Representación de teletrabajo
Teletrabajo: de medida coyuntural a estrategia climática y competitiva
"El teletrabajo real y eficiente no existe porque no se ha implementado de forma planificada ni siguiendo procesos adecuados"
Hace unos días, en Cataluña recibimos avisos de alerta meteorológica que implicaron restricciones de movilidad y la suspensión de actividades, incluidas las clases escolares, con la consiguiente recomendación de teletrabajar.
Estas alertas, cada vez más frecuentes, como muestran las registradas en España durante el último trimestre del año pasado y lo que llevamos de este, reflejan la creciente intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos.
No entraré a valorar si se está haciendo un uso excesivo de estas medidas, cuestión que sin duda merece una reflexión serena y basada en datos. Pero sí cabe preguntarse por las dificultades añadidas que suponen para la conciliación y el cuidado de los hijos, así como por si nuestras empresas y organizaciones están realmente preparadas para mantener, e incluso aumentar, la productividad en un escenario de teletrabajo sobrevenido que podría intensificarse como consecuencia del cambio climático.
Nadie debería dudar de que el teletrabajo, allí donde es posible y no lo es en los espacios de atención al cliente o al ciudadano, rompe barreras espacio-temporales. Permite a los profesionales acceder a puestos que, por distancia o entorno, les resultaban inaccesibles, y ofrece a las empresas un mayor número de candidatos al poder extender sus ofertas a personas de otras regiones.
Sin embargo, exige una mayor flexibilidad en la organización y en la planificación del trabajo, así como asumir que teletrabajar no consiste simplemente en hacer lo mismo, de la misma manera, desde casa que en la oficina.
Por ello, se requieren ajustes en los modelos de gestión para garantizar el cumplimiento de los plazos y los estándares de calidad establecidos. A la vez, hay que tomar en consideración que la información, valor básico de toda organización, se dispersa con el trabajo remoto al encontrarse los datos en ordenadores de empleados ubicados en lugares diversos y cambiantes, sin control fehaciente sobre su contenido y uso.
Por ello son necesarias inversiones en sistemas robustos que protejan los datos y permitan afrontar posibles ciberataques, asegurando la confidencialidad de la información y la adecuada custodia de datos de terceros.
Al riesgo anterior hay que sumar que la dispersión de los miembros de un mismo equipo en múltiples lugares debilita el sentido de pertenencia al equipo y la cultura empresarial, por la falta de espacios compartidos y de contacto personal que genere empatía.
A la vez, el teletrabajo desde el domicilio puede aislar y favorecer conductas orientadas al beneficio propio, al no percibirse los problemas del resto del equipo. Por ello, el teletrabajo exige afrontar estos problemas, asumiendo además la necesidad de un entorno adecuado que permita concentrarse sin interrupciones.
Un problema estructural adicional es el espacio doméstico. Las viviendas urbanas se han reducido progresivamente, convirtiéndose en muchos casos en “viviendas dormitorio”. La mayoría de sus ocupantes desarrolla la vida social fuera del hogar, en espacios de ocio o deporte. Contar con estancias adecuadas para teletrabajar dignamente no está al alcance de muchos, debido a los elevados precios del metro cuadrado de vivienda de las grandes ciudades.
En este escenario cobran sentido los centros de teletrabajo o telecentros, próximos a los domicilios, que permiten trabajar para empresas ubicadas lejos y ofrecen conectividad e infraestructuras de las que muchas viviendas carecen. Estos centros no solo mejoran la eficiencia laboral, sino que pueden contribuir al reequilibrio territorial, aumentar la calidad de vida, disminuir emisiones por desplazamientos, potenciar el desarrollo rural, fomentar la interacción social y evitar el aislamiento.
Así pues, el aumento de episodios climáticos extremos debería llevarnos a replantear, con rigor y visión estratégica, el uso eficiente del teletrabajo humano como herramienta de resiliencia económica y organizativa.
El teletrabajo real y eficiente hoy aún no existe, porque no se ha implementado de forma planificada ni siguiendo procesos adecuados. No por ello se debe renunciar a transformar el teletrabajo, de la solución coyuntural actual, en una capacidad estructural que se convierta en palanca de un mayor progreso económico y social, capaz de aportar competitividad a las empresas, facilitar la conciliación, reducir la movilidad innecesaria y abrir oportunidades laborales a escala global.
El futuro incierto demanda nuevas herramientas para superar barreras espacio-temporales y facilitar a las empresas disponer de los profesionales necesarios para competir en mercados globales.
Por ello, el teletrabajo se vuelve imprescindible, lo cual exige fomentar la digitalización empresarial, garantizar conectividad de altas prestaciones en los hogares, incentivar la contratación de teletrabajadores, ajustar planes de formación incorporando programas específicos de teletrabajo e inteligencia artificial y, adicionalmente, articular una red de telecentros que cubra todo el territorio, con especial atención a las zonas rurales.
Adicionalmente, toda organización debe completar la transformación digital. Definir objetivos medibles con respecto a equipos y personas, implementar herramientas seguras de comunicación y gestión de la información, establecer sistemas de control que supervisen el cumplimiento de actividades y objetivos, reducir al máximo los riesgos de ciberataques y asegurar la formación de sus trabajadores en métodos, herramientas y habilidades específicas para el trabajo no presencial.
Avanzar en el teletrabajo contribuiría también a los objetivos de desarrollo sostenible, equilibrando el territorio, reduciendo los consumos asociados a la concentración urbana y mitigando los efectos negativos de las alertas por fenómenos meteorológicos extremos.
Así pues, convertir el teletrabajo en una capacidad estructural constituye una protección frente a los fenómenos meteorológicos adversos y, además, abre el camino hacia formas más avanzadas de interacción a distancia, como la telepresencia, incluso en su vertiente holográfica, cuya implementación y debate requerirán análisis específicos en el futuro.