Ilustración de la filósofa Hannah Arendt

Ilustración de la filósofa Hannah Arendt FARRUQO

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Hannah Arendt, la inclusión del ‘otro’

Hannah Arendt, la filósofa exiliada y distanciada del nacionalismo alemán, de brillantes intuiciones y pensamiento crítico, que anhelaba una Palestina de dos naciones

También: Joseph Conrad, la frontera del mal

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La pluralidad de miradas solo se puede ejercer si todos miramos lo mismo. Este principio resume el pensamiento crítico de Hannah Arendt, la filósofa de origen judío-alemán que, tras ser detenida por la Gestapo, consigue escapar. Sus domicilios de Berlín y Fráncfort son un refugio de judíos perseguidos.

Huye de Alemania; recala en París rodeada de amigos, especialmente de Walter Benjamin, otro desterritorializado, con el que coincide a menudo en un bistró donde ambos se sumergen en el ajedrez, un juego de cadencia oriental.

En Francia, Hannah Arendt cae presa en un campo de extranjeros, denunciada por la Francia de Vichy y se escabulle de nuevo. Es su segunda fuga. Vuela a Lisboa y desde allí llega a EEUU, donde se revelará como una de las mentes privilegiadas del siglo XX.

¿A quién va a creer usted, a mí o a sus propios ojos? Se pregunta Groucho Marx en Sopa de ganso. Y, efectivamente, si nos permitimos el lujo de menospreciar la realidad, caemos en una trampa en la que el discurso se antepone al dato. Realidad y verdad son los ejes que Arendt convierte en gemelos; el yo y la sociedad son su punto de encuentro, lo que es el contrapunto en las partituras musicales.

Arendt se consagra al denunciar las calumnias que permiten a media Europa eliminar a sus víctimas con la conciencia limpia. Su pensamiento busca analizar la ideología común de las purgas, vengan de donde vengan, desde Hitler a Stalin, o retrocediendo a Felipe IV de Francia y su exterminio de los Caballeros Templarios. Analiza el totalitarismo medieval capaz de quemar a las brujas en la hoguera tras acusarlas de ceremonias demoníacas.

Arendt no desvela el mal, sino su pretexto. En su libro La condición humana argumenta que la autocracia de la opinión es el antídoto de la democracia. Ella diseña nuestro presente con muchas décadas de anticipación. En su Teoría de totalitarismo, consigue una centralidad reconocida por la Academia siendo apenas conocida. Opta por el exilio y, tras la II Guerra Mundial, su decisión la convierte en una emigrada sin vuelta a casa, como no sea de visita o para dar puntuales conferencias.

Portada de ´La condición humana´

Portada de ´La condición humana´ Austral

Yendo hacia la igualdad

El régimen hitleriano le ha retirado la nacionalidad alemana y ella se autoproclama apátrida, hasta el momento en que consigue la nacionalidad estadounidense, en 1951. Con el tiempo, su pensamiento se aleja del conservadurismo que marcó su origen —debido a su amistad con Martin Heidegger, con quien mantuvo una relación sentimental—, se aproxima a la igualdad entre ciudadanos y preconiza la inclusión del “otro”.

Utiliza fuentes históricas y filosóficas y quiebra el equilibrio del dogma germánico incluyendo en sus razonamientos los ejemplos ficcionales de la novela francesa y rusa del XIX, rematados más adelante con las perlas de la Generación Perdida. Arendt analiza la realidad a través de la metáfora y constata sus miedos de futuro en la poesía: “Llegarán las horas/ en que las viejas heridas, esas que olvidamos hace tiempo/, amenazarán con consumirnos" (Consuelo; Ed Herder).

Arendt y la verdad

En 1961, Arendt conmociona la literatura del Holocausto de Primo Levi, Jean Améry o Paul Celan. La pensadora lleva al estrado del juicio contra Eichmann, el criminal nazi procesado en olor de multitud; desencadena un terremoto intelectual al desplegar sus conocimientos sobre los “consejos judíos”, organismos creados por los nazis en los guetos judíos de la Europa ocupada para servir como “intermediarios y colaboradores necesarios del Holocausto”, escribe Arendt en Eichmann en Jerusalén.

Portada de ´Eichmann en Jerusalén´

Portada de ´Eichmann en Jerusalén´ Lumen

En la Jerusalén renacida, Ben Gurión señala el caso Eichmann —teniente coronel de las SS y uno de los mayores criminales de la historia— como “el Nuremberg del pueblo judío”, pero la devoción socrática por la verdad sitúa a Hannah en el punto de mira crítico de las élites establecidas. La acusan de responsabilizar al pueblo judío de su propio destino, aunque lo cierto es que ella nunca podría negar su propia experiencia.

Se interroga: “¿Qué hacer cuando existe una colisión entre los intereses legítimos y la virtud de decir la verdad?; “decir la verdad, aunque duela”, tal como lo expresa Miriam Martínez-Bascuñán en El fin del mundo común (Taurus), un ensayo francamente revelador.

Paul Nizan, uno de los más explícitos frente al Holocausto, ya no puede defenderla; ha muerto en 1940. Nizan, el novelista y filósofo francés cuya obra constituye un testimonio irremplazable de la vida intelectual, social y política de la Francia de entreguerras, es una referencia. Arendt, irredenta siempre frente a los totalitarios, encuentra su juventud perdida en Adén-Arabia (1932), el libro de Nizan, con un prólogo eterno de Jean Paul Sartre, que contextualiza al autor.

Portada de ´Anden Arabia´ de Paul Nizan

Portada de ´Anden Arabia´ de Paul Nizan

Ella se muestra ajena al mito del viaje a Oriente, pero se imagina muchas veces en el incómodo hotel Aden de Yemen, en el que se instaló Nizan y al que visitaron Kipling, Evelyn Waugh o Kessel.

La política de la conciencia

En publicaciones periodísticas, Arendt deja una de sus más brillantes intuiciones: “vivimos en un mundo desfactualizado, donde las decisiones económicas y políticas no se sustentan en la realidad, sino que moldean la realidad a su conveniencia”. Pura denuncia premonitoria del trumpismo. Su compromiso político es limpio; su destino personal y el de su pensamiento muestran un importante grado de coincidencia.

Arendt nace en 1906, en el seno de una familia alemana, educada y bien establecida de judíos secularizados; conoce el judaísmo reformista. No pertenece a ninguna comunidad religiosa, pero siempre se considera judía. Estudia en la Universidad Albert Ludwig de Friburgo para asistir al seminario de Edmund Husserl; se doctora después en Heidelberg bajo la tutoría de Karl Jaspers, con el que mantendrá siempre una estrecha amistad.

Alemania, solo de las letras

Contrae matrimonio con Günther Anders e inicia una estrecha colaboración con el periódico Frankfurter Zeitung. Se distancia para siempre del nacionalismo alemán: “para mí, Alemania es la lengua materna, la filosofía y la poesía”. Expresa su desprecio por la Gleichschaltung (adaptación al nuevo régimen nazi) de muchos intelectuales alemanes.

En 1933, Arendt pone en marcha su exilio. Pasa por Checoslovaquia, Génova y Ginebra; llega a París sin papeles y se pone al servicio de organizaciones de jóvenes judíos que quieren huir a Palestina. Consigue saltar a Lisboa, gracias a sus contactos con la Resistencia favorecida por su amistad con Albert Camus.

La Palestina de dos naciones

Finalmente, llega a Nueva York acompañada de su madre. Lamenta que del judaísmo se haya hecho una religión cuando es verdaderamente un eje de la lucha por la libertad. Ella se define todavía como una sionista aunque sus escritos y sus esfuerzos militan en el internacionalismo laico. En 1948 publica ¿Paz o armisticio en el Oriente Próximo? Visita muchas veces Israel y defiende al estado judío en convivencia de un potencial estado palestino. En uno de sus viajes a la República Federal se reencuentra con sus viejos amigos, Karl Jaspers y Martin Heidegger.

Su visión sobre el conflicto de Oriente Medio anhela una Palestina de dos naciones sobre la base de una política no nacionalista, una federación, que posiblemente podría incluir otros estados de cultura musulmana. Su preocupación es que Israel siga una política expansionista. Y sí, sus temores se confirman, pero guarda en su corazón las esperanzas en el espíritu universalista del mundo hebreo.

Portada del libro ´Sobre palestina´

Portada del libro ´Sobre palestina´ Taurus

Cuando Menájem Beguin llega a EEUU dispuesto a conseguir donaciones para el sionismo racial, se encuentra en los medios una carta abierta acusándole de extrema derecha, firmada por Albert Einstein, Sidney Hook, Stefan Wolpe y Hannah Arendt.

El miedo al futuro se ha consolidado ahora, después de siete guerras entre Israel y Palestina y del reciente genocidio de Bibi Netanyahu en Gaza. Las premoniciones de Arendt se han revelado trascendentales y hoy sabemos que “las democracias se destruyen cuando la gente pierde el interés por lo que es común, más allá de religiones e ideologías” (Berkowitz).

Un politólogo como Rosanvallon rememora la pregunta de Arendt: ¿Qué es la autoridad? formulada en su libro Ideología y terror. Lo hace a través de un análisis concluyente, destinado selectivamente a las aulas y a los aparatos políticos, contenido en su libro Reinventar la autoridad del saber (Editions du Seuil).

¿Estamos ahora cerca del fin de las democracias como advirtió Arendt? Con certeza solo estamos ante la superposición de estilos alejados de la verdad objetiva. Algo a lo que Lévi-Strauss llamó “las estructuras complejas”. Con el balance del tiempo transcurrido, podemos concluir que la inteligencia judío-alemana, entre Danubio y el Rin, aportó principios perdurables.