Un fotomontaje de Núria González con una imagen de la boxeadora Imane Khelif de fondo
El boxeador va desnudo
"Destruir cualquier cosa donde las mujeres tengan su espacio o algún tipo de reconocimiento siempre ha sido el sueño húmedo del patriarcado"
Ha querido la casualidad que el mismo día que se inauguraban los XXV Jugos Olímpicos de Invierno en Milán, se haya puesto el foco de la verdad sobre uno de los mayores escándalos de olimpismo de toda su historia.
Imane Khelif, la persona argelina que ganó la medalla de oro de boxeo femenino en los Juegos Olímpicos de Paris 2024 ha reconocido lo que el mundo entero veía pero que una pequeña parte de fanáticos nos pretendía obligar a obviar. Y es que esa persona que compitió tramposamente y ganó un oro en categoría femenina es un hombre, con sus cromosomas XY como todos los hombres.
Repito que no se necesitaba más que echar un vistazo a dicha persona para que la evidencia se hiciera patente. Pero, aun así, el Comité Olímpico, uno de los mayores nidos de corrupción del planeta, seguramente y “presuntamente” bien untado por la federación de boxeo argelina, permitió tal patraña, que acabó con un hombre apalizando mujeres en directo y siendo galardonado por ello con una medalla de oro olímpica.
Lo peor de esa situación fue ver a toda la jauría Woke posmoderna mundial protagonizando una versión moderna del cuento “El traje del emperador”, que iba desnudo pero que nadie lo decía, afirmando lo que era obviamente una mentira, y peor, una trampa, y muy en su estilo, insultando, señalando y amedrentando a cualquier persona que pronunciara la verdad.
Fíjense hasta dónde llegaba la intención de hacer grande el despropósito que corrió una versión fake de la revista Vogue Arabia con Khelif en la portada que resultó ser más falsa que un duro de chocolate, pero que ni siquiera la famosa revista se atrevió a desmentir por no molestar.
Lo que pasa es que por aquel entonces, los grandes prohombres de nuestra sociedad aún no habían sufrido en sus propias carnes el zarpazo de los canceladores, y a muchos les parecía hasta divertido el asunto. Incluso la mítica periodista deportiva Pilar del Río fue reprendida por decir en voz alta lo que pasaba a la vista de todos en silencio, a saber, se estaban haciendo trampas en vivo y en directo y nos estaban obligando a aplaudir como destruían el deporte femenino.
Destruir cualquier cosa donde las mujeres tengan su espacio o algún tipo de reconocimiento siempre ha sido el sueño húmedo del patriarcado. Y si la corrupción se suma a la fiesta misógina del olimpismo, mejor que mejor. Porque sin corrupción y sin mucha misoginia, es inexplicable que un hombre al que la federación mundial de boxeo le prohibió participar en competiciones femeninas, se acabara llevando la medalla de oro olímpica justamente donde tenía prohibido competir.
Esa misma corrupción es la que supongo que va a impedir al COI retirar esa medalla fraudulenta a Khelif y rehacer el ranking olímpico anulando todos los combates en los que participó torticeramente esta persona, para restituir lo imposible de restituir, el verdadero trabajo y esfuerzo de las mujeres que tuvieron que competir con así y que fueron apalizadas en vivo y en directo por un fraude. Ellas y las que se vieron en la misma situación con otra persona del equipo taiwanés, que hizo lo propio que su compañero argelino y también se llevó el oro con otro fraude.
Siempre pensé que las boxeadoras tenían que haberse plantado y no pelear en semejantes condiciones. Poner ante el mundo de manifiesto que aquello era una burla y una ofensa a todo su trabajo como deportistas. No haberle dado el gusto al tramposo de salir con los brazos en alto. Se equivocaron, pero supongo que los patrocinadores, la presión política y el pundonor las subieron al ring.
Sólo la italiana Angela Carini al ver que su integridad física estaba seriamente amenazada pidió parar la pelea y se retiró entre lágrimas de impotencia. Es justo recordar que mientras el wokismo alababa la trampa, Meloni recibió personalmente a Carini en Italia como a la campeona que es.
Acertado o no, mi respetos para todas ella, en especial para Kellie Harrington a la que le robaron la medalla de oro en la final olímpica por esta trampa corrupta. Y, sobre todo, gracias a la boxeadora turca Esra Yıldız Kahraman, que se atrevió a reivindicarse a sí misma y todas las mujeres deportistas en lo alto del ring, haciendo el símbolo de la “X” con las manos, aludiendo a los cromosomas femeninos y ala inmutabilidad del sexo. Nos regaló a todas un nuevo símbolo feminista y recordó al mundo entero que la naturaleza es tan clara que ninguna campaña wokista la podrá cambiar jamás, por mucho que el boxeador vaya desnudo.