Thin Lizzy tocando en directo en el teatro Apollo de Manchester en 1983

Thin Lizzy tocando en directo en el teatro Apollo de Manchester en 1983

Músicas

Thin Lizzy, directo desde la periferia del Olimpo

'Live and dangerous', el mítico y polémico disco en (falso) directo publicado en 1978 por la banda irlandesa que lideraba el cantante, bajista y compositor mulato Phil Lynott, vuelve a ser reeditado 

23 julio, 2023 19:00

Hoy el disco en directo es apenas un vestigio de otros tiempos, un formato al que se recurre para ganar tiempo en épocas de sequía creativa, finiquitar el contrato leonino con la discográfica de turno o hacer caja tirando de colaboraciones de relumbrón y casi siempre ortopédicas. Hubo un tiempo, antes del dominio über alles de la música-algoritmo, en que, grosso modo, no eras nadie en el rock si no tenías tu disco en directo, muchísimo mejor, claro está, si era doble.

Era una auténtica tradición. La confirmación de un estatus. La prueba definitiva de que el público estaba ante algo serio. Además, antes de la era Youtube, en los tiempos arcanos previos a internet, el aficionado no tenía tan fácil comprobar cómo se las gastaba su banda favorita lejos de la seguridad del estudio de grabación.

La nómina de directos legendarios en la historia del rock daría para hacer una serie específica, y sería bien larga, y por descontado caprichosa, o sea, injusta, sesgada, incompleta. Pero hay uno que aparece desde hace décadas en muchas listas, hasta el punto de que goza del título oficioso de “mejor disco en directo de la historia del rock” para no pocas publicaciones. Se titula Live and Dangerous y lo grabó Thin Lizzy, una banda mucho más desconocida que su propia marca –¿a quién no le suena Thin Lizzy?– y, más importante aún, que la gran influencia que acabó teniendo en otros géneros. 

Phil Lynott

Phil Lynott

Thin Lizzy fue, además, una banda mucho más inclasificable de lo que cabría suponer en un primer momento dada su férrea asociación a la ortodoxia hard rock y al proto-heavy metal en el imaginario colectivo. Lo cual se explica por la atípica, torrencial y melancólica figura de Phil Lynott, el hombre sin el que no se explicaría la fuerza y la personalidad del grupo, y a la sazón la primera estrella del rock que surgió de Irlanda. Su vida, por cierto, está narrada en Cowboy Song, una estupenda biografía publicada en español por Es Pop Ediciones hace unos años. 

Desde 2005, una estatua de bronce de tamaño natural en Harry Street, en pleno centro de Dublín, rinde homenaje al cantante, bajista y compositor, uno de sus hijos ilustres, pero si alguien le hubiese contado al niño y al adolescente Lynott que sería recordado con tales honores seguramente se habría tirado al suelo muerto de risa. Al músico, nacido en 1949 y fallecido en 1986, le tocó ser mulato en un Dublín en el que ver a un negro era cosa digna de murmuraciones.

Fue hijo de un emigrante de la Guyana británica que llegó a las Islas como polizón y se quitó de enmedio a las tres semanas de nacer Lynott, el cual acabaría siendo criado por su abuela, la madre de una adolescente irlandesa confusa y perdida que se fugó de casa, huyendo sin mirar atrás del severo catolicismo y la mentalidad retrógrada de aquel entorno que la asfixiaba haciéndola sentir digna de culpabilidad y vergüenza. El músico creció en un barrio obrero y conoció a fondo la dureza impuesta por las penurias, y a todo se sobrepuso, menos a la hiriente y permanente sensación de abandono. 

'Bad Reputation'

'Bad Reputation'

Con Jimi Hendrix presidiendo su altar particular, Lynott se refugió desde pequeño en la música, y aunque se desenvolvía como un paradigmático frontman rockero –rudo, chulesco, magnético, mujeriego, rebelde y con un carisma arrollador– en el fondo fue siempre una persona retraída, con corazón de renegado y tendencia a un ánimo taciturno que se manifestaba tanto en su mirada como en una inconfundible sonrisa por la que se le escapaban la ternura, la afabilidad y una tenue tristeza.

Este poso se adivina también en muchas de sus canciones a pesar de la contundencia eléctrica con las que arropaba sus composiciones y sus letras, generalmente instantáneas épicas y románticas de la vida working class, ya fuera en forma de historias de amor o de dramas sociales. 

Exceptuando el impacto de The boys are back in town, que se convirtió en un gran hit, y con la salvedad de, tal vez, temas como Dancing in the moonlight o Whiskey in the jar, esta última una adaptación de una canción tradicional irlandesa, Thin Lizzy facturó estupendas canciones pero rara vez singles contundentes, éxitos inmediatos, temas con pegada para las emisoras de radio.Con toda seguridad, ésta es una de las razones por las que la banda ha pasado a la historia con un estatus extraño o, por decirlo con menos paños calientes, como uno de los grupos más infravalorados de los años 70, sin plaza en propiedad en el Olimpo de la era clásica del rock.

'Cowboy Song'

'Cowboy Song'

El desprecio que la crítica digamos más intelectual mostró siempre hacia el hard rock tal vez fuese otro factor, pero lo cierto es que Thin Lizzy contribuyó también a esa incapacidad para tener resonancia en un público masivo, pese que fueron un grupo exitoso… y también siempre un tanto víctima de su indefinición. En sus comienzos, a finales de los 60, fueron blueseros, psicodélicos e incluso progresivos, y a partir de los 80, al calor del auge de la New Wave of British Heavy Metal, que pegó fuerte incluso en Estados Unidos, el grupo endureció un tanto forzada y muy desafortunadamente su sonido.

Entre medias, realmente, quedó lo mejor. Rock a secas. Rock cañero, ciertamente, con sus baladas, sus medios tiempos y todos los complementos necesarios para el descanso del guerrero. Pero rock sin más etiquetas ni subnichos, al fin y al cabo, por más que hoy, al escuchar sus canciones, nos lleguen algunas de ellas con un airecillo heavy, en gran medida por el recurso pionero, auténtica marca de la casa, de las guitarras dobladas con gran sentido melódico, junto con su bajo enérgico y cabalgante, una fórmula que resultó fundamental para la configuración del sonido de Iron Maiden, pero también de muchos otros grupos fuera de la órbita del heavy, ese género críticamente paria.

'Live and Dangerous'

'Live and Dangerous'

Thin Lizzy fue un grupo errático y volátil, que podría haber sido mucho más grande de lo que fue de haber sido capaz de fijar su estética –suponemos que no es casual en este sentido que artistas tan dispares como Metallica (Whiskey in the jar) o Sade (Still in love with you) hayan versionado temas suyos– y de evitar el constante ir y venir de miembros en su formación, entre los cuales se contó un Gary Moore que luego emprendería una exitosa carrera de guitar hero en solitario.

Pero nada de eso impidió que brillaran a lo grande, y si en algún terreno destacó sobremanera la banda fue el directo, donde se ganaron a pulso la reputación de volcán incontenible. Y así llegamos de nuevo a Live and Dangerous, un álbum que acaba de ser reeditado con el correspondiente reclamo de material extra y libreto a todo color con ensayo crítico y abundante material gráfico. Decíamos que para algunos se trata del mejor disco de rock de la historia, pero no podemos dejar de señalar que de igual modo es uno de los más polémicos, pues el responsable de la grabación, Tony Visconti (productor que fue determinante en las carreras de David Bowie, T. Rex o Iggy Pop), declaró años después de la publicación del doble álbum que muchas pistas habían sido regrabadas a posteriori, para recientemente volver al asunto y afirmar, redoblando el zurriagazo, que más del 80% del disco fue retocado en estudio.

Sin ser un asunto menor éste, nos resultó muy llamativo leer recientemente en un periódico el siguiente titular: "Live and Dangerous, de Thin Lizzy: uno de los mejores discos en directo del rock, aunque sea un fraude". Más allá del indisimulado ejercicio de clickbait, la frase remite a una cuestión mucho más profunda, particularmente en la cultura rock: la autenticidad. Ay, la autenticidad. De ser cierto lo que afirma Visconti, ciertamente estaríamos ante algo parecido a un disco de estudio con aplausos. Distintos miembros de la banda han admitido que algunas pistas de voz y líneas de bajo se regrabaron después, pero dejando claro que ni por asomo en tamaña cantidad. 

'Vagabonds Of The Western World'

'Vagabonds Of The Western World'

A nosotros, francamente, nos parece que no importa demasiado quién está diciendo la verdad: lo que escuchamos suena a directo, a grupo engrasado perfectamente y en combustión. Cabe recordar que el disco, publicado en 1978 pero grabado en distintas actuaciones durante 1976 y 1977, los equipos de grabación no ofrecían las prestaciones disponibles hoy, casi medio siglo después, por lo que era frecuente y absolutamente normal que todos los discos en directo contuvieran retoques en estudio.

Es más, si tuviésemos que aplicar esa prueba del algodón implacablemente y sin distingos, ningún disco en directo, y cuando decimos ninguno queremos decir ninguno, pasaría esa prueba del algodón. Por no hablar de los directos –registrados en disco o no– de hoy en día, en los que la pauta, al menos en los que se celebran en estadios y otros recintos de gran capacidad, es que la mitad de lo que escuchamos llega disparado desde la mesa de sonido, un trucaje que las posibilidades de la tecnología ocultan prodigiosamente. Y hablamos de los directos de rock, no de los videoclips a cielo abierto de Rosalía o de cualquier otra propuesta electrónica de índole electrónica. 

La autenticidad, en fin, es una cosa muy complicada y resbaladiza. A nosotros, desde luego, incluso si lo que dice Visconti es cierto, lo que nos transmite Live and Dangerous es exactamente lo que le pedimos a esa clase de rock. Tralla, riffs a cascoporro, melodías tarareables, solos vigorozantes, feeling cien por cien de directo. Como si meterle fuego a la sangre que te corre por las venas fuera fácil (incluso en estudio, je).