Rosalía, en su concierto en Barcelona

Rosalía, en su concierto en Barcelona ROSALIA/INSTAGRAM

Músicas

Lux Tour o cómo mostrar el proceso creativo de Rosalía

La propuesta sonora y escénica no se apoya en la grandilocuencia vacía, sino en una dramaturgia precisa donde la orquesta, la coreografía y la iconografía religiosa convierten Lux en una experiencia de escucha y de visión al mismo tiempo

Rosalía y Lux, un divino babel

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El blanco no es la simple ausencia de color; es una cosa brillante y afirmativa, tan feroz como el rojo y tan definitiva como el negro, mencionaba G. K. Chesterton en su ensayo A Piece of Chalk (1909). El blanco es posible entenderlo también como la existencia concentrada de todos los colores, sin espacio para el vacío. Su presencia en los conciertos de Rosalía, tanto en el público como en el propio espectáculo, fue clave para comprender la temporalidad de lo que se vio y se vivió.

Las largas faldas, velos de encaje, rosarios de perlas y blusas blancas han sido las protagonistas de los ocho esperados conciertos que la artista catalana ha dado en Madrid y Barcelona durante el último mes. Y la expectación es algo con lo que ya contaba su equipo: conseguir entradas para alguna de las fechas fue un auténtico milagro, materializado en un evento cultural y no solo musical, que ya era colectivo incluso antes de que comenzase. La experiencia no se inició con la primera nota, sino con una preparación afectiva y social compartida.

La propuesta sonora y escénica no se apoya en la grandilocuencia vacía, sino en una dramaturgia precisa donde la orquesta, la coreografía y la iconografía religiosa convierten Lux en una experiencia de escucha y de visión al mismo tiempo.

A pesar de entenderlo como obra culmen, Rosalía propone un espacio para el aprendizaje y el proceso. Fue durante la última noche en Barcelona cuando reveló la clave de su proyecto, nombrando a gran parte de sus maestros y maestras de cante y ballet, tanto actuales como pasados. Tal y como defendió en su entrevista con Ana Milán, su deseo vital y musical es el de seguir aprendiendo y ser alumna de todo lo que le rodea.

La cantante Rosalia durante el concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona

La cantante Rosalia durante el concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona Christian Bertrand EFE / Live Nation

La artista hizo explícito aquello de lo que no somos conscientes: aunque algo sea imperfecto, no por ello no merece ser compartido. Con un precioso homenaje a su profesora de ballet, Tatiana Yerakhavets, visibilizó a quien la formó como parte visible de su propia arquitectura estética, en un gesto que desplazaba el estatus de la estrella individual hacia la red de saberes que la sostiene. “Ojalá yo pueda seguir siendo estudiante” mencionaba, haciendo referencia a su formación permanente y rechazando la idea de la figura cerrada.

Es una artista con una identidad líquida, con el aprendizaje continuo como ética creativa, aunque en ocasiones sea difícil de visualizar, pues entendemos el espectáculo como una obra sin aparentes fisuras.

Cruz latina

Durante estas ocho noches, los asistentes pudimos, en cierta manera, ser discípulos de su obra, pequeños aprendices en cómo escuchar, ver e interpretar. Rosalía nos obligaba a leer referencias, entender gestos y vislumbrar capas históricas, desde lo flamenco hasta lo litúrgico. Es un show que no busca la espectacularidad, porque su propuesta sonora ya lo es.

Se trata de ensalzar lo que ya está presente y hacer de ello un acercamiento humano circular, desde la conexión artista-público hasta el equipo del que se rodea. No pretende ser un recital de hits, sino una puesta en escena pensada como obra total, con división de actos, dramaturgia musical, orquesta en directo, y un trabajo coreográfico y vocal muy integrado.

Dirigida por la directora cubana Yudania Gómez Heredia, la formación de cámara es la base del concierto, colocada cuidadosamente en un foso a mitad de pista, con forma de cruz latina y con alrededor de treinta músicos. La conocida como The Heritage Orchestra -con colaboraciones con Dua Lipa, Aphex Twin o Björk- no solo ejerce de acompañamiento, sino que construye un espacio sonoro colectivo de diálogo con la propuesta escénica.

Rosalía, con el álbum de 'Lux'

Rosalía, con el álbum de 'Lux'

Conjuntamente, la coreografía de Dimitris Papaioannou -director de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004- cohesiona todos estos elementos gracias a la plasticidad y la gestualidad ritual que demuestra durante La Perla o en otros momentos en los que recurre a obras pictóricas de Degas o Goya para formalizar su apuesta.

La artista nos transmite su conocimiento materializado en Lux y en una apuesta que, dividida en cuatro actos al igual que el disco, tiene gran coherencia conceptual. A través de su orden, la experiencia del público se ve integrada en estos movimientos que forman el viaje: desde su anunciación, pasando por el tránsito y la desposesión, hasta su muerte con Magnolias.

"El mejor artista es Dios"

Es un itinerario en el que nos hace partícipes a todos, dejando algunos momentos clave con Dios Es Un Stalker, caminando junto al público, o Mio Cristo Piange Diamanti, con un delicado cuidado de la voz y una potencia casi abrasadora para el oyente. Las acusaciones de playback quedan totalmente olvidadas tras presenciar la que quizás es una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha. La rompedora densidad sonora con Berghain y su desvío hacia paisajes technos revitalizan al público de la manera más física y posible, en contraste con la contemplación anterior. Apenas deja espacio para respirar.

La inclusión de temas pertenecientes a MOTOMAMI otorgan al espectáculo de cierta genealogía sobre su figura pública, con el momento culmen de CUUUUuuuuuute y la aparición de un botafumeiro que bendice a todos los asistentes, como si trasladase a su propio oficio litúrgico a la catedral de Santiago de Compostela. Y es aquí donde menciona a su mejor profesor, profeta y maestro: “Que aquí el mejor artista es Dios”. Toda esta iconografía religiosa es completada con el interludio del confesionario, donde personalidades tan diferentes como Rojuu, Bad Gyal o Yolanda Ramos han pasado para revelar experiencias y recibir la bendición in situ de la propia Rosalía.

La portada del álbum de Rosalía, 'Lux'

La portada del álbum de Rosalía, 'Lux'

Con la cover de Frankie Valli (Can’t Take My Eyes Off Of You) la artista parece que se toma un respiro para ser admirada como si fuese la mismísima Gioconda en el Louvre, aunque no del todo convincente en la lógica autoral que mantenía el concierto. ¿Acaso no tiene Rosalía, en todo su catálogo, canciones propias para tematizar el deseo/desinterés por la fama y la admiración que supone aventurarse a mostrar su obra? Dejar sin representación a El Mal Querer -salvo una breve mención a capella en la penúltima noche- resulta cuanto menos cuestionable, teniendo en cuenta la cercana conexión que guarda con Lux en términos de arquitectura sonora y poética.

La presencia de El Redentor, tema incluido en su primer álbum Los Ángeles, supone un punto de retorno biográfico que, aunque parezca interludio, resulta más que necesario para entender por qué Lux es un álbum coherente y orgánico para ella.

La secuencia final con Focu’ ranni -recientemente re-editada en versión digital- y Magnolias funciona como un epílogo totalmente emocional, con la Rosalía entre lágrimas, cantándole a su propia vida y a tantas otras ajenas, como si fuera una profeta de la experiencia mortal. El espectáculo se desvanece en lugar de terminar, silencioso, entre pequeños suspiros y llantos del público, que se resiste a abandonar el lugar.

La autoridad que parece ser Rosalía no es más que el centro de un entramado de saberes, cuerpos y oficios que se dispone de forma horizontal e interdependiente. Rodeada de un grandísimo equipo, lo colectivo se vuelve fundamental frente al mito de una artista individual. Si su planteamiento deja algo claro es que su obra no es una identidad acabada, sino una forma de estar en evolución. Lux habla de las experiencias de ser humano que, como todo proceso vital, es imperfecto y en construcción.

Y es precisamente por esta imperfección que su propuesta merece ser compartida, para que mutuamente participemos y disfrutemos de su aprendizaje.