Tren de alta velocidad de Ouigo detenido en la estación de Sants / EP

Tren de alta velocidad de Ouigo detenido en la estación de Sants / EP

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Fitur pone a prueba el nuevo 'AVE lento' Barcelona-Madrid

Las restricciones de velocidad impuestas por Adif llevan el trayecto en cualquier recorrido más allá de las tres horas, en un momento en el que el transporte ferroviario ya estaba bajo la lupa de los usuarios más habituales

Más información: Expertos señalan la "soldadura" en el cambio de agujas como causa probable del accidente: "Se hizo manual y no eléctrica"

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El inicio este miércoles de Fitur, una de las ferias que más visitantes concita en Madrid en todo el año, se ha visto condicionado por el trágico accidente en la alta velocidad registrado este domingo en la provincia de Córdoba.

Además del cierre de las líneas de AVE que conectan la capital con Andalucía, las restricciones a la velocidad de los trenes impuesta por Adif para el trayecto desde Barcelona generan complicaciones, retrasos y cambios de planes desde las últimas horas del martes.

El gestor de la infraestructura ferroviaria ha impuesto a los maquinistas que circulan por la línea Madrid-Barcelona un límite de velocidad de 160 kilómetros por ahora en una decena de tramos que suman unos 180 kilómetros. 

Se trata de aquellas zonas en las que recientemente se han detectado mayores incidencias. Un trayecto entre Medina del Campo (aun en la provincia de Madrid) y Alhama de Aragón (Zaragoza) que se hará especialmente largo a los usuarios de esta línea.

Un buen número de ellos la han utilizado o prevén hacerlo para trasladarse a la capital de España desde Barcelona para asistir a la feria internacional del turismo

La medida de Adif pretende garantizar la seguridad de los viajeros mientras se evalúan potenciales riesgos. La compañía pública prevé levantar la restricción en el momento en que finalice la evaluación, siempre que ésta no aflore la existencia de situaciones que pongan en peligro la circulación. 

Fachada de una sede de Adif

Fachada de una sede de Adif Europa Press

El fin de las limitaciones de velocidad podría llegar en las próximas horas. Sin embargo, los efectos ya se dejaron sentir en los últimos trayectos del martes. La obligación por parte de los maquinistas de levantar el pie del acelerador hace que cualquier trayecto entre Barcelona y Madrid se vaya claramente por encima de las tres horas.

Una circunstancia que también aplica a los recorridos sin paradas o aquéllos que hacen una detención de escasos minutos en Zaragoza. Sin restricciones ni incidencias, la alta velocidad permite la conexión entre la Ciudad Condal y la capital del Reino en poco más de dos horas y media.

Mucho más complicado lo están teniendo aquéllos que quieren llegar a Madrid desde la zona sur. El cierre de las líneas de alta velocidad ha elevado de forma notable la demanda de vuelos y también de plazas de autobús. Un hecho que se ha traducido en repentinos incrementos de precios, no exentos de polémica. 

Más allá de la situación excepcional, y presumiblemente pasajera, de las últimas horas, el luctuoso accidente del pasado domingo ha aflorado una situación que ya se venía gestando en los últimos meses.

Las numerosas incidencias en el tráfico ferroviario ya ponían en cuestión un medio de desplazarse que se había revelado como ideal para los numerosos movimientos relacionados con los negocios y con eventos como Fitur en el interior del país. 

"Llueve sobre mojado"

"El problema no es tanto que durante unos días se tarde más en llegar a Barcelona o a Madrid; es que llueve sobre mojado", apunta un pequeño empresario de la capital que utiliza la línea cada semana.  

Los retrasos y las anomalías de cualquier tipo se han hecho cada vez más habituales. "La reducción de velocidad no nos va a sonar extraño a los más habituales. Es un fenómeno frecuente últimamente, aunque de por sí no haya limitaciones. Son decisiones 'motu proprio' de los maquinistas", apunta la fuente. 

Viajeros afectados por incidencias en la alta velocidad en la estación de Atocha (Madrid) / EP

Viajeros afectados por incidencias en la alta velocidad en la estación de Atocha (Madrid) / EP

Desde círculos empresariales se llama públicamente y de forma discreta a la prudencia a la espera de que todo vuelva a la normalidad. Sin embargo, en privado alertan de que la alta velocidad ha sufrido una cierta pérdida de popularidad en el ámbito de los negocios.

Las deficiencias a la hora de prestar el servicio, especialmente en lo tocante a la duración de los desplazamientos, han hecho que los atractivos que presenta esta alternativa para los desplazamientos interiores queden en un segundo plano. 

Pasajeros en el aseropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat

Pasajeros en el aseropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat GALA ESPÍN

Entre ellos se encuentran la comodidad del viaje, el ahorro de las siempre incómodas esperas y la llegada a un punto céntrico de las ciudades, con múltiples alternativas para completar el traslado.

Todos estos elementos habían llevado a la alta velocidad a desplazar al avión como medio de transporte ideal para cubrir el trayecto entre las dos principales ciudades españolas. Hasta el punto de poner encima de la mesa del debate político la conveniencia de limitar o incluso vetar los vuelos interiores.

El principal afectado ha sido, hasta la fecha, el puente aéreo, cuyo horizonte aparecía en planos más que inciertos. La tragedia férrea de Adamuz incorpora a los retrasos e incidencias el elemento de la falta de seguridad, prácticamente impensable no hace mucho tiempo. 

Fitur será una primera piedra de toque para evaluar la situación y las posibilidades de un cambio de paradigma en el hábito del transporte relacionado con los negocios. Sin embargo, los verdaderos efectos tardarán algo más en conocerse.