Gregorio Luri, en la entrevista con 'Letra Global' BARCELONA
Gregorio Luri: “Educamos por impregnación, necesitamos profesores que sepan leer y escribir”
El pedagogo y filósofo asegura que en España ha habido buenos pensadores cuando “no se han tenido complejos” y reivindica al intelectual que “no tiene prudencia y se atreve con todo”
Con la convicción de que puede aseverar lo que desee, porque ha madurado con lentitud muchas lecturas y experiencias, Gregorio Luri (Azagra, Navarra, 1955) pide “saber escuchar”. Él lo hace y el interlocutor aprecia su conversación. Pedagogo, filósofo y ensayista, no deja de descubrir a nuevos autores, clásicos y pensadores españoles del siglo XIX, una de sus pasiones. Es conservador y lo reivindica, y cree de forma firme en un comunitarismo que se ha ido perdiendo en aras de un liberalismo economicista.
Autor de obras como La imaginación conservadora, Matar a Sócrates –reeditada ahora y puesta al día--, su reciente trabajo es La dignidad del mediocre, (Ediciones Encuentro), donde reivindica al hombre corriente, al vecino que puede salvarte la vida y que se levanta cada día a las cuatro de la mañana para ir a trabajar.
Con un pie en la tradición clásica y otro en el análisis crítico de la modernidad, desmenuza en esta conversación con Letra Global los males que aquejan a la sociedad contemporánea, las costuras abiertas de un sistema educativo desorientado y el arte de reconciliarse de forma gozosa con los imprevistos de la existencia.
El diagnóstico de Gregorio Luri sobre el estado actual del profesorado combina la urgencia con una exigencia rigurosa. Para el pedagogo, la crisis educativa no responde únicamente a un problema de leyes o metodologías, sino al perfil intelectual y al compromiso de quienes habitan las aulas. En este sentido, arremete sin ambages contra la autocomplacencia y la falta de ambición intelectual que percibe en ciertos sectores de la docencia.
Al rememorar una vivencia con un docente de un centro escolar privado en Madrid que le confesó, sin tapujos, que no leía porque le aburría, Luri se muestra tajante y profundamente indignado: “En mis tiempos tendíamos a evitar los vicios y, si no, a ocultarlos. O los evitabas o los ocultabas”.
Gregorio Luri, en la conversación con Manel Manchón para 'Letra Global' BARCELONA
Luri rescata el legado de la pedagoga Marta Mata para recordar que el aprendizaje va mucho más allá de los contenidos curriculares explícitos, ya que “educamos por impregnación”. El maestro, argumenta, contagia sus propias pasiones, fobias y filias de manera inevitable. Por ello, defiende que nada del progreso educativo es viable si no se cuenta con profesionales verdaderamente instruidos.
“Nada de esto es posible si no tenemos profesores que saben leer y escribir”, sentencia.
Al analizar el rumbo de la institución escolar, Luri lamenta de forma rotunda el viraje ideológico de los métodos pedagógicos contemporáneos.
Sostiene que “la pedagogía actual es básicamente una pedagogía del yo” y que, en este proceso de hiperindividualización, el sistema “ha perdido su sentido comunitario”.
Las escuelas, a su juicio, se están deslizando peligrosamente hacia una suerte de “deriva terapéutica” donde el esfuerzo se enfoca de manera casi exclusiva en catalogar y tratar los malestares psicológicos y emocionales de los alumnos a través de especialistas.
Gregorio Luri, con 'Letra Global' BARCELONA
Luri se muestra especialmente preocupado por la alarmante pérdida de autonomía de los menores, alertando de que los niños actuales constituyen “la primera generación de la historia de la humanidad que se ha quedado sin espacios en los que ser niños autónomamente sin la directa supervisión de un adulto”.
La omnipresencia del miedo y la vigilancia constante, tanto por parte de padres como de docentes, impide que los niños corran riesgos y vivan aventuras, elementos sin los cuales no es posible desarrollar el pensamiento estratégico ni poseer una infancia plena.
Más allá de las aulas, el pensador extiende su visión del sentido común al análisis de la memoria colectiva y la política, criticando la soberbia de juzgar épocas pretéritas bajo los estándares contemporáneos. Luri invita a una profunda reconciliación histórica fundamentada en un principio de humildad intelectual.
Sin embargo, entiende que el intelectual, el que desea aportar, corre el riesgo de ser prudente. Entiende que la ambición es necesaria, como han demostrado muchos pensadores alemanes, por ejemplo, que se han atrevido a ofrecer obras holísticas. "Las aportaciones, pero también los errores, pueden ser muy grandes", señala. Y entiende que en España ha habido y hay importantes pensadores. Y que han sido grandes "cuando no han tenido complejos".
El pedagogo lanza afirmaciones que deberían formar parte del acervo cultural de todos. A su juicio hay que “comprender que el pasado está hecho con la inteligencia disponible en cada momento”.
Para Luri, liberarse de lo que califica como una “soberbia neohegeliana que cree que el presente es el Tribunal Supremo de la historia” es un paso indispensable.
El pedagogo, filósofo y ensayista Gregorio Luri, en la entrevista con 'Letra Global' BARCELONA
Aunque juzgar a nuestros antepasados desde la superioridad moral actual pueda enaltecer el ego colectivo de nuestra era, Luri advierte con lucidez de que este ejercicio “nos ayuda poco a comprender la realidad”.
Pero en la vida hay un elemento esencial que se desprecia: el azar.
Como en las películas de Rohmer, en las que el elemento azaroso es esencial, Luri recuerda cómo su propia trayectoria vital es producto de ello.
Rememora sucesos cruciales de su infancia y juventud que escaparon por completo a su control, como la muerte de su padre cuando él apenas tenía cinco años, la escasez de recursos económicos que le obligó a buscar un colegio que le admitiera sin poder pagar «ni un real», o el asombro que le produjo toparse con una biblioteca pública a los once años.
Incluso hitos posteriores, como la elección de un determinado centro universitario o el instante fortuito en que vio pasar por el pasillo a una estudiante que terminó convirtiéndose en su esposa, le llevan a una confesión abierta: “Mi biografía parece como que está en realidad escrita por otro”.
Para Luri, la genialidad de la existencia reside en adueñarse de lo imprevisto, un concepto que vincula directamente con la tradición clásica y con el concepto del amor fati.
Manel Manchón con Gregorio Luri, en 'Letra Global' BARCELONA
Apoyándose en el pensamiento de Friedrich Nietzsche, el filósofo afirma que “lo noble de verdad de la vida es elegir lo que ha sucedido”.
Sostiene que abrazar este principio, aunque pueda parecer un contrasentido, posee un enorme poder terapéutico porque “te evita ser un amargado, te evita guardar rencores permanentes que aparecen y a veces aparecen como una punta de odio”, facilitando en su lugar una profunda reconciliación con el destino.
El ensayista, que ha viajado con mucha frecuencia a Latinoamérica y considera que “nunca me he sentido en el extranjero”, expresa su escepticismo ante las tendencias contemporáneas que obsesionan a la sociedad moderna, como la búsqueda del "auténtico yo", ironizando con que él todavía no ha logrado encontrar el suyo por ninguna parte.
Prefiere, en cambio, la lección de obras imperecederas como la película El tercer hombre, en cuya larguísima escena final se condensa una montaña de azares que pudieron haber sido distintos pero que terminaron acarreando repercusiones existenciales definitivas.
¿Qué hacer? Luri lo tiene claro. Hay que encarar la vida a partir de una “aceptación gozosa” del destino.