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El presidente de Rusia, Vladímir Putin (i), y su homólogo de EEUU, Donald Trump (d)

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Pensamiento

La velocidad del Tiempo

"Esta aceleración brutal, coincidente con la revolución tecnológica y el cambio climático, ha cogido con el pie cambiado a Europa, que es un proyecto que tenía, como asumido signo de identidad, la construcción cuidadosa y meticulosa, la atención extrema y a menudo irritante al detalle, la lentitud"

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Los acontecimientos internacionales a los que de un tiempo a esta parte asistimos son pavorosos, ciertamente; pero si uno supera la tentación paralizante del estupor y del miedo, puede ser que esos acontecimientos a algunos le sirvan para hacerse una idea más clara, más diáfana, de cómo funciona el mundo en el siglo XXI y de lo que puede esperar de los acontecimientos próximos.

La luz brutal que arrojan esos acontecimientos debería servir también –oh, pero ya sé que no pasará– para iluminar la mente de tanta gente que, en Cataluña, sigue tozudamente convencida de que el fracaso del procés, la independencia de los nueve segundos, la derrota del 155 y la vuelta a la “normalidad”… no trazan un camino irreversible, sin vuelta atrás, sino que del actual estancamiento o compás de espera de sus esperanzas de independencia saldremos con la aparición de nuevos, más fiables y quizá más valientes líderes (entre ellos figurará, sin duda, la severa, la pugnaz señora Orriols).

La simpatía y ternura que me suscitan los fracasados de todo orden me lleva a advertirles de que eso no pasará, que tras el fiasco del 2017 no es una nueva oportunidad de que se cumplan sus ensueños lo que les espera… sino la insignificancia. El mundo es cruel, señoras y señores.

Algunos, los más despabilados, ya hace tiempo que lo intuyen o sospechan, se dan cuenta de que los años no pasan en balde –ni en política ni en lo personal– y están buscando cómo “reinventarse”. Pero otros muchos siguen –¡cuitados!– agazapados, ebrios de sus ensueños y fantasmagorías, reuniendo fuerzas para cuando llegue el nuevo momento decisivo. Que se producirá cuando la derecha recupere el Gobierno de la nación.

A estos hay que hacerles observar la evidencia, a la que quieren ser ciegos, de que el mundo ha entrado en una nueva fase de aceleración, fase de guerra de todos contra todos: guerra por los recursos, por las materias primas, por el petróleo, el litio, por las llamadas tierras raras… Pronto, sencillamente, por el agua.

Y las grandes potencias –empezando por Estados Unidos y Rusia– se entregan al pillaje más descarnado y sin escrúpulos, so pretexto, como siempre, de patriotismo, de libertad y de respuesta a la agresión previa del enemigo al que se desea invadir y desposeer de lo que tenga.

Esta aceleración brutal, coincidente con la revolución tecnológica y el cambio climático, ha cogido con el pie cambiado a Europa, que es un proyecto que tenía, como asumido signo de identidad, la construcción cuidadosa y meticulosa, la atención extrema y a menudo irritante al detalle, la lentitud.

Ahora, ante la evidencia de que los “emperadores” no es que vayan desnudos, sino que son serial killers y están como una regadera, las cancillerías y los Gobiernos europeos, que se sienten sorprendidos y traicionados, tiemblan, tratan de cerrar filas y debaten febrilmente.

Debaten febrilmente nada menos que sobre sus posibilidades de supervivencia: qué hacer si EEUU no solo bombardea países, sino que cumple con su anunciado propósito de arrebatar a Dinamarca la mayor parte de su territorio nacional; qué hacer si una vez Rusia haya destruido Ucrania y tomado posesión de sus ruinas y de sus materias primas, pone los ojos en otro país europeo.

En estas circunstancias tan delicadas, en que todas las certezas geoestratégicas del siglo XX han sido borradas de un escobazo, ciertos memoriales de agravios van a ser recibidos en Bruselas con hastío y asco. La posición del señor Albares, ministro de AAEE, reclamando allí, por órdenes de Puigdemont-Sánchez, la cooficialidad europea de tres idiomas más, no es, ciertamente, envidiable.

Tampoco lo es la de cualquiera que, sin darse cuenta de que ya no estamos en el tiempo lento de antes, sino en la aceleración, sueñe con que el mundo, que una vez nos miró (aunque de reojo), nos volverá a mirar.