Fotomontaje con el encuentro de Donald Trump y el líder de Vox, Santiago Abascal, en CPAC 2024 (ARCHIVO)
La servidumbre ideológica deja en evidencia a los falsos patriotas
"Prima la obsesión enfermiza contra los valores que las izquierdas defienden: solidaridad, justicia social, igualdad... Campo de batalla para conservadores cada día más radicalizados e instalados en la defensa de valores y posiciones inmovilistas y reaccionarias"
Algunos políticos nacionales que se vanaglorian de ser muy “patriotas españoles” y ultranacionalistas, practican un patriotismo subordinado por “la servidumbre ideológica”, que les posiciona sin ambages al servicio de la Administración Trump.
Una administración que confronta y perjudica los intereses de los españoles, a los que amenaza con imponerles aranceles, utilizando burdas descalificaciones, con lenguaje diplomáticamente inapropiado, todo ello publicitado a través de una agresiva “retórica populista”.
Analicemos esta aparente contradicción, políticos que se presentan como muy “patriotas”, pero que en momentos de conflicto y discrepancia se alinean claramente con las posiciones ultras y las descalificaciones de Trump, incluso cuando estas pueden perjudicar a intereses económicos o diplomáticos españoles.
Este alineamiento, consecuencia de una “servidumbre ideológica” , que impone su lógica de servilismo, obligando a defender siempre al “jefe” para no enfadarlo. Prevaleciendo factores políticos e ideológicos, por encima de una lógica estrictamente económica o nacional.
Su alineamiento sin fisuras corresponde sobre todo a la afinidad ideológica y militante con la derecha populista radical a nivel internacional. Líderes como Santiago Abascal, Isabel Díaz Ayuso o Alberto Núñez Feijóo…comparten con el “trumpismo” determinados marcos ideológicos.
En el caso del discurso antiglobalización de Vox, defienden la “soberanía nacional “pero la abandonan cuando puede poner en peligro determinados privilegios”.
Prima la obsesión enfermiza contra los valores que las izquierdas defienden: solidaridad, justicia social, igualdad... Campo de batalla para conservadores cada día más radicalizados e instalados en la defensa de valores y posiciones inmovilistas y reaccionarias.
Todo ello les conduce a una confrontación cultural con lo que llaman “woke”, un posicionamiento social que enfatiza la conciencia y el activismo frente a las desigualdades y discriminaciones en la sociedad, especialmente las relacionadas con racismo, sexismo, discriminación de género, orientación sexual y desigualdades estructurales.
Europa se equivocó al pensar que 1945 marcaba el fin de la Historia y entró con ello en un marco mental post-histórico. Externalizó la defensa en su “salvador” estadounidense, invirtió en un generoso Estado del bienestar y adoptó el derecho internacional como eje de la política exterior.
Sin embargo, el regreso de la Historia con el “imperialismo colonial” de Trump, el colapso del multilateralismo, el auge del proteccionismo…, han favorecido el surgimiento de discursos populistas que prometen soluciones simples a problemas complejos.
Analicemos brevemente la situación de una Europa que aparece desorientada e incapaz de actuar de forma conjunta y solidaria. La crisis financiera de 2008, al igual que la de 1929, evidenció las prácticas especulativas y decisiones poco éticas del capitalismo que generaron profundas crisis económicas, que afectaron a amplias capas de la población, creciendo el descontento social y la desconfianza hacia las instituciones.
Lo que generó la aparición de oleadas de populismo, hiper-nacionalismo, pulsiones autoritarias y movimientos antiglobalización. Por eso muchos partidos de derecha en Europa han construido redes políticas con el entorno de Trump o con figuras similares (por ejemplo, en Hungría, Italia o Polonia).
En ese marco, la alianza ideológica pesa más que los conflictos comerciales concretos. El falso “patriotismo” les conduce a convertir la política interna en conflicto exterior contra el gobierno. En España, la política exterior muchas veces se interpreta en clave doméstica.
La oposición siempre critica denodadamente: la gestión diplomática del gobierno en el poder, atribuyendo tensiones internacionales a errores del ejecutivo, intentando denunciar el gobierno al que acusan de “haber aislado a España”. En ese contexto, el foco del discurso no es tanto apoyar a EE UU, sino debilitar políticamente al gobierno español.
El “patriotismo” que reivindican partidos como Vox y el que suele expresar el Partido Popular parten de una idea común, la “unidad de la patria”, sin embargo, se articulan de forma distinta en varios planos: identidad nacional, relación con la globalización, economía, el marco europeo/UE y política territorial. Considerando el patriotismo de forma excluyente como defensa activa frente a amenazas internas y externas (separatismo, inmigración irregular, globalismo, etc.).
El patriotismo económico trata de priorizar sus intereses industriales o comerciales, la “patria” siempre ha sido de su propiedad. Patriotismo ideológico obsesionado por defender un bloque cultural o político (“Occidente”, “la civilización cristiana”, etc.).
En la actualidad sectores de la derecha política ven en la administración conservadora y autoritaria de Trump, el gran aliado estratégico, por encima de fricciones económicas puntuales.
La política actual, cada vez más polarizada, está muy influida por la comunicación y las redes sociales, por lo que puede ser rentable posicionarse a favor de figuras internacionales mediáticas, como el actual presidente de los EE UU; lo que genera más visibilidad política, reforzando la identidad del propio electorado, simplificando el debate en un “nosotros vs ellos”. Esto puede llevar a alineamientos muy ideologizados, aunque no siempre coincidan con intereses económicos concretos.
La sumisión a las políticas de Trump se explica como una mezcla de afinidad ideológica internacional, estrategia de oposición interna, apropiación de un falso patriotismo y la lógica de la polarización política.