'¡Yankee go home!'
'¡Yankees go home!'
"Aplaudir a Trump es aplaudir un nuevo orden mundial sustentado en el vasallaje"
Trump quería rebajas en el supermercado venezolano. El propietario, un tal Maduro, hombre de mal talante, que había perdido la última junta de accionistas y mantuvo --ilegalmente-- su puesto de consejero delegado, le negó el acceso al petróleo, oro y diamantes, y a la adjudicación de grandes infraestructuras y --encima-- no aceptó una rebaja sustancial en los precios.
Como Trump no lo había conseguido con la presión, optó por una OPA hostil, y a la fuerza, en la que no respetó las mínimas normas del mercado internacional. Para colmo, los perdedores de aquella junta se frotaban las manos con su vuelta al poder y no. El nuevo emperador ha decidido que pacta con los perdedores de la junta, seguidores de Maduro, porque no tiene interés en la democratización de la gestión del supermercado, sino que su interés es el negocio y, sobre todo, su control.
Trump ya ha enseñado todas sus cartas. Lo hizo en Irán, en Nigeria, en Gaza con la inestimable ayuda de su masover israelí, y ahora en Venezuela. Trump ha recuperado el imperio. Todo es mío. Ha dejado claro que la democracia no le interesa un colín, solo le interesa tener las puertas abiertas para campar a sus anchas.
No facilita un golpe de Estado, sino que hace que los nuevos gobernantes sean dóciles y sumisos. Si no lo son ya saben lo que les espera. Trump se ha convertido en el abusón de barrio que con su banda impone su criterio. Quien no se arrodilla será su víctima. En su casa, los Demócratas lo han vivido en sus carnes con el despliegue de la Guardia Nacional y los negros, latinos y asiáticos viven en un sinvivir porque sus libertades están al pairo, al humor de un tipo que los mete en un avión y los deporta.
Los siguientes en la lista: Colombia, México, Cuba, Panamá, Brasil y Dinamarca, sin olvidarnos de Canadá. Trump ha resucitado el imperio de la fuerza. El resto de América es para Trump una finca de su propiedad manifiestamente mejorable. Los que no le bailen el agua pueden temerse lo peor, menos Putin y Xi. Porque Trump, como buen abusón, es contemporizador con el fuerte y contundente con el débil.
Lo mejor es el remake de El Padrino de Trump cuando se refirió a Groenlandia en estos términos: “Les vamos a hacer una oferta que no van a poder rechazar”. Eso se llama mafia.
Ahora ha sido Venezuela, pero la incógnita es saber quién será el siguiente. No valen las medias tintas ante Trump. Vergüenza ajena me provoca el gozo que han demostrado los que han aplaudido su acción. Cierto que Maduro era un totalitario, pero su caída es un mal ejemplo.
Primero, porque aplaudir a Trump es aplaudir un nuevo orden mundial sustentado en el vasallaje, porque como vasallo puedes ser el siguiente. ¿Qué hará Europa si EEUU se hace con Groenlandia? ¿Quién le puede decir nada a China si decide hacerse con Taiwán? ¿Qué ha hecho Putin diferente de lo ejecutado por Trump?
La derecha española se ha quedado con el paso cambiado porque ni la idolatrada María Corina Machado ni Edmundo González son nada. Para colmo, Trump pacta con Delcy Rodríguez, la mujer que encarnaba el mal como nos decían Feijóo y Abascal.
Quizás convendría recordar a todos estos salva patrias aquella frase del pastor protestante Martin Niemöller que siempre se ha atribuido, erróneamente, a Bertolt Brecht. “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, no dije nada, yo no era comunista. Cuando vinieron a por los socialistas y los sindicalistas, no dije nada, pues no era ni lo uno ni lo otro. Cuando vinieron a por los judíos, no dije nada, pues yo no era judío. Cuando vinieron a por mí, para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”.
El mundo está en este dilema. Hoy el silencio es estruendoso. Pocos han levantado la voz. Entre los que lo han hecho, el presidente Pedro Sánchez. Lo de Venezuela era bochornoso, pero tras Trump lo sigue siendo. España es una piedra en su zapato porque no se arrodilla ante sus desmanes. Se imaginan por un momento que Trump decide que para debilitar a España, y de rebote a Europa, pone sus cartas a favor de Puigdemont u Orriols. ¡Qué barbaridad!, me dirán. Les contestaré a la gallega: o no.
Los desmanes de Trump solo persiguen el negocio y fortalecer el imperio a costa del vasallaje. Ya lo dijo, esta vez sí, Bertolt Brecht: “Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general, y crece el silencio de los hombres”.
El silencio es cómplice del imperio. Es hora de recuperar aquel grito, que costó la vida a muchos, en favor de la libertad: “Yankees go home”. No se engañen, la guerra está ahí. El mundo es demasiado pequeño para que convivan tres imperios totalitarios: EEUU, Rusia y China. El resto somos clínex y más si estamos callados.