Monika Zgustova, en la entrevista con 'Letra Global'

Monika Zgustova, en la entrevista con 'Letra Global' SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Letras

Monika Zgustova: "Milena es la última centroeuropea, producto de la mezcla cultural, como Zweig"

La escritora publica 'Soy Milena de Praga', sobre la vida de la amiga de Kafka, quien escribió 'El Castillo' influido por esa relación

16 marzo, 2024 21:07

Una enorme sensibilidad. Palabras suaves que brotan, sugerencias en cada instante y la pausa adecuada. Monika Zgustova, una escritora y traductora de un talento enorme, --ha vertido de la lengua checa al catalán y al castellano algo tan sublime como Les aventures del bon soldat Svejk, de Jaroslav Hasek—acaba de publicar Soy Milena de Praga (Galaxia Gutenberg) –también en versión catalana--, una obra en la que recrea la vida de la que fuera compañera de Frank Kafka. Zgustova, nacida también en Praga, pero barcelonesa ya desde los años ochenta, ciudad en la que reside, narra como si fuera la propia Milena Jesenská, la vida de una mujer que quiso ser libre, que fue también traductora, del escritor checo, y que ejerció el periodismo, una mujer que vivió entre Viena y Praga, con un padre nacionalista checo, que conoció un mundo que estaba a punto de desaparecer, y que fue el mayor exponente de la creatividad europea. Por ello, Monika Zgustová, en esta entrevista con Letra Global, señala lo que representa Milena: "Milena es la última centroeuropea, producto de la mezcla cultural, como Zweig".

Esa cultura centroeuropea, que tenía su gran bastión en Viena, pero con capitales como Praga, Budapest, y también Berlín, con una influencia clara de la lengua alemana, pero con espacio para otras lenguas, como el checo o el yiddish, --la lengua propia de miles de judíos que llegaban a los centros del Imperio Austrohúngaro desde los confines del este europeo—estaba a punto de desaparecer. Los nacionalismos, primero, y el nazismo, poco después, iban a borrar una identidad europea “basada en la mezcla”.

Portada del libro de Monika Zgustova

Portada del libro de Monika Zgustova

Es como lo ve Zgustova, que sostiene que aquella vitalidad es difícil de explicar: “Se dio una creatividad que recuerda la gran filosofía griega, que fue increíble. Creo que fue producto de la mezcla, de identidades distintas, aunque no se sabe muy bien cómo surgió”, señala, en relación a los tiempos que le tocó vivir a Milena, una joven checa, de una familia pudiente, aunque su madre se murió muy pronto. El padre la marcaría, a través de un espíritu libre –médico, su padre disfrutaba de la vida—aunque siempre le advirtió sobre la personalidad de quien iba a ser su marido, Ernst Polak. No le convenía. Pero Milena quiso probar, y la experiencia salió mal. “Estaba claro, ya desde el inicio, que a Ernst no le interesaba Milena, o quería a otras al mismo tiempo”, señala Zgustova.

Milena, sin embargo, conoció a Frank Kafka, interesada en un joven escritor que iba a causar sensación. Conocemos esa relación por las cartas que se cruzaron, entre 1920 y 1922. De ese contacto, de lo que comportaba, con el marido todavía formando parte de un triángulo extraño, nació una de las grandes obras del escritor checo, El Castillo. “No le fue bien con su marido, como le decía su padre, porque tenía otras preferencias que Milena, era un literato, un gran seductor de mujeres. Ella quería una buena vida de pareja y no la encontró con él. En aquella Viena el ambiente era bastante libre y se podía relacionar con otras personas. Lo que él se permitía para él mismo para ella no se lo permitía. Ella rompió relaciones con personas como Herman Broch, pero con Kafka no la rompió. Mantuvo una larga relación por carta, y también físicamente. Se vieron en la frontera, y como decía Kafka, como dos políticos que se encuentran en la frontera”.

Monika Zgustova, en la entrevista con 'Letra Global'

Monika Zgustova, en la entrevista con 'Letra Global' SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Pero, ¿cómo se influyeron? “Ella se convirtió en otra persona tras conocerlo, a través de sus cuentos, de su literatura. Se conoció mejor a sí misma y orientó su vida profesional de manera madura. Le interesaba escribir y traducir y se dedicaría a eso, al periodismo, un periodismo para mujeres, dándoles consejos para liberarse, y en los años treinta practicó un periodismo político, al acercarse a los comunistas, aunque luego se distanció”.

¿Qué vio Milena en Frank Kafka, en 'Fronk', como le llamaba ella en un juego entre los dos, qué persona era? “Milena conoció a Kafka como poca gente lo hizo. Se ve en la necrológica que firmó para un periódico de Praga. Le entendió muy bien y por ello sabía que no podía estar con alguien tan indefenso. Kafka no tenía dosis de maldad, y para ella era una responsabilidad estar con alguien así, tan indefenso. No se decidió a dejar a su marido, y el mismo Kafka mismo rompió la relación porque sufría demasiado”.

Zgustova reconstruye la historia, a través de las cartas, de testimonios que conocieron a Milena, y de escritos y artículos. Es la propia Milena-Monika la que escribe, con un desgarro en el corazón que deja al lector compungido: “¿Podía asumir una vida con un hombre que necesitaba más cuidados que un niño, era más sensible que una jovencita inexperta, estaba a mi merced y me miraba con esos grandes ojos de ciervo asustado que busca protección de alguien más fuerte?”

En el escrito de la necrológica de Kafka, Milena ve lo que, a juicio de Zgustova, pocas personas más pudieron ver. “Era tímido, ansioso, amable y bueno, pero escribió libros crueles y dolorosos. Veía el mundo como lleno de demonios invisibles que hieren y destruyen a los desprotegidos. Conocía a los hombres como solo pueden conocerlos personas de gran sensibilidad nerviosa, que están solas y pueden ver proféticamente al hombre entero a partir de un único guiño de su rostro”.

Entrevista a Monika Zgustovaç para Letra Global

Entrevista a Monika Zgustovaç para Letra Global SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Para Kafka, Milena supuso “conocer la pasión, que no la había conocido antes. Y para su literatura era importante, porque siempre escribía a partir de situaciones, de experiencias propias, íntimas. El Proceso lo escribe influido por encuentro con Felice Bauer, su novia anterior. Escribió sobre un ser humano que es juzgado por una justicia inexistente, pero implacable. A partir de Milena, construye El Castillo, un triángulo con una mujer y dos hombres. Está K. y Frieda, que recuerda a Milena. Y está el señor del Castillo, Klamm. En checo, si le quitas la última m, el significado es ‘engaño’. Y todo alrededor de ese señor es engaño. Es el marido de Milena. Pero él, K., también engaña, porque tiene otras amantes”.

Pero Zgustova traza un recorrido vital. Es Milena en Praga, y en Viena, en los cafés, con una vida literaria muy rica, con personajes que hacen saltar las lágrimas de la emoción que provoca en el lector: Broch, Musil, Werfel, Heimito von Doderer, Karl Kraus, Egon Erwin Kisch, que fue quien le presentó a Milena a Ernst Polak. Es esa Viena gloriosa, que casi está contando los días que faltan para su destrucción. En 1918, cuando Milena viaja a Viena, una ciudad que Zgustova presenta como ya decadente, con problemas económicos, --justo al final de la I Guerra Mundial—su padre le dice que no le importaría ya que el Imperio Austrohúngaro cayera de forma definitiva. Es checo. Y se evidenciaba que llegaba el momento de las ‘naciones’, de los nacionalismos identitarios.

Monika Zgustova, en la entrevista con 'Letra Global'

Monika Zgustova, en la entrevista con 'Letra Global' SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Zgustova, que ha recibido multitud de premios, con obras como Vestidas para un baile en la nieve, o Nos veíamos mejor en la oscuridad, traductora de su gran admirado Bohumil Hrabal y de Kundera, y Havel, entre otros muchos escritores, recuerda esa cultura “centroeuropea”. E insiste: “Yo siempre digo que Milena es la última centroeuropea, como Stefan Zweig, con valores que son producto de la mezcla, de algo que se dio en aquellos años, con una aportación importante de los judíos, que luego serían decisivos en Estados Unidos, en Nueva York o en Los Ángeles, en el cine”.

Milena practicó la libertad, también en la sexualidad, con una amiga que fue decisiva, y con la que vivió sus últimos días de vida, Margarete Buber-Neumman en los barracones de Ravensbrück. Las dos se conocieron en ese infierno que había construido en la tierra el nazismo. “Soy Milena de Praga”, así se presentaba Milena Jesenská, una checa, que hablaba alemán, que defendió a los judíos, que practicó el periodismo político, con ideas avanzadas y sofisticadas, sin nada que envidiar a la que sería enorme representante de la filosofía política, Hannah Arendt, a juicio de Zgustova.

Al lado de hombres cultos, activos y libres, hubo también mujeres libres, cultas y con ambición en los años veinte y treinta de una Europa que dejó de existir. Zgustová las recuerda a través de esta joya Soy Milena de Praga.

Pero, ¿y Zgustova? La anécdota es bella e ilustrativa. En la presentación de su libro, Europa, en el Círculo de Economía, el analista de política internacional Timothy Garton Ash, hablaba de Havel, uno de sus grandes mitos. El dramaturgo checo, perseguido por el régimen comunista en su país, que sería presidente de Checoslovaquia, y, después, de la República Checa, fue central en el discurso de Garton Ash. Y mirando al auditorio, al pronunciar el nombre de Havel, "me miraba a mí, todo el rato". Pero Monika Zgustova no conoce a Garton Ash, y no pudo acercarse al terminar el acto, porque tenía otro compromiso y se fue rápido. Ella formuló una pregunta, sobre Havel, claro. Pero antes Garton Ash había clavado sus ojos en los ojos claros de Zgustova. ¿Havel? ¿República Checa? ¿La Europa culta que se hace respetar? Eso lo representa Monika Zgustova.