado.

Estamos construyendo sociedades cada vez más sofisticadas tecnológicamente, pero cada vez más frágiles en lo humano.

En el social imaginario contemporáneo, avanzar se ha asociado a acelerar, yo soy de pueblo, de pueblo como las amapolas, sí, soy muy activa, tengo mucha energía, y soy creativa, pero noto que el objetivo está empezando a ser “todo más rápido, más, y más no es mejor”. Y hay que chequear si se pierde el sentido por el camino más en menos tiempo, no me va.

Optimizar, escalar, automatizar, sí, pero no. Este modelo no me convence. Me suena a que lo que no se puede acelerar pierde valor.

Cuidar no admite atajos.

Cuidar requiere tiempo, atención, presencia.

Requiere detenerse cuando todo empuja a seguir. Requiere mirar cuando el sistema invita a ignorar.

Y precisamente por eso, en una lógica económica obsesionada con la productividad y medible, por supuesto, como si todo fuese medible y cuantitativo… pues no, el cuidado se ha convertido en una actividad infravalorada, mal pagada y, en muchos casos, invisibilizada.

Si desmontamos la narrativa dominante y observamos más, emerge una realidad incómoda: los trabajos peor remunerados son, en muchos casos, los más críticos para la sostenibilidad humana. Porque de un tiempo a esta parte estamos jugando a ser Dios, y es todo bastante más sencillo, somos humanos, tenemos necesidades humanas, y sentimos como humanos, y oh! Noticia, seguiremos siendo humanos y muy animales, y a mucha honra.

¿Quién cuida a los niños en situación de acogida, muchos de ellos atravesados por historias de abandono o violencia?

¿Quién acompaña a las personas mayores en residencias, especialmente cuando la familia no está o no puede estar?

¿Quién sostiene el día a día de personas con deterioro cognitivo, con enfermedades mentales, con dependencia severa?

¿Quién mantiene vivas las ONG y asociaciones que trabajan donde el sistema no llega?

Profesionales muy precarizados, vocacionales hasta el límite, inclusive por encima de él, muchas veces exhaustos, que operan en los márgenes de un sistema que depende de ellos pero no los reconoce.

Externalizamos el cuidado, lo delegamos, lo reducimos a coste, y reducimos ese coste, lo gestionamos como si fuera una variable secundaria.

Sin embargo, sin cuidado no hay tejido social, ni estabilidad.

No es un complemento del sistema. Es su base.


Si la sociedad deja de cuidar bien a sus niños más vulnerables, está incubando desigualdad estructural. Cuando desatiende a sus mayores, está rompiendo el contrato intergeneracional.

Cuando precariza a quienes cuidan, está erosionando la calidad del propio cuidado.

Y cuando invisibiliza todo esto, está tomando decisiones sin entender sus consecuencias.

Se habla constantemente de IA, automatización y transformación, y conviene hacerse una pregunta: ¿qué queremos automatizar y qué proteger como núcleo humano irrenunciable?

Si todo se orienta a la velocidad, eficiencia y crecimiento, confundiremos dirección con progreso.

Ir más rápido no es ir mejor.

A veces, es simplemente perder más rápido aquello que nos sostiene.

El cuidado no escala como una startup.

No se optimiza como un algoritmo. No se mide bien en KPIs tradicionales.

Pero sin él, cualquier modelo de crecimiento es, en el fondo, insostenible.

El indicador de avance no es cuánto producimos, sino cómo cuidamos.

En la calidad de la atención que damos a quienes no pueden competir en el sistema. En el valor real que otorgamos a quienes sostienen lo invisible.

Revalorizar el cuidado es una decisión política, económica y cultural. Implica repensar prioridades, redistribuir recursos y, sobre todo, redefinir qué entendemos por progreso.

Si seguimos “avanzando” sin atender a quienes quedan fuera, sin cuidar lo esencial, no construimos futuro. Estaremos, acelerando hacia un modelo deshumanizado.

Eso no es avance, es renuncia.