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José Antonio Bueno relata la situación en Colombia tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela

José Antonio Bueno relata la situación en Colombia tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela

Pensamiento

El día que cayó Maduro desde Bogotá

"Aclarando hasta la internacional socialista que nunca reconocieron a Maduro como presidente legítimo de Venezuela tras el último amaño electoral, se aplica la preventiva medida del gran desconocido que tanto se usa por España recientemente"

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La relación entre Colombia y Venezuela nunca ha sido excelente, como suele ocurrir entre dos vecinos que comparten demasiada frontera y demasiada historia. El sueño de la Gran Colombia del criollo Simón Bolivar duró menos de 12 años, y desde su ruptura, en 1831, las dos repúblicas han caminado en paralelo, siendo numerosos los roces en la zona fronteriza por alguna disputa territorial pero, sobre todo, por el flujo no controlado de sus ciudadanos.

Colombia acusó reiteradamente a Venezuela de ser tierra de cobijo de las guerrillas, lo que llevó a romper relaciones en 2010 y cerrar las fronteras en 2015. En 2022, al asumir el actual presidente colombiano -Gustavo Petro-, miembro del grupo de Puebla, las tensiones diplomáticas se relajaron, pero la tensión migratoria continuó, calculándose en casi tres millones los venezolanos que hoy residen en Colombia. Algunos bien integrados, pero no así todos.

Por la historia, la relativa afinidad entre Maduro y Petro, y la importante colonia venezolana en Colombia, tiene interés lo que pasa hoy en Colombia. Y, como en casi todo el mundo, no pasa nada.

La respuesta del presidente colombiano, como la de la internacional socialista, como la de la inmensa mayoría de gobiernos que parecían más o menos ser afines o tolerantes con Maduro, ha sido menos que tibia, con llamada a la desescalada, al diálogo y a la restauración del derecho internacional. Aclarando hasta la internacional socialista que nunca reconocieron a Maduro como presidente legítimo de Venezuela tras el último amaño electoral, se aplica la preventiva medida del gran desconocido que tanto se usa por España recientemente.

En las calles de Bogotá, el ambiente del 3 de enero ha sido el propio de una sociedad medio en fiestas, pues en Colombia el mes festivo del año por excelencia es diciembre, sin colegios, y este fin de semana se cierran las festividades con el puente de Reyes. Lo único que se ha podido ver es una pequeña, festiva y ruidosa concentración de emigrados venezolanos en la céntrica plaza Bolivar, donde se concentra el poder legislativo, el judicial y hasta el divino, pues también en esta plaza se ubica el palacio episcopal. Los edificios, a diferencia de en otras ocasiones, no estaban protegidos para evitar destrozos, lo que evidencia que no se valoraba ningún tipo de alboroto. Tras la sede legislativa se vislumbra el palacio presidencial, absolutamente tranquilo y también sin protección especial.

Venezolanos celebrando en Bogotá (Colombia) la caída de Nicolás Maduro en Venezuela

Venezolanos celebrando en Bogotá (Colombia) la caída de Nicolás Maduro en Venezuela

Cuando uno prende una mecha nunca sabe cómo puede acabar el fuego, pero de momento reina la tranquilidad. Habrá que ver qué ocurre en cada lado de la frontera en los próximos días o semanas, pero de momento nada hace prever ruido local, a no ser que sea provocado.

2026 no es un año cualquiera, es año electoral. En marzo se convocan elecciones legislativas y en junio, presidenciales. Sin duda, la invasión a Venezuela y las amenazas de Trump a Petro influirán, pero está por verse cómo, y si la invasión y las amenazas no sirven de chispa que encienda la violencia, porque Colombia tiene un triste record de candidatos presidenciales asesinados. No podemos olvidar que el precandidato Miguel Uribe Turbay falleció asesinado en agosto de 2025, y en los últimos meses las guerrillas, “reinsertadas” por la actual administración, están haciendo algún que otro acto de presencia.

Colombia hoy no es un país 100% estable, aunque en su superficie lo parece. Especialmente, si se compara con las décadas de plomo y sangre que ha padecido. Esperemos que el shock de sus vecinos ayude a estabilizar y no genere movimientos en la dirección contraria. Más de 10 años de paz no deberían acabar por una desestabilización no controlada.