Pepe Pérez-Muelas

Pepe Pérez-Muelas JAIMEPHOTO

Letras

Pepe Pérez-Muelas: "La experiencia del viaje depende de cada persona"

El profesor y escritor murciano, autor de Homo viator y de Días de sol y piedra, dos títulos editados por Siruela, reflexiona sobre la tradición de la literatura de viajes, el impacto cultural de Italia y la desacralización de las grandes ciudades históricas

Llegir en Català
Publicada
Actualizada

Pepe Pérez-Muelas es viajero y escritor, aunque quizás, en su caso, esto sea una reiteración. Porque para el autor de Homo Viator y Días de sol y piedra (ambos títulos en Siruela) la escritura, la lectura y el viaje van de la mano. Esto es algo que se percibe en sus dos libros: en el primero viajaba siguiendo el rastro de los grandes viajeros de la historia, mientras que en el segundo recorre la Vía Francígena, desde Turín hasta Roma, acompañado de Natalia Ginzburg y Pavese, de Petrarca, de Fabrizio de André o de Pasolini.

¿De dónde le viene este interés por el relato de viaje y la figura del viajero que, actualmente, es casi una figura mítica?

Desde bien pequeño cogía los atlas, que son ya casi animales prehistóricos. Me recuerdo abriendo los mapas y quedándome embobado ante ellos, siguiendo e imaginando rutas: atravesaba desiertos y navegaba océanos sin conocer sus nombres, incluso antes de poder leerlos. Así se forjó en mí esa necesidad no tanto de viajar cuanto de crear historias de esos viajes que imaginaba. Cuando aprendí a leer la literatura me interesó de inmediato. Fui siempre un lector apasionado. Es cierto que una parte de la literatura que me interesa es la literatura donde están presentes los viajes, ya sea literatura de viaje o no. Porque, al final, en casi todos los libros se cuenta un viaje: pienso en la Odisea, en la Divina Comedia o en El Quijote, que para mí es lo máximo. No definiríamos a ninguno de estos títulos como libros de viajes y, sin embargo, cuentan un viaje. Esto se debe a que la necesidad de viajar es inherente al ser humano y, sobre todo, a la necesidad de contar el viaje.

Pepe Pérez-Muelas

Pepe Pérez-Muelas JAIMEPHOTO

Aunque pueda parecer algo manido, escritura y viaje siempre va de la mano.

Uno no elige un relato por el lugar que narra, sino por cómo lo narra. La literatura está un pie por encima del viaje. El viaje es otra forma de acercarme a la literatura.

Se percibe leyendo Días de sol y piedra.

El viaje que relatolo había hecho muchas veces antes de realizarlo físicamente a través de Petrarca, de Verdi, de Fabrizio De André, de Primo Levi, de Pavese…

Homo Viator es un homenaje a la figura del viajero. ¿Todavía existe esa figura?

Tú vives en Barcelona y yo en Sevilla. Son dos ciudades que han vendido su alma. Pero no solo ellas. Por lo general, los centros históricos de las ciudades en España, Italia o Francia están desapareciendo y se están convirtiendo en parques temáticos. La experiencia del viaje también depende de la intención de cada persona. Pensemos en una ciudad colapsada de turismo como puede ser Florencia: es entristecedor ver la enorme cola para ver el David de Miguel Ángel y darse cuenta de que la mayoría, una vez llega delante de la escultura, lo primero que hace es sacar el móvil y hacerse un selfie. Ven el David, que tienen delante, no directamente, sino a través de la pantalla del móvil, porque para lo importante es decir y mostrar que se ha visto el David, que se ha estado e Florencia. En Roma hay largas colas delante del buco, en el Palacio de los Caballeros de la Orden de Malta, a través del cual se ve la cúpula de San Pedro. Muchos, cuando llegan, en lugar de poner el ojo y mirar, sacan el móvil y hacen una foto. 

'Homo viator'

'Homo viator' SIRUELA

Hablando de Florencia. Usted recorre la Toscana y se detiene en lugares no turísticos, descubre al lector de que la Toscana es más que Florencia, a la que define como una ciudad de excesos, en contraposición a Siena.

Da la impresión de que uno no puede ir a la Toscana sin pasar por Florencia. Evidentemente, Florencia es una ciudad que me encanta. Sería cretino si no me gustara. Sin embargo, encuentro en ella muchos excesos artísticos: esto tiene su parte positiva, pero también negativa. En Homo Viator dedico un epígrafe a la iglesia de la Santa Croce, que es mediocre, un pastiche que se termina de hacer en el siglo XIX. Sin embargo, la gente la contempla llena de admiración como si fuera el Duomo o Santa Maria Novella. En Siena encuentro mucha más autenticidad artística, es una ciudad medieval donde tal vez las modas y las restauraciones han sido más benévolas que en Florencia. 

Homo Viator concluye con un capítulo que es un homenaje al Grand Tour por Grecia e Italia.

El Grand Tour nace en el siglo XVIII. Los nobles ingleses, franceses y alemanes pagan una especie de beca Eramus a sus hijos, que pasan cuatro o cinco años recorriendo Italia y Grecia; algunos visitan también España, para luego volver a sus países y convertirse en hombres respetables. Se trata de un viaje iniciático a partir del cual se deja atrás la juventud y se entra en la madurez. El Grand Tour tuvo importantes implicaciones: más allá de todo lo que se robó para los museos de Londres o Berlín, significó el redescubrimiento del mundo clásico no tanto para quienes venían a visitar estos países mediterráneos, sino para quienes los habitaban. Los países que albergan todo este patrimonio que ahora veían cómo otros lo admiraban se habían en parte olvidado de lo que tenían. La Roma del siglo XVIII, por ejemplo, era una ciudad abandonada; las vacas pastaban encima de las ruinas y estaba llena de basura…. En parte como ahora, la verdad.Aesa ciudad llegan Stendhal y Wienckelman, el mayor reivindicador de la belleza clásica, que despierta el interés por este arte y este patrimonio, favoreciendo su conservación.

Pepe Pérez-Muelas

Pepe Pérez-Muelas JAIMEPHOTO

La mirada admirada del turista sobre Roma no es la mirada del romano.

Sin duda. En el libro comienzo describiendo Roma como una especie de paraíso, pero de inmediato me doy cuenta de que la Roma de la que hablo no existe o, por lo menos, existe solo en mi cabeza: una ciudad sin tráfico, sin turistas, sin  romanos…Lo que nos fascina de Roma a quienes amamos el mundo clásico es su capacidad para abrumarnos con su belleza. Nos hace darnos cuenta de que ese mundo existió realmente, de que no tiene nada de legendario ni de mitológico. Fue real. La historia vive en la ciudad y ha conseguido vencer al olvido. Por esto Roma asombra y es una ciudad a la que volver. 

Como en el caso de la Toscana, reivindica el territorio el Lazio más allá de Roma. 

Me interesaba explorar el territorio en el que están las ciudades, el lugar que las envuelve. Ir en bicicleta me ha permitido descubrir lugares interesantísimos y ciudades que ocultas tras los grandes destinos. Al final, lo que se suele hacer es coger un avión para ir a Nápoles, Venecia, Milán o Florencia… Ir en bicicleta ayuda a ver una Italia mucho más provinciana, cargada de belleza y de historia. Gracias a este viaje he conseguido meterme por las venas de este país tan maravilloso y complejo que es Italia.

'Días de sol y piedra'

'Días de sol y piedra' SIRUELA

Empieza el viaje en Turín, el “salotto d’Italia”, ciudad que nada tiene que ver con Florencia, Roma o Nápoles.

Es una ciudad donde se mezcla lo italiano con lo francés. Es una ciudad llena de pórticos, extremadamente elegante, con carácter y llena de escritores: Ginzburg, Pavese, Primo Levi… Tengo la suerte de ir al menos dos veces al año a Turín porque mi hermano vive allí. Es una ciudad que me encanta y que no deja de sorprenderme porque no termina de ser italiana, estando en Italia. 

¿Cómo escribir sobreItalia, sobre la que tantos otros escritores han escrito?

Es una empresa que, a priori, parece perdida. ¿Cómo escribir cuanto tantos otros ya han escrito? No solo autores clásicos, sino contemporáneos. Pienso en Enric González. Lo que he intentado hacer ha sido alejarme un poco de lo ya escrito, aunque no es posible del todo, porque al final los libros que lees están dentro de ti. En el libro cuento lo que a mí me apasiona, lo que he visto, lo que he sentido en ese territorio.De todas maneras, escribir sobre Italia o sobre Roma es asumir que lo que escribas será una sobreescritura de otros textos. No soy el primero en hablar de las tumbas de Roma, pero ¿cómo no hablar de ellas? ¿Cómo no dejar testimonio? Si pongo el foco en la otra Roma, en la más popular, alejada de los focos y del champagne, me encuentro con Pasolini, que describió esa Roma mejor que nadie. Otra de las grandes narradoras de Roma es Elsa Morante. La Historia es una gran novela. Ella es mejor escritora que su marido, Alberto Moravia. Pero, como el mundo es como es, a él se le conoce más. 

Pepe Pérez-Muelas

Pepe Pérez-Muelas JAIMEPHOTO

 ¿Hasta qué punto la bicicleta ha condicionado su manera de viajar y, quizás, también su manera de escribir?

La bicicleta me salvó de una temporada de depresión y ansiedad y, en efecto, ha marcado el viaje y la escritura. De hecho, la escritura es fragmentaria y describe todo lo que me voy encontrando: una escultura, la fachada de una catedral, una plaza, un momento…Cuando pedaleas percibes la realidad de una manera más veloz. A esto se añade otro elemento:  yo ya no sé escribir a mano. Lo hago muy lento, mientras que con el ordenador todo fluye. Viajaba con una tablet y un teclado. Parte del texto lo escribí en el viaje. No pensando en publicar, pero al llegar a casa me di cuenta de que ahí había algo, le di forma y lo completé con los datos a los que, mientras viajaba, no tenía acceso. 

Se puede ser turista sin tener lecturas. ¿Para ser viajero hay contar con un bagaje cultural?

No quiero ser riguroso a la hora de decir cómo debe ser un viajero. Cada uno hace lo que puede y quiere. Esto es lo mismo que pasa con la lectura: Si uno lee el Quijote tras haber leído el Ariost, tendrá más claves de lectura; pero no quiere decir que sea imprescindible leer Ariosto para disfrutar de la novela de Cervantes. Si vas a una ciudad y has leído lo que otros han escrito sobre ella y conoces su historia estarás más preparado para disfrutarla que una persona que se deje llevar por las guías turísticas. 

Usted hace un peregrinaje por la Vía Francígena, pero su camino no es religioso.

Yo soy una persona sin fe, pero hago este peregrinaje con el mayor de los respetos e intentando inmiscuirme, para comprenderlo, en ese mundo sagrado. Creo poder observar así el viaje de una manera mucho más objetiva.

Pepe Pérez-Muelas

Pepe Pérez-Muelas JAIMEPHOTO

Hay que decir que la mayoría de los peregrinajes –pienso en el Camino de Santiago– se han ido convirtiendo en laicos o profanos. 

Es así. Vivo en Sevilla y puedo decirte que incluso la Semana Santa se ha vuelto laica en el sentido de que, en esos días, las calles están llenas de personas, mientras que en las iglesias no hay apenas nadie. Hoy todo es prácticamente laico y está bien que así sea, incluso desde el punto de vista de lo religioso. Quizás algunos no compartan mi idea, pero yo creo que es bueno que quien se acerque a la iglesia lo haga por voluntad y no por obligación.

Usted es profesor. ¿Las nuevas generaciones perciben el viaje de manera distinta a como lo podemos percibir nosotros?

Totalmente. Tengo 36 años. Cuando empecé a tener la edad de viajar, diecisiete o dieciocho años, se empezaron a popularizar Ryanair y los viajes low cost. Hasta entonces viajar no era tan accesible. Recuerdo mi primer viaje a Italia con 16 años. Fue algo casi sagrado, un momento muy importante. No sé si ahora los alumnos viven de la misma manera sus viajes, porque lo tienen todo más fácil. Antes de viajar nosotros leíamos sobre las ciudades y los lugares que íbamos a visitar; ahora los más jóvenes ven las ciudades en las redes sociales y de forma descontextualizada.