Portada del disco 'Transa', de Caetano Veloso

Portada del disco 'Transa', de Caetano Veloso

Música

‘Transa’, el milagro londinense de Caetano Veloso

Se cumplen 50 años de la publicación del disco considerado la cima creativa del gran músico brasileño, un irresistible diálogo entre pop, samba, poesía y 'saudade' en siete canciones

10 julio, 2022 20:00

Cincuenta años. Medio siglo, que se dice pronto y tarda lo suyo en pasar. Tanto que al mundo le da tiempo a centrifugarse y cambiar por completo. Pero la música, no siempre, a veces, sólo cuando se trata de obras compuestas en estado de gracia e impregnadas de una verdad profunda, ofrece pequeños y preciosos milagros. En estos casos es muy habitual –casi protocolario– hablar de discos adelantados a su época, de trabajos de una modernidad asombrosa, de autores visionarios que intuyeron un camino hacia horizontes más allá de su propio tiempo. Sin embargo ante Transa, muy probablemente la cima creativa de Caetano Veloso, uno tiene más bien la sensación de que sus canciones flotan por encima o sencillamente fuera del tiempo, que podría ser ayer, pasado mañana o, sí, el año 1972, cuando se pudieron escuchar por primera vez.

Paradójicamente (o tal vez al contrario), el brasileño construyó esa irresistible burbuja sonora y atemporal compuesta por seis canciones radiantes y un divertimento experimental a partir de las muy concretas y tremendamente dolorosas circunstancias de su presente hacia finales de los años 60 y comienzos de los 70. Es bien sabido que Veloso fue, junto a otros artistas como Gilberto Gil, la banda Os Mutantes, Jorge Ben, Gal Costa o Maria Bethania, uno de los grandes responsables de la espectacular explosión del tropicalismo, como se dio en llamar aquella corriente –no sólo musical: el cine, la literatura o el diseño se impregnaron con similar entusiasmo de esa nueva sensibilidad– que adoptó como propias la estética del pop, la electricidad del rock y la fantasía de la psicodelia para fundirlas con los viejos y autóctonos materiales del folclore y los géneros populares de su música (como la bossa) y alumbrar una forma de expresión que ensanchó con osadía y risueñamente lo que se entendía entonces como cultura brasileña.

Caetano Veloso en 1972

Caetano Veloso en 1972

Que la dictadura derechista que dirigía entonces el destino del país desaprobara ese movimiento, al que consideraba intolerablemente irreverente e izquierdista, no puede sorprender a nadie. Que la izquierda oficial, no precisamente ejemplo de falta de remilgos a lo largo de la historia, tampoco viera con demasiada simpatía aquella manifestación contracultural, a la que consideraba frívola y extranjerizante, casi que tampoco. En esa tensión vivían esos músicos, almas libres, hasta que se rompió la baraja en 1968, cuando la feroz represión del Gobierno encabezado por el mariscal Artur da Costa e Silva, que se otorgó entonces a sí mismo poderes prácticamente totales, entró en una nueva fase aún más cruenta e impune.

En diciembre de ese año Caetano Veloso y Gilberto Gil fueron detenidos por participar en una polémica obra teatral de Chico Buarque, Roda viva, pero sin ninguna acusación penal como tal, y tras pasar ambos tres meses en prisión las autoridades los sometieron a un arresto domiciliario sine die y a la prohibición total de dar conciertos, conceder entrevistas o buscar alguna otra ocupación. Finalmente, al cabo de varios meses les hicieron una oferta envenenada que de todos modos no hubieran podido declinar: la libertad estaba enteramente en sus manos... siempre que abandonasen el país.

El exilio forzoso de Veloso y Gil comenzó en 1969 en París, continuó en Lisboa y se detuvo en Londres. Fruto de ese deambular nació Transa. Y otro de los pequeño milagros de ese disco, más allá de su enorme y especial magnetismo, radica en que, a pesar de que nació de una experiencia desgarradora, y a pesar de que contiene no pocos bocados de nostalgia y dolor, es esencialmente un disco cálido y luminoso, mucho más íntimo que político, envuelto en un estado de ánimo expectante y esperanzado, incluso promisorio, con un poso de melancolía pero coloreado por el sentimiento de deslumbramiento de un espíritu sensible y sediento de vida. El segundo y ma-ra-vi-llo-so corte del disco, Nine out of ten, una de esas canciones con potencia de sobra para cambiar y acariciar el estado de ánimo del oyente hasta el final del día, y seguro que no casualmente la favorita del propio autor de cuantas ha escrito y cantado empleando el inglés, es un buen ejemplo de la temperatura y el tono emocional de todo el álbum: “Know that one day I must die / I'm alive (…) Nine out of ten movie stars make me cry / I'm alive”.

Veloso, como su amigo Gilberto, se instaló en el barrio de Chelsea y no tardó en integrarse en la amplia comunidad de músicos de todas las partes del mundo que lo habitaba. De su incesante participación en conciertos y jams improvisadas en cualquier piso, en cualquier rincón de cualquier plaza, saldría el sensacional y definitorio elenco de instrumentistas que terminaron dando forma a Transa, casi con toda seguridad el álbum de mayor riqueza, finura, audacia y enjundia musical de una extensísima discografía en la que, además, no es tan infrecuente que la dimensión lírica tenga más protagonismo que la sonora. Por esto también Transa es una joya inusual.

Sobre el título se ha discutido mucho. En el lenguaje coloquial brasileño, al menos en el de aquella época, transa era una suerte de comodín que tanto podía aludir a una relación amorosa o sexual fugaz como a cualquier transacción o pacto en el curso de la vida cotidiana. No cuesta en este sentido interpretar que Transa, el encabezado del álbum, apunte implícita pero muy claramente al fundamento mismo de sus canciones: un armónico y brillante pacto acuerdo de la negociación entre la arqueología de su propia tradición musical (en el disco hay citas de afoxé, samba de roda, cantos y percusiones de capoeira e instrumentos propios del folclore brasileño como el birimbao o el atabaque) y la modernidad o, sencillamente, una contemporaneidad en la que tenían cabida por igual la psicodelia, el reggae y por supuesto el pop (en It's a long way y Neolithic Man hay citas expresas de canciones de The Beatles) y el rock (la bellísima y emocionante Mora na filosofia, adaptación de una antigua samba de Monsueto Meneses y Arnaldo Pasos, se acaba encrespando, y el tema que cierra el disco, Nostalgia, es un breve y canónico rock & roll años 50 con cierto aire cabaretero).

Otra posible lectura del sentido de transa como pórtico del disco se encuentra en una visita a la ciudad de Bahía que el régimen le permitió hacer a Veloso en 1971, con motivo del 40 aniversario del matrimonio de sus padres. Nada más aterrizar en Río de Janeiro, la policía sometió al músico a un desabrido interrogatorio de varias horas y, al final, resultó que las malas formas fueron mayormente la coartada que necesitaban los agentes para pedirle un favor a ese indeseable y melenudo hijo de Brasil que sin embargo comenzaba a llamar la atención de la prensa especializada internacional: el Gobierno, que estaba en aquel momento ultimando la construcción de una serie de faraónicas infraestructuras públicas, quería que Veloso hiciese una canción sobre la joya de la corona, la Transamazónica, una megacarretera de casi 5.000 kilómetros.

Portada de Transa

El autor no sólo se negó a ejercer de cantor de las bondades del régimen, sino que, sostienen muchos, llamó Transa a su futuro disco a modo de desaire a la dictadura, gesto que completaría con la canción Triste Bahia, en la que musica un hermoso poema de Gregorio de Mattos Guerra (1623-1696) y resignifica la amargura de esos versos del Barroco como lamento de la realidad plomiza impuesta con secuestros, torturas, encarcelamientos y censuras por los militares al mando.

Lo cierto, en cualquier caso, es que el disco es un clásico indispensable no sólo en la cuantiosa obra de Caetano Veloso sino también en el último medio siglo de la cultura brasileña, que no se caracteriza precisamente por su parquedad musical. Transa es y –en radiante equilibrio de forma y fondo– suena como el personalísimo manifiesto de un ser humano que comienza a respirar a pleno pulmón de nuevo: su resurrección emocional y, como él mismo ha declarado alguna vez, la obra que le permitió recuperar la confianza en el futuro y en sí mismo como músico. Brindemos, pues, por esta obra que atesora hoy toda su magia y sigue estando –como él canta y repite una y otra y otra vez en una de sus más grandes canciones– alive and vivo, muito vivo, vivo, vivo.