Vera y Milan Kundera en su piso en la ciudad francesa Rennes

Vera y Milan Kundera en su piso en la ciudad francesa Rennes Archivo Kundera

Letras

Kundera, Cioran y sus mujeres

Los escritores Kundera y Cioran compartían un pasado parecido y enfermaron de alzheimer para no ser víctimas del hostil presente que vivían

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El pasado jueves las urnas con las cenizas de Milan y Věra Kundera fueron enterradas en el cementerio de Brno (República Checa), la ciudad natal del escritor, que pasó buena parte del exilio en París. Su esposa, que estuvo con él todo ese largo tiempo, murió a finales de 2024, un año después que él. La encontraron en su habitación de hotel en Le Touquet (Pas-de-Calais), adonde había ido a pasar unos días dándose baños de mar.

No sé si es legítimo hablar de estas cosas mundanas en un medio como Letra Global, que se dedica a asuntos más estrictamente culturales, pero todos somos mundanos y el final de Kundera y su mujer me recuerda en flagrante paralelismo al de Cioran y su compañera, Simone Boué, la cual, al cabo de dos años de que Emil muriese, fue hallada al pie de un acantilado —en fin, se halló su cadáver— en el litoral de La Vendée, también en la costa Atlántica, donde seguramente se ahogó.

Son dos escritores que siempre me han interesado y divertido mucho (no sólo a mí, claro), Cioran como ensayista de gran estilo, Kundera como novelista, ambos exiliados en París de sus países natales respectivos, ambos dotados de un formidable sentido del humor. Ambos fallecieron también a consecuencia de la misma enfermedad degenerativa, el alzheimer.

Y años antes de enfermar y morir los dos fueron víctimas, u objeto, de investigaciones sobre su pasado juvenil que revelaron que el rumano había sido en su primera juventud simpatizante de la Guardia de Hierro, el movimiento fascista de su país, y el checoslovaco militante activo del régimen comunista en el suyo, habiendo llegado, según un documento exhumado de los archivos de la policía secreta, a denunciar a un disidente que había vuelto clandestinamente a Praga y que a consecuencia de esa denuncia pasó largos años de cárcel.

Kundera siempre negó haber denunciado a nadie, y toda su obra denuncia la liquidación del alma humana bajo el socialismo, pero un viejo papel sellado con todos los timbres del ministerio del Interior es difícil de rebatir...

Víctimas de volver al pasado

La trayectoria literaria de los dos fue un logro, pudieron expresarse claramente y alcanzaron los dos un reconocimiento internacional. Pero aquel “regreso del pasado” les afectó profundamente, yo creo que los destruyó. Ya enfermo y en silla de ruedas balbuceaba Cioran: “¡Yo no soy un hitleriano! ¡No soy antisemita!”. Y Věra Kundera, desesperada por el reblandecimiento mental de su marido, contaba la anécdota de un amigo también novelista que había ido a visitarles y cuando se levantó para irse, porque tenía que ir a escribir, Milan comentó:

—¿Escribir? Qué idea más extraña.

Ese alzheimer de los dos me parece —es una impresión personal, como es lógico no tengo datos que la corroboren o desmientan— que la desencadenó la “persecución” o “revelación” de su pasado. Tengo la impresión de que ambos cayeron en la enfermedad devastadora para no afrontar un presente tan hostil, ser objeto de la desconfianza, la reprobación o el repudio de buena parte de la, llamémosla así, sociedad de las letras.

Que sus respectivas viudas muriesen muy poco después que ellos, las dos en el mar, también me impresiona, pero es una coincidencia de la que no soy capaz de extraer idea alguna, como no sea la de lástima y piedad por aquellas mujeres discretas que se habían pasado la vida a la sombra de los hombres a los que querían.

Siendo para mí dos escritores tan importantes, tan deslumbrantes, pienso también que su gran reputación será sólo epocal, el mundo cambia tanto que lo envejece todo rapidísimo, y la obra de esos dos gigantes será pronto olvidada, salvo para los lectores de mi generación.

En fin, todo esto es un tanto melancólico, si no tétrico. Vamos a dejarlo aquí. La última imagen de ambos es la de la tumba blanca del matrimonio Kundera en el cementerio de Brno.