Ilustración 'Ian McEwan'

Ilustración 'Ian McEwan' DANIEL ROSELL

Letras

Ian McEwan y las formas disímiles de la memoria

El novelista británico entrecruza una narración distópica, una trama de suspense y la reflexión literaria en Lo que podemos saber, su decimoctava novela

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El mundo seguramente no necesite otra gran canción de amor y, sin embargo, no existe un día en el que alguien no escriba —o lo intente— una más para decir lo mismo que viene diciéndose desde el principio mismo de los tiempos y seguirá cantándose hasta que este maldito y hermoso mundo desaparezca.

El arte, como todos sabemos, no está en el qué, sino en el cómo. Sucede también en el caso de la literatura, que desde sus inicios se escribió en verso y ahora es (mayormente) el reino de la prosa.

Los géneros puros, fijados por la preceptiva clásica, son ya tan extraños como los minerales valiosos y escasos. En la literatura contemporánea casi todo se nos aparece con esa misma forma (imperfecta) de la naturaleza: mezclado. La función de la crítica consiste discriminar entre lo que realmente merece la pena y lo que es prescindible, alterando el dogma de la igualdad, que en el arte no es más que una estúpida frivolidad.

El auge del género híbrido

Por eso podemos decir que la última novela de Ian McEwan (Aldershot, 1948), que es la decimoctava de su extensa carrera como escritor, merece la condición de excelente, toda vez que, sin perder el Norte y sacrificar el cómo al qué, cuenta una tragedia atávica con los instrumentos literarios del presente.

Lo que podemos saber (Anagrama) es una obra con vocación mestiza, pero no en relación a la trama que expone con un indudable talento y un adecuado punto de alta sofisticación, sino por la habilidosa combinación de géneros —elevados y bajos— a los que recurre McEwan para indagar en la paradoja de que nadie conoce a nadie, aunque —en apariencia— vivamos en un mundo donde la privacidad es imposible.

Portada de la última novela de Ian McEwan 'Lo que podemos hacer'

Portada de la última novela de Ian McEwan 'Lo que podemos hacer' Anagrama

El drama del libro trata sobre el escaso conocimiento que tenemos de los demás, que en cierto sentido es también ignorancia de nosotros mismos, porque una buena parte de los que somos obedece a lo que otros creen, aunque pensemos lo contrario.

La forma elegida para narrarlo consiste en una inteligente mezcla de tonos y motivos donde los distintos moldes literarios, siendo perfectamente reconocibles, no responden por completo a las expectativas.

De este entrecruzamiento, que acaso sea el gran mérito de McEwan, que ha escrito una de sus mejores novelas, nace la fascinación inmediata que depara este libro, donde una historia distópica, una trama de suspense, la sátira y la reflexión literaria conviven y se confunden.

El escritor Ian McEwan

El escritor Ian McEwan

Una trama distópica

El relato contiene varios giros inesperados —el trascendental aparece hacia la mitad— y distintas capas de lectura. Retrata un futuro aterrador —el Planeta Tierra en el año 2119—, marcado por el desastre climático, que siente nostalgia de algo supuestamente extinguido: un hermoso poema de amor formado por catorce sonetos encadenados, titulado ‘Una Corona para Vivien’, del que no existe copia y que fue leído en una reunión social del pasado (2014) una sola vez.

A partir del misterio sobre la reconstrucción de la literalidad del poema McEwan construye una trama de intriga en la cual un investigador literario —Thomas Metcalfe— busca los rastros de esta misteriosa composición para averiguar si cobija algún secreto sobre la pareja que formaron su autor —Francis Blundy— y su esposa.

McEwan usa el misterio literario como deus ex machina del libro, pero lo combina con una indagación sobre los misterios del alma humana.

Cabe pues relacionarlo con Pálido fuego, de Nabokov, con Posesión, la celebrada novela A.S. Byatt y hasta con En el nombre de la rosa, el best-seller de Umberto Eco. Todos se mueven —cada uno a su manera— en coordenadas similares: lo libresco como motor de la incógnita que toda buena novela aspira siempre a formular, pero sin llegar a desvelarla por completo, camuflando así el fuego de un fondo perdurable y trascendente.

Portada de la novela 'Chesil Beach'

Portada de la novela 'Chesil Beach' Anagrama

La memoria frente a la tecnología

En este caso: la disolución de la memoria —que es lo que nos hace sobrevivir al tiempo y a sus constantes cambios— en un inmenso océano de olvido que convierte en estériles nuestros sentimientos más íntimos.

McEwan ha escrito una novela amarga con un reverso asombroso: en ese futuro fabulado —una extensión del presente tecnológico— la abundancia de datos no garantiza la comprensión cierta de los anhelos humanos.

“Una carta íntima de alguien del siglo XVIII o XIX dice más de esa época y de los sentimientos de sus personajes que su rastro digital”, ha explicado el escritor británico en las presentaciones de su libro, donde ha reivindicado la importancia de la Historia, que es el almacén del pasado de la civilización.

Y cuya marginación (y manipulación) constituye uno de los indicios más evidentes del retroceso cultural que supone la entrega del ser humano al paradigma tecnológico.

Portada de 'Expiación'

Portada de 'Expiación' Anagrama

Lo que podemos saber es, en definitiva, un inteligente y melancólico retrato de esta sociedad del simulacro, tan colmada de espejismos, en la que estamos atrapados sin remedio, donde el amor declarado es el mejor disfraz del adulterio y la vida de pareja acaso no sea tan idílica como se representa en público, porque una cosa es la realidad y otras, distinta, su proyección social.

McEwan firma una radiografía, escrita con elegancia y desapego british, sobre todo aquello en lo que nos estamos convirtiendo.