La crítica literaria y ensayista Mercedes Monmany, en Barcelona con 'Letra Global'

La crítica literaria y ensayista Mercedes Monmany, en Barcelona con 'Letra Global'

Ideas

Mercedes Monmany: "Trump y Putin odian a Europa porque esta tierra de libertades los deja desnudos"

La crítica literaria y ensayista publica 'Algo quedará de mi', sobre diez "heroínas de la resistencia" en el campo de Ravensbrück: "Europa no es solo Occidente, hay que recuperar la memoria de los que lucharon bajo dos totalitarismos"

También: Juan Gabriel Vásquez: “Vivimos la mayor manipulación jamás vivida que además es eficaz”

Llegir en Català
Publicada
Actualizada

Rescatar del olvido a mujeres que lucharon contra los autoritarismos, con convicciones fuertes, sacrificando situaciones personales. Esa ha sido la intención de la escritora y ensayista Mercedes Monmany, que acaba de publicar Algo quedará de mí (Galaxia Gutenberg), las biografías de diez mujeres, que, frente al terror nazi y soviético, convirtieron su conciencia en la única frontera infranqueable.

Monmany asegura en esta entrevista con Letra Global que su trabajo, desde su profunda identificación con Europa, supone una reivindicación del continente, donde se han producido cruentas guerras, pero desde donde se ha difundido, también, los derechos humanos y el valor de la democracia. Y por ello sostiene: "Trump y Putin odian a Europa porque esta tierra de libertades los deja desnudos".

Europa es compleja. Su pasado constata cómo la modernidad puede llevar a uno de los proyectos más siniestros de la Humanidad. El nazismo estuvo en pie a lo largo de doce años, quiso acabar con todos los judíos en el continente y segó millones de vidas. Pero también hubo un régimen totalitario en la Unión Soviética, pese a haber sido determinante para acabar con el régimen nazi. Monmany incide en esa cuestión a través de una de las mujeres elegidas, Margaret Buber-Neumann, “la testigo”, quien conoció tanto los campos nazis como los soviéticos.

Ella es una de las diez mujeres que se encontraron en el campo nazi de Ravensbrück. Cinco sobrevivieron. Las otras cinco fallecieron. Y la ensayista y escritora las reivindica con fuerza. De las diez, seis formaron parte de la resistencia francesa, que, tras la caída del nazismo, no fueron reconocidas. Malraux consideró esa resistencia como ‘El Ejército de las sombras’, sin apenas mujeres entre todos los que fueron reconocidos. Para Monmany “las mujeres fueron, en realidad, ese ejército de las sombras”.

Portada del libro de Mercedes Monmany

Portada del libro de Mercedes Monmany

Las elegidas por la ensayista “son la conciencia de una Europa que perdió su dimensión humana”.

La autora quiso que esas representantes fueran muy variadas, con profesiones distintas, y de diferentes territorios europeos. Por el propio acceso a las fuentes, sin embargo, Monmany se ha inclinado por mujeres francesas, como la etnóloga Germaine Tillion, que escribió con precisión su paso por Ravensbrück.

También aparecen en el libro de Monmany la dramaturga Charlotte Delbo; la joven aristócrata Anne de Bauffremont-Courtenay; la brigadista Lise London, --camarada de Santiago Carrillo--y la estudiante y sobrina del líder de la Francia Libre, Geneviève de Gaulle.

El resto de Europa lo representan la alemana Margarete Buber-Neumann, que aparece como “la testigo”, porque denuncia tanto la barbarie de los campos nazis como la de los campos soviéticos; la periodista checa y fiel amiga de Kafka, Milena Jesenská; la monja rusa y miembro de la Resistencia francesa, Marie Skobtsova, santa de la Iglesia ortodoxa; la espía británica Violette Szabo y la poeta polaca Grazyna Chrostowska, que fue ejecutada con tan solo veintiún años.

Monmany fija su atención de forma especial en Germaine Tillion. “Con la frialdad analítica de una etnóloga desmenuza el funcionamiento del horror y tiene claro por qué se puede lograr la supervivencia, dejando de lado un cierto misticismo. Primero, la idea del azar, la suerte de no estar en casa en el momento de una delación. Luego, los círculos de apoyo, la solidaridad que se establece en el campo de concentración entre grupos de amigas o resistentes. Y luego lo que se puede relacionar con la ira, la indignación como motor para ‘salir vivas’ y dar testimonio de lo que ha sucedido”.

Eso es de una gran potencia: “Hay que resistir y contar lo que han llevado a cabo”.

Lejos, por tanto, de una figura que Primo Levi llamaría como “musulmán”, aquel que, roto por la depresión, se deja morir y pierde su humanidad antes que la vida. “Era comprensible, personas que arrojaban la toalla, que no podían más, pero frente a esa posición, Tillion insiste en dar testimonio, en aguantar y resistir para explicar al mundo lo que ha impulsado el régimen nazi”.

“El totalitarismo es algo inaceptable”, y frente a él, se requería una respuesta inmediata con “las fuerzas que se tuvieran”.

Otra de las figuras que destaca Monmany, que habla como un torrente, relacionando los nombres con diferentes situaciones y las vidas de otros seres que se encuentran en las mismas circunstancias, es la madre María Skobtsova, una aristócrata rusa cuya trayectoria vital parece un compendio del siglo XX: de la vanguardia poética de la ‘Edad de Plata’ a alcaldesa bolchevique, para terminar como monja en París, salvando a niños judíos de la deportación.

La escritora y ensayista Mercedes Monmany, en la entrevista con 'Letra Global'

La escritora y ensayista Mercedes Monmany, en la entrevista con 'Letra Global'

No vive Skobtsova en un convento. Prefiere una “casa abierta” de acogida que simboliza la idea central que Monmany desea difundir: “la resistencia no fue solo un acto militar, sino un impulso vital de higiene moral”. Y tanto la aristócrata rusa como la francesa Tillion, ejemplifican esa oposición total al totalitarismo. Monmany se refiere a una cuestión central: “El honor es como el amor, es un instinto”, y eso está en el corazón de todas las mujeres de las que habla la autora en su libro.

La autora no se engaña ni engaña. En Francia, por ejemplo, la Resistencia no fue numerosa. La ocupación nazi no generó una gran oposición. Y hubo “indiferentes”. Monmany recoge las impresiones de Sartre: “Sartre decía que no nos podíamos engañar, que había poca resistencia porque había miedo. Fueron unos valientes, unos cuantos valientes, y, entre ellos, no nos olvidemos, bastantes mujeres, que llegaron a ser jefes de redes de resistencia”.

El drama se cierne, tras la liberación y el final de la II Guerra Mundial, en el este de Europa. La autora reivindica, a través de las vidas y experiencias de esas diez mujeres, una Europa unida frente al totalitarismo. Y, en especial, esa Europa del este que fue entregada a Stalin. “Mis amigos polacos, húngaros, checos, sufrieron un régimen totalitario cuando el oeste gozaba de libertades”, señala.

Y surge en la conversación el libro de Emmanuel Carrère, Koljós, cuando el escritor explica que su madre, Hélène Carrère d’Encausse, se burlaba de los estudiantes de mayo del 68, y se fijaba con preocupación en la revolución democrática aplastada por los soviéticos en Praga. “Me encantó esa parte, porque Carrère explica sin miramientos las cosas de su madre y las nombra por su nombre, sin tapujos, como la relación que ella tenía con el círculo de Brasillach, --fusilado tras la Liberación--que eran colaboracionistas. Y es que se debe decir todo, también sobre los que se consideraron resistentes, y, en realidad, hicieron muy poco por combatir el nazismo”.

También aparece un comentario que recoge Carrère, que es ilustrativo sobre cómo debemos analizar la historia, a juicio de Monmany. Y es que se puso de moda en los círculos progresistas de París una frase: “Preferimos equivocarnos con Sartre, que acertar con Raymond Aron”, ya que a Aron se le consideraba un pensador de derechas, al relacionar a alguien comprometido con el liberalismo político con la derecha. Y con eso se asumía el comunismo totalitario que se había impuesto en el este de Europa.

Sartre había llegado a decir que eran ciertos los “excesos” del comunismo, pero que “no menos cierto” era que el capitalismo los utilizaba para desacreditar el llamado, entonces, “socialismo real”. Monmany se gira en su silla: “Estoy con Aron, claro”.

La escritora y ensayista Mercedes Monmany, autora de 'Algo quedará de mí'

La escritora y ensayista Mercedes Monmany, autora de 'Algo quedará de mí'

La figura de De Gaulle, el héroe de la resistencia, cobra un nuevo protagonismo en los tiempos de Donald Trump. Monmany recuerda los recelos que el viejo general mostraba respecto a Estados Unidos. “Y parece que acertó, porque Europa no podía depender de un país cuyo presidente podría tener otros intereses con el paso del tiempo. Se ha demostrado que es así”.

“Muchos de mi generación lo vieron como una especie de militar que, con el mito de mayo del 68, se recordó como un autoritario. Pero yo le tengo un respecto. Vio que Estados Unidos tenía una visión imperial. Y ahora vemos por qué los autoritarios odian Europa. Es una tierra de libertades, de justicia, de derechos que se pueden reclamar, de igualdad, con todos los defectos que se quiera, y que se pueden ir corrigiendo sobre la marcha. Trump y Putin odian a Europa porque esta tierra de libertades los deja desnudos", sentencia Mercedes Monmany, que reclama una atención especial sobre las vidas de diez mujeres excepcionales, las voces de una Europa que se negó a ser asimilada por el nazismo, aunque se necesitó, --la autora también lo deja claro-- "la ayuda de Estados Unidos y de la Unión Soviética".