Fotografía de Violeta Niebla

Fotografía de Violeta Niebla

Letras

Violeta Niebla: “¿En qué momento hemos llegado a creer que lo creativo no es trabajo y se pueda no cobrar por ello?”

La malagueña Violeta Niebla, autora de ´Todo lo que hice por dinero´, publicará en sepriembre ´Rasca y gana´, el libro híbrido de los secretos ganador del I Premio Comisura

También: Leila Méndez: “La fotografía es una profesión y es una forma de vida”

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A Violeta Niebla toda etiqueta le queda pequeña. Escribe, pero no es solo escritora. Se dedica a la fotografía, pero tampoco es solo fotógrafa. Se dedica a la producción teatral y a la gestión cultural, pero no solo. Es poeta, dirige junto a Angelo Nestore el Festival de poesía de Málaga y es autora de dos poemarios, No serás mi baby (Kriller71) y COMPRO ORO (Letraversal).

El año pasado publicaba Todo lo que hice por dinero (Blackie Books), una novela en la que narraba el currículum laboral de una joven con la que comparte nombre. Si bien el personaje es un trasunto de su autora, Niebla insiste en que debe leerse la novela como una ficción, como ficción es también, insiste la autora, todo currículum, en el que las omisiones dicen tanto como los datos incorporados.

Portada de ´Todo lo que hice por dinero´

Portada de ´Todo lo que hice por dinero´ Blackie Books

A través de su vida laboral, la autora narra de manera irónica el día a día de una joven que intenta sobrevivir y abrirse camino en la ciudad de Málaga, de una joven que muy pronto descubre que la vocación artística va acompañada de trabajos puramente alimenticios que permitan sostenerla y sostener sus proyectos. Tras haber publicado en 2022 el fotolibro Yo soy la fuente, Niebla publicará en septiembre Rasca y gana, un nuevo fotolibro en la editorial Comisura.

El dinero no solo es una cuestión central de la novela, sino que determina todas las otras experiencias narradas.

Porque el dinero lo atraviesa todo. De la misma manera que no podía limitarme a contar mi experiencia laboral sin mencionar lo que pasaba fuera del lugar de trabajo, no podía hablar de lo de fuera sin hacer referencia al trabajo, que, como dinero, atraviesa nuestra vida. Si hubiera escrito una novela de amor, por ejemplo, también habría tenido que hablar del trabajo, porque forma parte de la vida de todas nosotras. Además, en el caso de Todo lo que hice por dinero, si bien la trayectoria laboral de la protagonista es el eje, para perfilar su identidad necesitaba de otros afluentes a través de los cuales definirla.

Y la experiencia económica vivida en casa define, a su vez, su relación con el trabajo.

Todas estamos delimitadas por el entorno en el que hemos crecido. Si tú has vivido el paro y la falta de dinero en tu casa, es inevitable que sientas miedo y temor a que, de adulta, vuelvas a vivir lo mismo. Asimismo, quien nunca ha vivido una circunstancia de este tipo es muy difícil que se lo plantee, es muy difícil que piense que puede vivir una circunstancia de este tipo, al contrario, está convencida de que estudiará y trabajará en lo que le gusta. Yo esto nunca lo tuve presente, nunca escuché esta cantilena. A muchos les prometieron una vida, un trabajo y una casa, pero a mí nadie me prometió nada de esto.

Dedicarse al arte o a la cultura implica asumir, con mayor conciencia, que este horizonte no existe o, de existir, se tarda mucho en alcanzar.

Es una especie de sino. El dinero es muy limitante en general, pero es increíblemente limitante a la hora de la creación, porque, si no tienes dinero para invertir en materiales y en todo lo que se necesita para sacar adelante un proyecto, ¿qué haces? Fue durante la carrera que entendí que, ante esta circunstancia, mis recursos económicos no debían venir todos de la misma fuente: para tener libertad creativa necesitaba encontrar otros recursos o, como los llamamos muchas veces, necesitaba tener trabajos alimenticios para conseguir libertad creadora.

Y he estado muchos años así, haciendo malabares, hasta llegar hasta aquí. Ahora tengo 45 años y te puedo decir que me ha costado muchísimo llegar al punto de estabilidad que tengo ahora. Hoy puedo decir que no soy precaria; no soy rica ni mucho menos, pero vivo bien. Eso sí, me lo he trabajado mucho, ha sido muchísimo el esfuerzo para conseguir trabajar en lo que me gusta y no solo en proyectos artísticos preciosos, pero pequeños, sino en gestión cultural y en producción teatral.

El camino ha sido lento, pero ahora además de gestora cultural y productora teatral, es escritora y fotógrafa.

El camino, sí, ha sido muy lento. Me hace gracia que digas que me dedico a todo esto, porque en la solapa del libro, donde aparece mi biografía, solo se dice que soy escritora. Cuando lo leí, pensé que ahí, en esa solapa, empezaba la ficción de todo el libro. En todas las presentaciones, siempre digo que no soy escritora. Es cierto, he escrito algún libro, pero hago muchas más cosas.

Entre otras razones, porque si hay algo complicado es vivir de la escritura.

Absolutamente. Por esto digo que la ficción más grande de todo el libro es la biografía de la solapa. Porque, en la novela, he añadido también algunas ficciones para mejorar la realidad y para que le texto funcionara mejor.

El libro comienza con un primer trabajo no remunerado y usted señala que hay ocasiones en las que “voluntariado y esclavitud se dan la mano”. La frase me hizo pensar en Remedios Zafra y en su concepto de entusiasmo, que se convierte en una forma de voluntariado y de esclavitud.

En este capítulo que mencionas relato un trabajo no remunerado, es el único trabajo no remunerado del que hablo, si bien ha habido más. En Todo lo que hice por dinero hay muchas omisiones, a fin de cuentas, un currículum está hecho de lo que cuentas, pero también de lo que omites. El libro alude a las cosas hechas por dinero, pero habría también podido contar todas las cosas hechas y que nunca cobré. A los de mi generación, se nos vendió el discurso de que convenía hacer las cosas por voluntad en nombre de la visibilidad: no hay honorarios, se nos decía, pero damos mucha visibilidad.

Mi generación viene de esa búsqueda de visibilidad y han sido muchas las cosas hechas a base de mucha gratitud, mucha voluntariedad y mucho amor al arte. Nos supieron vender muy ese eslogan de la visibilidad y era algo intolerable como lo sigue siendo ahora. Porque todavía hoy me encuentro con gente que piensa que le puedo regalar dos horas de mi trabajo. Pero, el trabajo se remunera. ¿En qué momento hemos llegado a creer que lo creativo no es trabajo y se pueda no cobrar por ello?

¿Dónde encuentra más esta actitud o esta exigencia de voluntarismo? ¿En la escritura o en la fotografía?

En la escritura, muchas autoras nos enfrentamos al problema de las presentaciones. Al inicio, cuando te proponen presentar un libro, te hace mucha ilusión y te preparas muy bien la presentación. ¿Tú sabes el tiempo que requiere? El mismo que tú has dedicado, por ejemplo, a preparar esta entrevista: leer el libro, preparar las preguntas...Una presentación es algo parecido, pero con público delante. Normalmente, las presentaciones no se pagan, pero tú lo haces porque la autora es tu amiga o porque la admiras.

Sin embargo, llega un momento en que te das cuenta de que ya no tienes tiempo para leer lo que tú quieres, porque no dejan de caerte presentaciones y tú no dejas de trabajar gratis. Pero lo hacemos para apoyarnos, para apoyar a nuestras compañeras, pero esto termina siendo una trampa. No quiero que ninguna amiga se quede sin su presentación, sin cariño y sin un abrazo, pero habría que regular ya el tema de las presentaciones.

Y, ¿en fotografía el panorama cuál es?

En fotografía, te pueden pagar la producción de la obra, es decir, la impresión de las fotografías y te pueden ceder un espacio para exponer, pero nada más. Y un proyecto fotográfico lleva muchos años. De todas maneras, debo decir que me he salido bastante del circuito de las artes plásticas y visuales, en cuanto es muy difícil, si eres fotógrafa, vivir de las exposiciones. Si quieres comer de la fotografía, vete a hacer bodas, comuniones, bautizos... Esto da algo de dinero, lo que pasa es que hacer este tipo de eventos, sobre todo si no te gusta, es un infierno.

Usted es autora del fotolibro Yo soy la fuente.

Me encanta este libro. De hecho, a mí la fotografía me gusta llevármela a un proyecto editorial, es decir, me gusta más en forma de fotolibro que no colgada en una pared. En efecto, en mi casa no tengo ninguna foto colgada en las paredes, a excepción de una con mi abuela y de otra con mi madre. A mí me interesan los proyectos que cuentan algo, que tienen una intención y que puedas mirar una y dos veces a través del formato libro. ¿Da dinero esto? Para nada.

Olvídate de ganar dinero con ello, pero sí te da a ti como fotógrafa una gran satisfacción. El fotolibro tiene algo de romántico. Para hacer Yo soy la fuente, estuve entre seis y siete años haciendo fotografías. En septiembre, publico en Comisuras un nuevo proyecto, en el cual he estado trabajando trece años. El libro lleva por título Rasca y gana y gira alrededor de los secretos. Se llama así, porque para descubrir alguno de los secretos tienes que coger una moneda y rascar.

A propósito de secretos, cuando presentó con Angelo Nestore su libro en La Térmica pidió al público que, de manera anónima, escribiera cuál había sido su trabajo más extraño.

De hecho, la presentación fue una especie de espectáculo, de puesta en escena, porque pedí a Angelo que me hiciera una entrevista de trabajo. Por lo que se refiere a la petición que le hice al público, es algo que he ido haciendo en todas las presentaciones de Todo lo que hice por dinero. Fue en la Térmica donde empecé el proyecto de los secretos y me pareció bonito empezar ahí este nuevo proyecto en torno a las cosas más raras que ha hecho la gente en este país por dinero. Te puedo asegurar que hay historias increíbles, historias que hacen que mi libro no sea más que una anécdota.

Lo que me cuenta de la presentación en La Térmica me hace pensar que, en su caso, los distintos lenguajes artísticos que maneja —fotografía, teatro, narrativa— se interrelacionan y se retroalimentan.

Claro, es algo inevitable, sobre todo porque yo no me siento cómoda dentro de la etiqueta de escritora, pero tampoco exclusivamente dentro a la etiqueta de fotógrafa. Yo trabajo mucho sola, así que me encanta poder llevar adelante proyectos de arte participativo. De ahí nace el libro que publicaré en septiembre, un libro que yo he editado a solas, pero que se componen de muchas voces y de muchos secretos de otras personas.

Por esto, mi intención es, más adelante, hacer un gran libro de los trabajos raros de la gente, es decir, un proyecto una vez más que tenga un elemento colaborativo. Por esto, ahora estoy dando talleres puntuales en torno a cómo escribir un currículum literario, talleres que me permiten, además, encontrar las rarezas con las que la gente se ha encontrado en sus trabajos.

Antes le hablaba del entusiasmo, que para su personaje es clave para mantenerse en los trabajos que no le gustan: necesita entusiasmarse, incluso, enamorarse de alguna compañera de trabajo a modo de aliciente para no dejarlo.

Si el trabajo no te gusta nada, debes buscar algo en él que funcione como aliciente. Y, ¿por qué no una compañera? Soy una persona muy optimista, muy positiva, me gusta estar bien, odio el drama y, por esto, mi personaje, que se parece a mí, lo que hace es buscar algo bueno en aquellos trabajos que no le aportan nada. Es una ficción que se crea para ir al trabajo con otra mirada, con otra actitud. El personaje se toma la vida con ligereza; es cierto que toda la novela habla del intento constante y extremo de supervivencia, pero está narrado y vivido por parte de la protagonista fuera del drama.

Usted opta por la ironía.

Exacto. Entiendo que haya a quien le cuesta reírse de lo que cuento, pero también hay lectores que ven el elemento cómico, tras el cual está la crítica. De hecho, dónde no hay mucha ficción es en el contexto grave y de supervivencia en el que vive la protagonista. Lo que sucede es que me parece más digerible una crítica y una crítica contundente a la sociedad y a la realidad en la que vivimos desde el lugar de la ironía y del humor que desde el drama.

Usted ironiza sobre los enchufismos gracias a los amigos, a los amigos de amigos y a los familiares en un momento en que no se encontraba trabajo. Fueron un salvavidas.

Totalmente. En una situación de desesperación por la supervivencia, por tener trabajo, por no estar en paro, estos enchufismos fueron esenciales. Evidentemente, yo hablo de enchufismos a muy baja escala: sacar a mi perra al parque, hablar con gente y terminar dando clase de inglés a los hijos de todos los dueños de perro; tirar de amigos y de amigos de amigos para conseguir un contrato de tres meses en un centro comercial; conseguir trabajo en una tienda de ropa porque conozco a la dueña de Facebook...

Son enchufismos ridículos, casi patéticos. La palabra “enchufismo” está muy mal vista, pero de lo que hablo no es de que te coloquen como ministra o en algún lugar de poder, sino de una joven que como mucho consigue un contrato de 600€ al mes.

¿De qué manera el contexto de su personaje y el suyo también está determinado por Málaga, la ciudad en la que transcurre la acción y la ciudad en la que usted siempre ha vivido?

Mucho. En los años en los que yo terminé la carrera y empezaba a buscar trabajo, lo que se decía, a mí y a cualquiera de mi generación, es que los jóvenes teníamos que ir fuera, que teníamos que ir a Madrid, a Barcelona, a Londres, a Berlín.... La determinación con la que algunos, muy pocos, decidimos quedarnos no era entendida, porque se consideraba que quedarse era un riesgo. “Si te quedas, asume las consecuencias”, se nos decía, “porque Málaga es lo que es”. Y es cierto, Málaga es una ciudad pequeña y todo el mundo se conoce; no es fácil, pero ¿lo es Madrid? A veces lo he pensado. Quizás haya más oportunidades, pero Madrid es una selva y, en determinados ámbitos, al final, todos se conocen con todos, igualmente.

Por tanto, para usted quedarse fue en cierta manera una reacción ante el discurso imperante que la invitaba a irse de Málaga.

Totalmente. En ese momento, había en mí mucha rebeldía. Málaga me gustaba mucho, estaba muy bien aquí, tenía muchos años. Había una vida que no me quería perder... Yo me quería ir y no iba a obedecer ciertos consejos. Ahora, la ciudad ha cambiado mucho, se la han cargado en ciertos aspectos, así que no sé si mi actitud sería la misma a la de entonces...

Y eso que, desde fuera, Málaga aparece un ejemplo de ciudad que ha apostado por la cultura.

La ciudad se ha ido haciendo fuerte con los años, es cierto, y en gran medida gracias a la gente que se ha quedado aquí y no ha parado de hacer cosas. Lo que quiero decir con esto es que no solo Málaga ha apostado, a nivel institucional y administrativo, por la cultura, sino que este empuje lo ha hecho la gente desde sus casas, desde sus locales, juntándose en la calle, a través de distintos colectivos, mezclándonos y colaborando... La gente de teatro, los poetas, los que venían del break, todos hemos estado ahí colaborando y haciendo mucha red. La institución ha sabido recoger todo este trabajo.

Prueba de ello es que el Festival de Poesía, cumple ahora 15 años. No es festival de la administración, pertenece a los poetas, porque nació a partir de una asociación de unos poetas. Hace diez años a Angelo (Nestore) y a mí nos ofrecieron la dirección y para nosotros es importante seguir diciendo con orgullo que es un festival nuestro, de los poetas. Evidentemente, recibe apoyo institucional, pero lo hacemos y lo organizamos nosotros. En este sentido, en Málaga lo independiente y lo privado se dan la mano de la misma manera que la institución apuesta por proyectos que vienen de la calle. Tenemos suerte de tener personas con vocación, personas a las que les gusta su trabajo y han apostado por toda una serie de proyectos.

Empezábamos el libro haciendo hincapié en el dinero y en lo que se hace por dinero, pero su libro concluye con una escena clave: la hija renuncia a ganar dinero ilícitamente, aunque implique no poder comprarle una televisión a su madre. Es decir, el libro aborda también los límites, porque no todo vale.

Siempre hay un límite y hay riesgos que no vale la pena correr, porque las consecuencias pueden ser mucho peores. Yo me he criado sin esa promesa de que a mí me iba a ir bien; en mi casa, más bien, la idea era: vamos a ver cómo lo hacemos para poder ayudarnos a salir adelante, para buscarnos la vida juntas, mi madre y yo. En este sentido, en todo el libro la consciencia de clase está muy presente, pero, como decía, no desde el drama ni tampoco desde la queja. Al final, ¿no se puede comprar la televisión? No se compra y ya está, no se aspira a más.