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Sant Jordi, optimismo y dudas

Barcelona vuelve a llenarse de paradas de libros y flores. Regresan las firmas y la mascarilla desaparece. Hay optimismo y también un descenso de ventas que pocos se atreven a reconocer

Cartel de Sant Jordi 2022 / ARAUNA131 / SEPE / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
Cartel de Sant Jordi 2022 / ARAUNA131 / SEPE / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

Llega un año más Sant Jordi. Pero este no es, al menos en apariencia, uno cualquiera. Tras dos años de pandemia, que obligaron, primero, a celebrar la tradicional fiesta de forma virtual y, después, a celebrarla llena de restricciones que hacían imposible llenar las calles y encontrarse tú a tú con los autores, este Sant Jordi se presenta como aquel con el que, finalmente, se volverá a la normalidad. Y algo de cierto hay porque el próximo 23 de abril los lectores se volverán a ver las caras con los escritores a los que admiran, finalmente, sin mascarilla y pudiéndoles pedir una dedicatoria en las habituales firmas de libros, que se recuperan tal y como siempre se habían celebrado.

Porque, a diferencia de los dos últimos años, en esta ocasión las librerías y los floristas podrán volver a tener su parada en la calle y, de hecho, según previsiones del Ayuntamiento de Barcelona, se espera que este año se alcance una cifra récord con un total de 300 paradas solo en la capital catalana. Si bien la intención es que toda la ciudad pueda celebrar Sant Jordi, cuyos festejos comienzan algunos días antes con distintos encuentros y diálogos entre escritores, y que las actividades tengan lugar no solo en el centro, sino también en los barrios, el consistorio recupera del año pasado la superilla literària: se trata de un emplazamiento, situado entre la avenida Diagonal y la Gran Via y las calles de Pau Claris y Balmes, donde se concentrarán las principales actividades vinculadas con los libros.

Cartel de Sant Jordi 2018 / LUCÍA GUTIÉRREZ / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
Cartel de Sant Jordi 2018 / LUCÍA GUTIÉRREZ / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

Más allá de la disposición urbana de las paradas, más allá de la ausencia de mascarillas y de la mayoría de las restricciones, la pregunta que inevitablemente se plantea es de qué manera se presenta el sector del libro a esta vuelva a la normalidad. Más allá del optimismo, quizás algo impostado, que se proyecta por parte de las instituciones, ¿cómo se llega a este 23 de abril y qué se espera de él?

¿Por fin la recuperación?

Los deseos son claros: volver o, por lo menos, acercarse a las cifras del 2019. El entusiasmo está y, como se decía al inicio, toda la ciudad se volcará con el próximo 23 de abril, batiéndose el récor en número de paradas. Pero ¿con esto basta? Lo cierto es que, si bien las ventas se concentran el día del libro, lo cierto es que, a nivel de recaudación, se comienza a contar casi una semana antes. Y, de hecho, algunas librerías, principalmente las pertenecientes a grandes grupos, comienzan a hacer el tan famoso como discutido descuento del 10% algunos días antes. Dicho en otras palabras, el 23 de abril es el colofón de varias semanas en las que se calientan los motores, en los que los que serán más vendidos ya comienzan a ser adquiridos en librerías y en los que se observa un progresivo aumento de ventas. Ese 5% de ganancias que suele representar Sant Jordi para las librerías es mayor si se hace un cálculo más extensivo, considerando las semanas previas, muchas veces más decisivas para las librerías, sobre todo las independientes, que el propio día supuestamente clave.

En este 2022, Sant Jordi no llega en las mejores circunstancias, pero las razones no tienen que ver con la cuestión sanitaria, sino que son exclusivamente económicas: la inflación ha provocado que el gasto de las familias se desinfle a tal punto que, según la Cámara de Comercio, a finales de este año el aumento del consumo no será del 4%, tal y como se predijo en su momento, sino solo del 2%. La inflación y la situación de incertidumbre, marcada sobre todo por la guerra en Ucrania, ha hecho que el gasto familiar se contraiga, teniendo repercusión en todos los sectores, incluidos los del libro. Sin bien es cierto que no hay cifras oficiales y que el deseo de optimismo prevalece, en conversaciones privadas algunos libreros, así como distribuidores, reconocen una caída en ventas. Este marzo, confiesan, no se ha visto el habitual incremento de ventas que precede Sant Jordi. Ante esta situación, por muy optimista que se quiera ser, las dudas se imponen. ¿Será este 23 de abril el día del regreso a la normalidad? ¿El próximo día del libro asistiremos a la definitiva recuperación del sector? Está todo por ver.

Cartel de San Jordi 2020 para Turismo de Barcelona / CINTA ARRIBAS
Cartel de San Jordi 2020 para Turismo de Barcelona / CINTA ARRIBAS / BCN TURISME

¿Qué supone Sant Jordi?

En términos generales, Sant Jordi supone, para el libro en catalán, el 10% de las ventas anuales, mientras que, para el libro en español, supone el 5%. Son datos, obviamente, estimativos, puesto que cada Sant Jordi está sujeto a múltiples variables. Suele decirse, por ejemplo, que cuando cae en día festivo justo después de Semana Santa, como sucede este año, las ventas son inferiores, puesto que parte de la población abandona la ciudad para acudir a localidades de playa visto el buen tiempo. Asimismo, un Sant Jordi pasado por agua –y ha habido unos cuantos– tampoco augura resultados particularmente satisfactorios., como tampoco lo son aquellos que coinciden con un mediáticamente importante partido de fútbol. Dejando de lado las variables, de lo que no hay duda es que, en términos generales, la festividad del día del libro es un más que importante impulso económico para el sector, moviendo alrededor de los 12/15 millones de euros.

Dicho esto, es necesario precisar algunas cuestiones: cuando se habla de Sant Jordi se suele aludir de forma limitada al 23 de abril, pero los motores se encienden mucho antes, las editoriales hacen sus apuestas desde principios de año y las posibles ganancias o pérdidas comienzan a compatibilizarse días e, incluso, semanas antes. De hecho, en términos generales, las librerías llegan a San Jordi habiendo experimentado un incremento en ventas en las últimas semanas. Marzo suele ser un mes fuerte en el que ya se pueden ver con claridad cuales serán los títulos que más ejemplares venderán a lo largo del 23 de abril. Los más vendidos de ese día, en efecto, suelen corresponder a los más vendidos en las semanas anteriores. No hay apenas sorpresas al respecto. Como tampoco las hay con respecto a qué se vende más: libro comercial. Para las editoriales que apuestan por este tipo de libros, las ventas de Sant Jordi pueden llegar a representar el 40% de las ventas anuales.

Cartel de Sant Jordi 2019 / JOAN NEGRESCOLOR / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
Cartel de Sant Jordi 2019 / JOAN NEGRESCOLOR / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA 

¿De dónde venimos?

A pesar de que, en un principio, todos fueron malos augurios. el Sant Jordi de 2020, celebrado virtualmente en el mes de julio, aportó unos datos que nadie esperaba. Si bien es cierto que en comparación con el año precedente hubo una gran caída de ventas –se pasó de los 22 a los 5 millones circa de facturación– ese día se vendieron un 30% más de libros con respecto al resto del mes. Asimismo, en los meses estivales, de junio a agosto, el sector creció un 7%, hecho que, según los datos ofrecidos por Íñigo Palao, consultor de GFK, permitió concluir el año con una pérdida del 5%, mucho inferior a las primeras estimaciones. 2021 fue bastante mejor. 

A pesar de que las restricciones todavía estaban en vigor, el sector facturó en torno a los 13 millones de euros. Evidentemente están lejos de los 22 millones conseguidos en el 2019, un récord de ventas, pero los beneficios obtenidos fueron acogidos con bastante satisfacción, en especial por parte del Gremi de Llibreters. Teniendo en cuenta de que las librerías venían de semanas de cierre –las de menos de 400 metros cerraron durante 4 fines de semana y las de más de 400 metros, durante 4 semanas–, hecho que les causó una pérdida de alrededor del 34%, aquellos datos fueron más que positivos y, sobre todo, vitales para reiniciar una recuperación que está por ver.