Bob Dylan, durante un concierto anterior

Bob Dylan, durante un concierto anterior EP

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Eduardo Jordá escribe sobre Dylan

´Número cero´, el intento de Eduardo Jordá de descifrar al enigmático Bob Dylan que saldrá el 14 de septiembre junto a Libros del Asteroide

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Me dice Luis Solano, el editor de El Asteroide, que dentro de unos días va a publicar un ensayo de Eduardo Jordá (Palma de Mallorca, 1956). Se titula Número cero y trata de Bob Dylan.

Portada de ´Número cero´

Portada de ´Número cero´ Libros del Asteroide

Naturalmente, lo leeré. De este autor leería hasta sus listas de la compra.

Ese título se refiere, casi seguro, a una anécdota que contó Leonard Cohen, un poco antes de morir y que se ha hecho ya legendaria. Iba Cohen en el coche de Dylan, que le llevaba a ver un terreno que había comprado —sí, aunque parezca mentira los poetas hacen estas cosas prosaicas—, y este le dijo que un tercero, otro conocido autor de canciones, le había dicho: “OK, Bob, tú eres el número uno, pero yo soy el número dos”. Dylan marcó una pausa y agregó: “Para mí, Leonard, tú eres el número 1. Yo soy el número 0.”

Y Cohen explicaba: «Lo que significaba, tal como lo entendí en ese momento —y yo no estaba dispuesto a discutirlo—, es que su propio trabajo [el de Dylan] estaba más allá de toda medida, y que mi trabajo era simplemente bastante bueno».

Hombre, que te digan que eres “el número 1” significa que te valoran algo más que como “simplemente bastante bueno”. Sucede que Cohen seguramente se consideraba a sí mismo lo bastante realmente bueno como para permitirse el lujo de ser modesto.

El caso es que en cuanto salga el libro de Jordá lo compraré. Parece que no es muy largo, tiene unas 120 páginas. Por bueno que sea ese libro, teniendo en cuenta lo larga y variopinta que ha sido la carrera creativa de Dylan, seguro que habrá dejado Edu –así lo llamábamos— algunas cosas por contar, y se me ocurre que esas cosas podría contarlas yo en otro libro (primero tengo que leer el de Jordá, para no repetir lo que él diga), que sería un libro muy personal, pues Dylan es un poco la banda sonora de mi vida, desde adolescente.

Recuerdo muy bien la primera vez que oí un disco suyo. Hasta entonces yo sólo había escuchado ópera, música clásica y algo de canción ligera. Era una noche de verano. Estaba en una ciudad de la Bretaña, en viaje de estudios, para aprender la lengua francesa. Me alojaba en la casa de una señora, que me parecía muy vieja, aunque probablemente no tendría más de 50 años. Esta señora tenía un hijo, barbudo, melenudo, muy serio, unos años mayor que yo, a quien le debía de parecer un crío porque apenas me dirigía la palabra.

Un amor por Dylan

Un día me vio leyendo un libro. Qué lees, preguntó. Estaba leyendo, en francés, Estudio en escarlata, la primera novela de Sherlock Holmes. Esto le pareció que era banal y quiso darme una lección, enseñarme algo. Me invitó a su dormitorio, donde tenía un tocadiscos. Puso Bringing it all back home. Escuchamos la primera canción. ¿Qué te parece?, preguntó. Plaintif, respondí, et on ne comprend rien. Quejumbroso, y no se le entiende nada.

Entre esto y lo de Sherlock Holmes, el joven melenudo debió de pensar que no valía la pena perder el tiempo conmigo, ahí acabó la conversación y no volvió a dirigirme la palabra.

Me fui al salón, me puse a ver la tele. Vi en la pantalla a una chica muy bonita, con un vestidito blanco, que salía de la boca de un metro parisiense. Una de esas bocas de metro modernistas. La chica se llevaba una pera a la boca, le dio un mordisquito, y su entorno mágicamente se convirtió en un bosque. Ella lo miró, encantada. Luego me miró a los ojos y me dijo:

--Mangez une poire… pour faire un petit tour à la champagne”.-- (Coma usted una pera… para darse una vueltecita por el campo). Sonrió dulcemente y desapareció. Era un anuncio para promover el consumo de fruta nacional, y me pareció que aquella chica encarnaba todo el chic parisién.

Me enamoré perdidamente de ella, la asocié con la canción de Dylan, y obrando en consecuencia en cuanto regresé a Barcelona fui a discos Castelló y me compré Bringing it all back home.

Porada del álbum ´Bringing it all back home´

Porada del álbum ´Bringing it all back home´

Lo he escuchado 747 veces, ¿o han sido 748? En mi futuro libro sobre Dylan que no escribiré, pienso contar esta anécdota con mayor detalle, voy a describir minuciosamente a la chica del anuncio de peras y analizaré con gran profundidad aquello sobre lo que otros biógrafos —y seguro que también Eduardo Jordá— pasan de puntillas: los ripios tontos, las épocas en que se convirtió en un predicador fanático, el populismo barato, las letras que cambia a versiones peores, la imaginería surrealista sin sentido, los plagios…

Puedo permitirme un acercamiento tan ruin, es legítimo, ya que desde entonces lo he escuchado tanto y he comido tantas peras. Y así vengaré a mis hermanos pequeños por la tortura que les infligí haciendo sonar continuamente aquella voz plaintive en la casa familiar.

Eduardo Jordá

Pero antes de no escribir ese ensayo, leeré, como he dicho, el de Eduardo Jordá. Es un buen poeta y narrador, un hombre de letras culto. Si el lector no lo conoce, Jot Down acaba de publicar una larga entrevista con él, de lectura gratuita.

Yo recuerdo bien la noche de 1988 en que lo conocí. Capitaneaba a un grupo de jóvenes mallorquines que desembarcaban en Barcelona. Él ya había viajado mucho y acababa de publicar su primera novela, La fiebre de Siam, sobre una enfermedad muy grave que le asaltó estando en Vietnam. Luego ha publicado una docena de libros más, relatos, ensayos y poemas. Todo aquel grupo mallorquín llevaba gafas de sol, aunque era de noche, e irradiaba inteligencia, cultura y sentido del humor, prometían que la vida iba a ser muy divertida.

Esa promesa quedó incumplida, Edu, por cierto. Pero ya te he perdonado.