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Una imagen del opinador Toni Bolaño

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Pensamiento

Puigdemont: el rey desnudo

"Puigdemont ha dejado de ser el Mesías. Ha pasado a ser el hijo pródigo solo para un universo que cada vez es más menguante, y su credibilidad no pasa la prueba del algodón que utilizaba a su manera aquel Santo Tomás de ver para creer"

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"Louis Aliot, del Reagrupamiento Nacional (RN), alcalde de Perpiñán desde hace seis años, ha logrado algo más del 51% de votos en el primer turno, por lo que su continuidad en el puesto está asegurada", decían las crónicas de las elecciones municipales de Francia. Ganó con más del 50% en la primera vuelta, algo que no es la tónica habitual y más en los tiempos que corren. Aliot es el prototipo del ultraderechista moderno enfocado en la seguridad, la identidad nacional francesa y la lucha contra la inmigración desde el gobierno local. Se le describe con una fuerte independencia política, buscando en la gestión la normalización de la extrema derecha, que a menudo etiqueta como un "centrismo de extrema derecha". 

Puigdemont debe estar encantado de la victoria de Aliot al que elogia porque le deja hacer mítines de autoelogio al lado de la frontera. No debe saber el líder de Junts que a pesar de gobernar en una zona con fuerte identidad catalana, la Catalunya Nord, Aliot se ha posicionado firmemente en contra del independentismo catalán. También ha marcado distancias con Vox porque a nacionalista no le gana nadie.  Es un nacionalista francés de pura cepa, los de Vox son nacionalistas españoles con añoranza del imperio y de la dictadura, y con sus antepasados los tatarabuelos de Aliot ya se las tuvieron. 

Carles Puigdemont debería tomar buena nota de Aliot. Es de ultraderecha, sin complejos, es catalán, del norte of course, pero no independentista, defiende Francia para los franceses pero que curren los "otros" donde no queremos hacerlo los patriotas, franceses también of course, y se aleja de quimeras de tres al cuarto. Y lo mejor, es un tipo creíble para sus electores. 

Desde 2017 ha llovido mucho. En lo político y en lo meteorológico. No me definiría dónde más. En lo político, Puigdemont ha dejado de ser el Mesías. Ha pasado a ser el hijo pródigo solo para un universo que cada vez es más menguante, y su credibilidad no pasa la prueba del algodón que utilizaba a su manera aquel Santo Tomás de ver para creer. Dicen que su vuelta será el gran revulsivo para una extenuada formación política que le sigue como a un chamán, básicamente porque no tienen otra cosa. Ni Turull, ni Nogueras, ni Sales, ni Rull pasarían a la final de un Master Chef a la catalana aunque estuviera amañado. 

Que Puigdemont ya no es el que era, aunque en su ejercicio de flautista de Hamelin tiene su cohorte de irreductibles -básicamente porqué sin él no son nada-, se puede comprobar en las fugas de talento o en los cabreos, cada vez más indisimulados de Xavier Trías. Pero, sobre todo, la debilidad se nota en la falta de autoridad. Junts no tiene candidatos para afrontar unas primarias cruciales ni en Barcelona, ni en Tarragona, ni en Girona -a pesar de que es su ciudad y de que su alcalde, el cupaire Lluc Salellas, no pasará a la historia por la brillantez de su gestión más allá de quejarse de que hay alertas o de que no las hay, depende- y falta un año. Y no solo en las cuatro capitales catalanas, más de una ciudad importante, Junts sigue viviendo en el ostracismo más absoluto como por ejemplo en Sabadell. 

Sus ofertas caen en efecto dominó. Las ofertas en Barcelona topan con la hostilidad de Jordi Martí que defiende su gestión frente a los paracaidistas que trae Puigdemont y que se sepa no le dicen que sí. El último conocido Tatxo Benet en una quiniela sin premio para Artur Mas que se esmera calentando en la banda para volver a ser titular. En Girona fulminó -dijeron- a Gemma Geis, otrora estrecha colaboradora, que ahora se presenta a primarias y sin rival. En Tarragona ni candidato ni comité local lo que no augura un futuro prometedor. Y en Lleida se está a la espera de la designación, mientras lanzan el mantra de que el regreso de Puigdemont será el gran revulsivo. 

El carisma se deteriora con el tiempo y más si tu principal servicio es dar patadas en la espinilla a quién se abre a negociar con Cataluña -aunque la negociación no es fácil- y a poner flores en el camino a quién quiere dilapidar lo conseguido. El tiempo ha dejado al descubierto sus vergüenzas y su debilidad es manifiesta. Todavía no hemos asistido a la sangría de fugas a la nueva lideresa del nacionalismo más identitario catalán, xenófoba, clasista y que ha conseguido en poco tiempo normalizar a la extrema derecha con la estelada por bandera. Silvia Orriols se parece más a Louis Aliot que Puigdemont, pero el líder no se ha dado cuenta de que está desnudo y él se piensa ataviado con ricas prendas.