Ilustración de A.S. Byatt (Antonia Susan Drabble)

Ilustración de A.S. Byatt (Antonia Susan Drabble) DANIEL ROSELL

Letras

El fértil juego de espejos de A. S. Byatt

Anagrama reedita tres décadas después de que se hiciera con el Booker la novela ´, donde la escritora británica mezcla la intriga, la sátira y la literatura

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Que la vida no merece mucho la pena sin dejarse conducir de vez en cuando por Dionisios, el antiguo dios griego de los excesos y las pasiones, es cosa, más que sabida, experimentada en primera persona por todos. La obsesión tiene mala prensa —sobre todo entre los clérigos, los puritanos y las feministas— pero, sin poner los cinco sentidos en una cosa, o sin sentir los vientos por alguna persona, la existencia puede hacerse tan aburrida como un menú de hospital.

La vida es la obsesión de todos los que todavía estamos vivos. La muerte lo es también para quienes se aproximan al último vado del largo camino. El amor, antes de ser civilizado, nace de una chispa ardiente que, como dejó dicho Bukowski, puede ser suficiente para avivar un fuego, prender la hoguera e incendiar el mundo.

Sobre la obsesión por los otros escribió una novela hace algo más de tres décadas Antonia Susan Drabble (19362023). Más conocida como A. S. Byatt. La tituló Posesión. Y con ella ganó el Premio Booker. El sello Anagrama la recupera ahora —tres décadas después y tras la muerte de su autora— a modo de ratificación definitiva de lo que la crítica, y después los lectores, sentenciaron hace tiempo: Byatt escribió uno de los mejores libros de la literatura inglesa contemporánea.

Portada de 'Posesión'

Portada de 'Posesión' Anagrama

No es decir poco. La competencia era grande, pero esta historia entre dos personajes del pasado y otros dos del presente, que instaura las tramas de suspense sustentadas en misterios literarios, que es una sátira sobre la investigación y la vida universitaria —tema tan caro para el difunto Javier Marías—, que es además capaz de tocar distintos estilos y hablar(nos) con diferentes voces, se ha asentado como uno de los grandes libros que, sin dejar de ser excelente literatura, gozan también del respaldo del público.

El deseo de escribir

Byatt parecía una mujer ordinaria. Y lo era: filóloga y profesora, dedicó su vida a enseñar inglés y en inglés escribió sus libros de poemas, sus narraciones y sus ensayos. Educada en Cambridge y en Oxford, epítomes de la excelencia académica, impartió clases en las aulas de Universidad de Londres y la Escuela de Artes y Diseño de la capital británica. Hubiera preferido dedicarse únicamente a la escritura, pero sus dos matrimonios y sus cuatro hijos, uno de ellos muerto trágicamente en un atropello causado por un borracho, aconsejaban una estabilidad laboral.

La docencia fue una ocupación pasajera o, por decirlo mejor, secundaria. Byatt quería escribir. Debutó como novelista a mediados de los años sesenta con la historia de una hija aplastada por la figura de su padre (La sombra del sol). Tres años después sacó El juego, donde indaga en la tormentosa relación entre dos hermanas.

En ambas late un evidente sustrato autobiográfico —una de las hermanas de Byatt, Margaret Drabble, también es escritora— y cierta fascinación por el mundo de las relaciones personales. A esta cuestión dedicaría El cuarteto de Frederica, un ciclo de cuatro novelas —La virgen en el jardín (1978), Naturaleza muerta (1985), La torre de Babel (1996) y La mujer que silba (2002)— dedicadas a una saga familiar de la ciudad de York.

Portada de 'Naturaleza muerta'

Portada de 'Naturaleza muerta' Alfaguara

Posesión (1990), sin duda su obra más exitosa, es otra cosa. Recoge y extiende al presente reciente la tradición narrativa de Henry James y George Eliot, mezcla el naturalismo con la fantasía y liga, en una sólida aleación, la intriga, la narración histórica y el romance. De hecho, fue publicada por vez primera con éste último subtítulo, dando una impresión equivocada de su contenido. El libro está construido a partir del cruce de dos líneas temporales, que disponen a su vez dos tramas paralelas.

Obsesión, la novela como artefacto

Una historia decimonónica, que se cuenta a partir de las cartas, los diarios y los poemas (inventados) de la pareja (de ficción) que formaron dos escritores victorianos —el poeta Randolph Henry Ash y su amante secreta, la poetisa Christabel LaMotte— y otra, ubicada ya en el siglo XX, desde la que se mira la primera.

La pareja contemporánea es la de Roland Michell, un investigador literario en precario, y Maud Bailey, una académica consagrada. Ambos se obsesionan con los secretos de sus biografiados, vinculados por los arrebatos románticos. Y ambos persiguen juntos sus huellas a través de los manuscritos que dejaron tras de sí.

Este juego de espejos —dos épocas, una vida escrita, otra escribiéndose— permiten a Byatt introducir en su novela, siguiendo el modo cervantino, diversos textos instrumentales y registros discursivos, como poemas, epístolas y cuentos de hadas. La suma de estos ingredientes produce un artefacto literario capaz de devorar y reciclar todos estos formatos, sin alejarse mucho de la intriga novelesca.

La obsesión de Roland Michell comienza con el robo de dos cartas manuscritas de Henry Ash encontradas en una biblioteca. Bailey aparece, en su condición de experta sobre la obra de Christabel LaMotte, escritora feminista y, probablemente, lesbiana.

Así acontece la fusión entre estos cuatro personajes: dos quieren saberlo absolutamente todo de los otros dos, protagonistas de un adulterio clandestino. Roland y Maud visitan cementerios, archivos y heredades, pero se topan con competidores —otros académicos en busca de las reliquias de los dos ilustres amantes— que quieren tomarles la delantera y robarles los laureles.

Lo clásico y entretenido

No es, sin embargo, esta red de dependencias mutuas lo fascinante del libro de Byatt, sino su talento para contar esta historia utilizando técnicas como el pastiche literario, la meditación filosófica, la mitología, el género gótico, la sátira y las fábulas.

Los personajes victorianos —simbólicos, algo pomposos, profundos— hablan como perfectos hijos de su época. La pareja de investigadores del siglo XX reproduce los tópicos y corrientes intelectuales de su momento, desde el estructuralismo al psicoanálisis.

Byatt se sirve para conectar ambos mundos de una prosa plástica y minuciosa, con paisajes y referentes sensoriales. De esta manera logra convertir un libro intelectual y erudito en una novela imaginativa, entretenida y misteriosa. Vanguardista y, al mismo tiempo, de clara estirpe clásica. Una absoluta filigrana. Su regreso (póstumo) a las librerías es una excelente noticia.