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El alcalde de Almussafes (Valencia), Toni González, expulsado por acoso sexual y laboral

El alcalde de Almussafes (Valencia), Toni González, expulsado por acoso sexual y laboral Europa Press

Pensamiento

‘Me Too’ en el PSOE

"El partido tiene que iniciar un proceso de deconstrucción de esa desatada masculinidad, pero empezando por arriba, como gesto sincero de la sensibilidad que predica respecto a la protección de las mujeres"

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Hace unas semanas saltaba la noticia de las denuncias de acoso en el PSOE, que ya rondan la decena.

Desde el famoso Me Too iniciado en 2006 por Tarana Burke, ha pasado casi una década y el movimiento sigue creciendo debido a la sensibilidad –cada vez mayor— que hay en la defensa de las mujeres en sus relaciones profesionales, sociales y personales.

Desde entonces, los debates sobre derechos civiles y libertad sexual han estado en el día a día de nuestra sociedad y han llevado a la condena de ilustres personajes del cine, de la política y del mundo de las finanzas.

Consecuencia de ello, se han impulsado nuevas leyes e incluso se han mejorado los protocolos internos de las empresas, tanto desde el punto de vista laboral, como desde el punto de vista de compliance; sin embargo, sigue siendo insuficiente.

Insuficiente, porque sigue existiendo la creencia de superioridad de algunos hombres sobre las mujeres, pues en el ámbito profesional el “jefe” sigue considerando que decirle a una mujer –en el marco de relaciones laborales— lo guapa que está o lo bien que le sienta la ropa que lleva, o el tipo que tiene, es de agradecer.

Porque se sigue pensando que es algo por lo que se deberían sentir honradas; que el “jefe” les haga cumplidos, que les ponga a su disposición sus influencias, las lleve a buenos restaurantes o les haga generosos regalos, sin tener en cuenta que todos esos caballerosos gestos tienen cabida en una relación estrictamente personal, sin condicionamientos laborales, pero cuando los gestos nacen del superior respecto a su subordinada, sobran.

El motivo es que, además, ante dichos gestos la mujer subordinada no tiene muchas salidas, y el día que decide manifestar su oposición a tan “atento” trato, es generalmente relegada o despedida directamente.

El PSOE –que tanto se vende como partido feminista por no decir feminazi—, pese a contar con un Protocolo de intervención y protección frente al acoso, ha hecho oídos sordos a las denuncias que había recibido a través de sus canales internos y ha resultado salpicado de lleno por presuntos delitos de acoso sexual cometidos por altos dirigentes del partido.

El partido que lidera el Gobierno de España, lejos de actuar con contundencia –ya fuera cuando recibió las denuncias que silenció como cuando una vez hechas públicas en diferentes medios de comunicación debían reaccionar— apela una vez más a quitar toda importancia a aquello que les perjudica.

Y en este caso, ante tan grave asunto, no se les ocurre otra cosa que decir que no es una cuestión de cuántos, sino de cómo se va a actuar, olvidando que es tan importante cuántos posibles delincuentes haya como qué se hará desde el punto de vista del partido con aquellos sobre los que existan indicios de que efectivamente hayan cometido un delito o hayan mantenido conductas inapropiadas hacia compañeras del partido, y es que parece que en algunos partidos hay mucha “masculinidad”.

A lo mejor, el PSOE tiene que iniciar un proceso de deconstrucción de esa desatada masculinidad, pero empezando por arriba –que es como se empiezan las cosas—, como gesto sincero de la sensibilidad que predica respecto a la protección de las mujeres.