La historiadora Carmen Guillén, en la entrevista con 'Letra Global'

La historiadora Carmen Guillén, en la entrevista con 'Letra Global' Gala Espín Barcelona

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Carmen Guillén: "Es alarmante ver en TikTok discursos de sumisión femenina idénticos a los del Patronato de Protección a la Mujer"

La historiadora disecciona en 'Redimir y adoctrinar' la institución franquista que encarceló a jóvenes entre 16 y 21 años. Guillén señala que el Patronato se fue por la puerta de atrás, ya con la democracia, en 1985. "No hubo un acto reparador porque la presencia de las monjas estaba naturalizada. No se vinculaba directamente con la represión franquista como sí ocurría con la Sección Femenina"

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Con lentitud, excesiva. Pero todo el aparato franquista se fue desmontando con la llegada de la democracia. En agosto de 1985 se ponía fin a una de las instituciones más terribles e ilustrativas de lo que fue la dictadura. Se trata del Patronato de Protección a la Mujer, que estuvo vigente desde 1944. De proteger nada. Todo lo contrario. Mujeres jóvenes, entre 16 y 21 años, eran encerradas en celdas, con centros repartidos por toda la geografía española, al ser consideradas peligrosas para la moralidad franquista.

Carmen Guillén, en la entrevista con 'Letra Global'

Carmen Guillén, en la entrevista con 'Letra Global' Gala Espín

La mujer sólo podía cumplir un papel, el de esposa devota y madre. Debía ser el pilar de la sociedad franquista. Carmen Guillén, doctora en Historia Contemporánea y profesora en el área de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de Albacete (UCLM), disecciona la institución en el libro Redimir y adoctrinar: El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), editado en Crítica. Su advertencia, sobre lo que sucede hoy, con discursos en las redes sociales en los que se defiende la etapa franquista sin ningún rubor, es diáfana: “Es alarmante ver en TikTok discursos de sumisión femenina idénticos a los del Patronato de Protección a la Mujer franquista”. Es la señal, a juicio de la historiadora, del profundo desconocimiento entre las generaciones más jóvenes de lo que fue el franquismo.

Al analizar el franquismo se piensa en exiliados y presos políticos. Sin embargo, como muestra su libro, la mujer fue la gran damnificada del régimen, con una represión que duró, de forma sorprendente, hasta 1985. ¿Por qué contra la mujer?

Es una represión que, como sociedad, apenas empezamos a calibrar. El foco siempre se puso en el sujeto masculino: fusilados, encarcelados, depurados. Pero el Patronato de Protección a la Mujer ejerció una represión específica que sólo era para ellas, vinculada estrictamente a su cuerpo y su conducta. La mujer era la pieza clave porque transmitía los valores dentro del hogar. Cuando ella se salía del mandato de género —ser sumisa, abnegada y decente—, se volvía peligrosa para el régimen porque su pensamiento podía ser ‘contagioso’.

Es decir, mujeres recluidas simplemente por discrepar del rol de madre y esposa.

Exacto. Los motivos de internamiento giraban en torno a las disidencias: disidencia sexual (ser lesbiana), disidencia moral (no encarnar el rol de cuidadora) y, al final del régimen, disidencia política. Cualquier tensión con lo que el Estado esperaba de una mujer era motivo de encierro.

Llama la atención cómo sistematizaron esta represión. Había centros por toda la geografía española.

Había una estructura estatal y una financiación pública que lo diferenciaba de épocas anteriores. Se articulaba a través de una Junta Nacional —presidida honoríficamente por Carmen Polo— y juntas provinciales. El dinero venía del Ministerio de Justicia, pero el ‘brazo ejecutor’ eran las congregaciones religiosas (Adoratrices, Oblatas, entre otras), que eran quienes realmente controlaban los cuerpos y las conductas.

Portada del libro de Carmen Guillén

Portada del libro de Carmen Guillén

En esa estructura aparece la figura de la celadora. ¿Quiénes eran y cómo las seleccionaban?

Las celadoras, luego llamadas visitadoras sociales, solo necesitaban dos requisitos: ‘ser muy religiosas y ser afines al régimen’. Su trabajo era vigilar espacios ‘peligrosos’ como playas, cines, parques o bailes. También se encargaban de los traslados. Era habitual llevar a una mujer a una provincia lejana para que, al no tener red de apoyo, se viera abocada a la marginalidad. En el momento en que las pillaban cometiendo un pequeño hurto o prostituyéndose para sobrevivir, tenían la justificación real para volver a internarlas. Era un círculo vicioso provocado por el propio Patronato.

Lo más estremecedor es que no solo vigilaba el Estado; la propia sociedad ejercía esa presión por miedo o vergüenza.

El sistema era un control panóptico cotidiano. La sociedad absorbió tanto el discurso moral del franquismo que los propios familiares iniciaban los expedientes. Los padres, avergonzados por el comportamiento de sus hijas, las llevaban a estos centros creyendo que así las ‘redimirían’. El franquismo no inventó estos roles de género, pero los reforzó y los amarró en un momento en que, a nivel internacional, el feminismo ya estaba rompiendo esas estructuras.

Habla de 'trabajo forzado'. ¿Hubo también una explotación económica que hoy es una deuda pendiente?

Totalmente. Pasaban jornadas maratonianas en lavanderías o talleres de costura. No era formación, era explotación gratuita protegida por el Estado. Por eso hoy pedimos que esos años se reconozcan como años cotizados. Muchas supervivientes son hoy ancianas sin pensiones dignas porque trabajaron gratis para el Patronato.

El Patronato desapareció de forma casi invisible en 1985. ¿Por qué no hubo un portazo democrático y qué papel juega hoy la Iglesia en ese silencio?

Se fue por la puerta de atrás, diluido en una ley de presupuestos, porque la presencia de las monjas estaba naturalizada. Hoy tenemos un 'agujero negro' documental: los archivos de las congregaciones siguen cerrados. La CONFER (Conferencia Española de Religiosos) intentó un acto de perdón el año pasado, pero fue un fracaso porque las supervivientes no lo aceptaron. Exigían hablar de bebés robados, violencia y suicidios, y la Iglesia intentó censurarlas. Sin apertura de archivos no hay perdón sincero.

¿Qué nos dice este pasado de nuestra sociedad actual?

Es fundamental hablar de esto porque esos discursos siguen filtrándose. Es alarmante ver en TikTok discursos de sumisión femenina idénticos a los del Patronato de Protección a la Mujer. En esas redes sociales encontramos jóvenes con altavoz que ensalzan la virginidad o la sumisión femenina con argumentos muy parecidos a los del Patronato. Cuando voy a los institutos, veo que el desconocimiento del franquismo es total. Para muchos jóvenes, lo ‘punk’ ahora es adoptar discursos reaccionarios. Necesitamos que esta historia entre en los planes de estudio y en la cultura; es la única forma de sacudirnos unas ideas que todavía nos permean.