Joaquim Coll
La era de las preguntas
"En una era en la que la inteligencia artificial ofrece respuestas instantáneas y cada vez más sofisticadas, el verdadero valor diferencial ya no reside en acumular conocimiento, sino en formular las preguntas correctas"
«Lo más importante es: ¿qué preguntas no sabemos hacer? Una vez que conoces la pregunta, la respuesta suele ser la parte fácil». Con estas palabras, pronunciadas por Elon Musk durante una reciente entrevista en el Saudi-U.S. Investment Forum de Riad, se condensa el vuelco histórico que vivimos. En una era en la que la inteligencia artificial ofrece respuestas instantáneas y cada vez más sofisticadas, el verdadero valor diferencial ya no reside en acumular conocimiento, sino en formular las preguntas correctas.
Nunca habíamos tenido tantas respuestas al alcance: diagnósticos automatizados, textos e imágenes generados en segundos, decisiones asistidas. Sin embargo, cuanto más potentes son esas respuestas, más decisiva se vuelve la calidad de las preguntas que las provocan.
Durante siglos, el prestigio intelectual dependió de atesorar datos y dominar disciplinas. Hoy ese paradigma se resquebraja: un algoritmo procesa en instantes más información de la que una mente humana podría manejar en toda una vida.
El criterio se desplaza hacia discernir, problematizar y comprender. El temor a que la IA “nos devore” distrae del desafío real. La cuestión clave no es si la máquina pensará por nosotros, sino si dejaremos de pensar críticamente ante la comodidad de sus respuestas.
Vivimos una revolución continua: la innovación es una atmósfera permanente y la obsolescencia acecha profesiones, empresas y modelos de negocio con rapidez inédita.
La IA penetra en ámbitos jurídicos, médicos, financieros o periodísticos que parecían exclusivos del juicio humano. Ya vemos despachos que automatizan la revisión de contratos y el análisis de jurisprudencia en minutos; hospitales que procesan imágenes clínicas con mayor rapidez que muchos especialistas; bancos que modelizan riesgos en tiempo real; redacciones que generan borradores o resúmenes automáticos; y usuarios que obtienen respuestas completas directamente a la IA, sin necesidad de visitar los sitios originales.
La reflexión de Musk —más allá de su figura controvertida— resulta significativa al hablar de xAI y de la aspiración de comprender la realidad última.
Formular la pregunta adecuada exige entender el contexto, detectar supuestos y anticipar consecuencias éticas y políticas: es ejercer soberanía intelectual. Delegar incluso la definición de los problemas sería ceder lo esencial.
El riesgo mayor no es una rebelión algorítmica, sino una concentración de poder sin contrapesos —corporativa en Occidente o estatal en China, a grandes rasgos—.
La cuestión ya no es tecnológica, sino democrática. La humanidad no será devorada por la IA si sabemos decidir, individual y colectivamente, qué merece ser preguntado y con qué propósito. Porque esta no es la era de las máquinas. Es, sobre todo, la era de las preguntas.