Fotografía de la escritora Leticia Sala (Barcelona, 1989)

Fotografía de la escritora Leticia Sala (Barcelona, 1989) Read Poetry

Ensayo

Leticia Sala: "Era fundamental a la hora de pronunciarme que no hubiese un juicio hacia otras mujeres"

La escritora Leticia Sala publica ´Dame veneno que quiero vivir´, un ensayo sobre el fenómeno de la cultura skincare, el bótox, el miedo a envejecer y el linaje femenino

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En mayo la escritora Leticia Sala (Barcelona, 1989) publicó un ensayo en la serie Cuadernos de Anagrama sobre la grave “dependencia emocional al bótox” —entre muchísimas otras cosas— que existe en el siglo XXI y que se ha agravado en los últimos años.

El ensayo, igual de interesante que completo, abarca temas como la violencia estética, la importancia de la expresión del rostro como forma de sentir que estamos siendo amados, deseados, rechazados, y cómo los retoques acaban con ella, la maternidad, el clasismo que existe también en la homogeneización de rostros que provoca el bótox, el miedo a envejecer (o la presión, la vergüenza, casi la imposición a no hacerlo), una pandemia que afecta a mujeres de forma desproporcionada, claro, y la manera en que la sociedad hace invisibles a las mujeres a medida que nos hacemos mayores.

La premisa es clara: la línea que separa el placer del autocuidado de la exigencia, la imposición de los cánones sobre las mujeres y por qué hay que tener, sí o sí, esa necesidad de desear ser joven eternamente. El bótox, como forma de anular la vida, o deseo de detenerla. Como la escritora dice, "la alternativa del envejecimiento y en particular de una arruga es la muerte".

Hay un capítulo en concreto en el que Sala se detiene en la piel. En un repaso por citas de otros autores —el libro está lleno de ellas, además de los datos científicos y estudios que sostienen el discurso— como Paul Valéry o Milena Busquets, la escritora analiza cómo "la piel tiene poder sobre lo vivido" y cómo el arrebato de su curso natural afecta a los modos de sentir y a la importancia del contacto piel con piel, durante toda nuestra vida, pero, en especial, cuando nacemos y nos acercamos por primera vez al cuerpo de nuestra madre.

Portada del libro de Leticia Sala

Portada del libro de Leticia Sala

En sus otros libros ya se había preocupado de llevar temas casi, o igual, de importantes. Scrolling after sex, In real life o Los cines de Macy´s, en los que se enuncia sobre la sociedad del siglo XXI, la tecnología o el amor romántico moderno. Ahora nos cuenta un poco más acerca de este ensayo.

Uno de los primeros temas que tratas en el libro es el botox, el skincare y los retoques estéticos como una pandemia que parece, que igual que ocurre siempre, no afecta igual a los hombres que a las mujeres

Las mujeres estamos bajo una presión estética enorme, no parece que el tiempo haya mejorado mucho en ese aspecto y se sigue viendo una brecha entre el hombre y la mujer. Realmente yo en este libro me quise centrar mucho más en la experiencia femenina, pero tras las investigaciones más en lo superficial de la experiencia masculina pude comprobar que para los hombres la relación con el cuidado de la piel no tiene tanto que ver con el miedo a envejecer o a que le saquen del barco.

El aumento de los estándares que nos marca la sociedad de rostros perfectos, preocupación por las arrugas… es algo nuevo pero, en realidad, lo llevamos viendo toda la vida. ¿Por qué crees que ahora ocupa mucho más espacio?

Es multifactorial. Por un lado no veo casualidad en el hecho de que el skincare haya tomado mucho protagonismo, justo antes de la llegada del ozempic, que vivíamos una época donde el body positive había conseguido su lugar en la mesa. Justo es verdad que en los últimos tiempos se está hablando de que la extrema delgadez está volviendo a la alfombra roja, porque ha llegado ahora otro producto a alterar todo esto. Pero había habido unos avances, entonces no veo casualidad que en paralelo haya habido otras zonas del rostro de la mujer que controlar. Y, claro, las redes sociales han tenido mucho que ver con esto porque digamos que no hay registro en la historia de haber estado tan en contacto con nuestro propio rostro. Ayer estuve en una exposición, El culto de la belleza en el CCCB, y decían que el espejo fue una invención del siglo XIV, a la que solo tenía acceso la gente privilegiada. A mí el siglo XIV con respecto a toda la historia de la humanidad no me parece que fue hace tanto tiempo. Si a esto le sumas el tema de redes sociales, cámara frontal… Por ejemplo, en la cafetería de enfrente de mi casa entras y te encuentras con un espejo del suelo al techo. Y pienso, ¿desde cuándo necesitamos un espejo de cuerpo entero en una cafetería? Hay una demanda enorme de encontrarnos con nuestro reflejo y la industria de la dermocosmética se aprovecha y se enriquece de ello.

Mencionas repetidamente el reto que había en hablar de este tema sin que mujeres que han recurrido al botox y otros tratamientos se sintieran ofendidas.

Para mí era fundamental a la hora de pronunciarme que no hubiera un juicio hacia otras mujeres, que una coetánea mía que haya tomado decisiones diferentes sobre su rostro se sienta juzgada. Solo faltaría, si ya estamos todas bajo una presión estética enorme, que venga otra mujer a decirte que lo que haces está bien o mal. Yo he querido marcar mucho que nada de lo que escribo viene desde el juicio. Repito varias veces que yo tenía, y tengo, mis propias dudas y contradicciones. En el único punto en que me muestro más enfadada es cuando todo esto toca el colectivo de las niñas. Eso de que exista una aceptación tácita de que haya niñas que, con trece años, ya tienen una rutina de la piel es algo que sí que no me parece bien y creo que hay que levantar la voz un poco más.

¿Dirías que ese es el efecto que más te preocupa de esta pandemia?

Quizá sí. Uno de los más importantes seguro porque, a diferencia de una mujer adulta que hará con su libertad lo que le dé la maldita gana y que, en este caso, mi intención es que este libro le proporcione datos que quizá no han llegado tanto a la calle, cuando tiene que ver con las niñas sí que creo que es importante construir un mundo en el que no nazcan con la idea o con la sensación de que no son suficientes o que hay algo que arreglar en su cuerpo desde los tres años.

Justo el libro parte de tú siendo hija y luego madre, ¿te da miedo pensar que tu hija a lo largo de su vida se encontrará con discursos muy distintos al tuyo y que no puedes controlar como los integra ella?

Sí. Por eso a lo que más me aferro, en vez de caer en el miedo de un futuro malo, este libro ha sido la canalización de ese miedo en algo más constructivo y que en el mejor de los casos pueda ayudar, si es que esa es la palabra, a otras mujeres, madres o niñas.

Hablas de la relación entre la cultura skincare y el auge de la ultra derecha por la homogeneización de los rostros, el acceso de solo determinadas esferas de la sociedad. ¿Podrías profundizar más?

Esto era una propuesta como distintas posibilidades ante algo que no tengo la respuesta, son preguntas que lanzo como material para darle una vuelta cada uno y una de ellas es esta. Si es que ahora está habiendo un auge de la ultraderecha que no sea que esta búsqueda de la perfección pueda consciente o inconscientemente tener que ver con esto.

La asociación de la feminidad con la histeria y el hecho de que sea un halago que a las mujeres no se nos noten las expresiones gracias al bótox es uno de mis temas favoritos, me recordó a la frase: "Calladita estás más guapa".

No había hecho esta relación con esta frase tan icónica y lamentablemente es verdad. Y es un hallazgo interesante porque cuando existe una expresión como esta que todos conocemos es porque está realmente incrustada en la conciencia colectiva. Y no es casualidad, las expresiones, los clichés, existen por algo, significa que ha habido millones de personas perpetuando ese mensaje y “calladita estás más guapa” es perfecto, casi que tendría que haber sido el título del libro. Si no te expresas, consigues mi aprobación hacia tu belleza. Es tremendo, ¿verdad? El botox estaría muy de acuerdo con esto

¿Crees que es un tema en el que podamos posicionarnos ?

Lo que me ha gustado en este libro es ir siguiendo, no es que sea un flujo de conciencia porque no lo es en absoluto, hay mucha investigación y edición, evidentemente, pero sí que hay un compartir mis propios hallazgos y mis propias dudas. Era importante no caer en que hay una posición buena y otra mala, al final esto crearía una separación entre nosotras y precisamente es lo que le interesa al patriarcado y a la industria de la cosmética. Y lo que a mí me interesa es no separarnos entonces que todo el mundo tenga la información, y que aceptemos tanto rostros muy intervenidos como esos rostros que han decidido envejecer de forma natural. Incluso que hagamos un esfuerzo en ver bella la decisión que no hemos tomado. Esto será la forma de mantenernos unidas

En tus otros libros hablas de la tecnología, el amor en el siglo XXI... Y otros temas de latente actualidad que te inquietan, en este libro vuelves a hacerlo. ¿Sobre qué crees que es necesario seguir escribiendo?

Me hace ilusión respecto a este libro que abra un debate y una conversación al respecto, que salga del tabú. Esta, de nuevo, es la forma de no separarnos. Yo creo que una de las grandes perversiones de este tema es cuando nos sometemos a retoques y sentimos que hay que mantenerlo en secreto para que no nos tachen de lo que sea. Esto para mí es la gran perversión. Entonces sería un éxito si a raíz de este libro se consigue, ojalá, tanto a nivel íntimo como más público, que ese tema no pase al tabú. Al final, lo mencionaba en la sombra de Jung, todo lo que pasamos a la sombra termina por poseernos y por tanto nos hace menos en poder de nuestros propios cuerpos y nuestras decisiones. En cambio, todo lo que ponemos a la luz, es algo mucho más maleable, más controlable. En ese sentido a mí lo que me encantaría es que este libro fuera un inicio de un debate y una finalización de este tabú.

Frente a tu discurso hay otro muy instaurado: que cada uno haga lo que quiera. ¿Qué futuro predices?

Por un lado, antes de haberlo publicado, el futuro que veo, si respondo a tu pregunta desde los datos, no es el más alentador para quien quiere promover una naturalidad en los rostros de las mujeres, pero al mismo tiempo desde que se ha publicado he podido ver que hay mucha gente ahí fuera que se encuentra con contradicciones parecidas. Que está navegando este tema de forma consciente. Eso también me da una esperanza de que algo puede cambiar y de que, si bien estamos en un momento en donde los retoques están a la orden del día, creo que también estamos en un momento en donde hay mucha conciencia y donde hay un deseo de aprendizaje y debate. Entonces yo prefiero quedarme con esto para quedarme con la visión más positiva de que puede haber un cambio.

Image de Leticia Sala

Image de Leticia Sala ANAGRAMA

Si gracias a las redes sociales se distribuye la otra cara del discurso, puede pasar lo mismo con esta parte.

Exacto, yo creo que lo peor que podemos hacer es pensar que ya no hay solución a nada porque así es como gana todavía más la industria cosmética. Si hay una aceptación tácita de todo esto, si no hay una parte en cuestión. En el momento en que ponemos en cuestión, por ejemplo, estar hablando de los productos “antiedad”, creo que se lo ponemos un poco más difícil a la industria. Ya entra lo ético y lo tácito a sus actos y no actúa a sus anchas porque en el otro lado no tiene a un cliente que no le hace preguntas o que le critica.