Fotografía del escritor portugués Antonio Lobo Antunes

Fotografía del escritor portugués Antonio Lobo Antunes

Letras

Antonio Lobo Antunes: vida breve, novelas grandes

Rafael Maldonado dedica un breviario en honor del colosal novelista portugués en el que repasa su trayectoria biográfica y analiza sus mejores libros

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El halago, en general, debilita y proyecta, sobre la persona que lo recibe, sobre todo si se trata de un acto frecuente, una extraña sensación de inseguridad: ¿los cumplidos que se me dedican son reales o, por el contrario, responden a un ejercicio de exageración irónica? Únicamente los vanidosos quedan a salvo de esta duda ontológica: su elevado concepto de sí mismos, a veces inverso a su altura intelectual, les vacuna contra la inteligencia de pensar que, quizás, no todo lo que se dice en público de uno es cierto –en general, suele ser inexacto–, o no en el grado que se expresa.

En esto, como en tantas otras facetas de la vida, como el odio y la confrontación, conviene medir cuál es el animus. Esto es: la intención con la que se afirman –y también se hacen– ciertas cosas. Basta testarla para descubrir el engaño que se disfraza de elogio y la crítica que nace del cariño.

Rafael Maldonado (1981), que es malagueño, farmacéutico y escritor –el orden de los sustantivos pudiera ser perfectamente el inverso, es un devoto de William Faulkner, Juan Carlos Onetti y Juan Benet, de donde se deduce que le gusta la alta literatura –o la literatura difícil– y, como se constata en su último libro –Antonio Lobo Antunes. La epopeya y la lírica (Confluencias)– es firme partidario de rendir tributo (literario) a quienes considera sus maestros en el arte de la escritura.

Portada del libro 'Lobo Antunes. La epopeya y la lírica'

Portada del libro 'Lobo Antunes. La epopeya y la lírica' Confluencias

Por eso publicó hace nueve años un ambicioso ensayo sobre la literatura del autor de Volverás a Región Benet, la ambición y el estilo (Ediciones del viento)– y ahora hace lo propio, aunque en un formato menos extenso con el gran novelista portugués, a quien dedica uno de sus “ejercicios de admiración” con forma de breviario, donde transita desde el apunte meramente biográfico al ejercicio consciente de creación narrativa.

En una mezcla que trata de dar una vuelta de tuerca al género sin dejar de cumplir con la honorable función que siempre tuvo: servir de puerta de entrada para los lectores que –todavía– no conozcan los libros de Lobo Antunes lleguen a ellos con una mínima referencia de lo que van a encontrarse.

Maldonado, al concebir este ensayo, ha optado por una estructura dialógica: por un lado, una narración objetiva, basada en la documentación disponible, y sin incurrir en las habituales fábulas a las que tan dadas son muchas de las biografías de los grandes escritores, sobre los avatares vitales del autor de Esplendor de Portugal (Siruela), para nosotros su mejor novela; por otro, una serie de pasajes (intercalados) en los que crea escenas lisboetas de ficción para dar cumplida noticia de sus obras. La fórmula elegida dota al ensayo de dinamismo, al establecer dos velocidades: la del hombre terrestre y la del escritor.

Portada de libro 'Esplendor de Portugal'

Portada de libro 'Esplendor de Portugal' DEBOLSILLO

Otro de los aciertos de Maldonado, además del conocimiento de primera mano de los libros del escritor portugués, es no caer en la admiración superlativa a la hora de perfilar su figura. Cuenta lo que tiene que contar y lo hace de una forma efectiva, sin caer en la exageración y encapsulando hábilmente la recreación del personaje en estas sutiles miniaturas donde Lobo Antunes se convierte en O senhor.

Biografía y perspectiva

De esta forma, la mirada objetiva –el relato sobre la infancia del escritor portugués en Benfica, un barrio obrero de Lisboa; la familia aristocrática donde se crió; los tormentosos años en la guerra de Angola, donde ejercería por vez primera como médico; su etapa como psiquiatra o sus inicios literarios– se entrecruza con la perspectiva subjetiva, que es la que está encerrada en las infinitas voces que se dan cita en sus libros.

Lobo Antunes no es, técnicamente hablando, un narrador. La peripecia –si es que existe– es un factor secundario de sus novelas, construidas al modo de un coro griego y sonámbulo en el que se mezclan distintas voces, monólogos y sujetos que, al hablar, no conciben el tiempo como un hecho lineal, sino como un caleidoscopio donde es perfectamente posible el avance y el retroceso.

Esta poética de la novela, originalísima, destinada a explorar la hondura del alma humana, sacudida por la vida, es lo que ha convertido a sus libros en (magníficas) flores extrañas, que reclaman a sus lectores un esfuerzo que se recompensa con creces.

“Escribir es encender cerillas en la oscuridad del alma y preguntar si hay alguien ahí”, escribió el escritor portugués. Este breviario nos invita a iluminar “esa noche oscura que llega de los Jerónimos un día gris de marzo” de este año, cuando los ojos claros de Lobo Antunes quedaron, para siempre, enterrados bajo sus propios párpados.