El escritor y periodista Juan Gabriel Vásquez en la entrevista con 'Letra Global', en un hotel de Barcelona

El escritor y periodista Juan Gabriel Vásquez en la entrevista con 'Letra Global', en un hotel de Barcelona

Ideas

Juan Gabriel Vásquez: “Vivimos la mayor manipulación jamás vivida que además es eficaz”

El escritor señala que “el periodismo sigue siendo un lugar de resistencia”, tras publicar una selección de sus mejores columnas de opinión en ‘Esto ha sucedido’

También: Javier Cercas, el ciudadano comprometido

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Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) reclama una mayor responsabilidad por parte de todos. De los lectores, en tanto que ciudadanos, y de los creadores literarios, los que tienen altavoces, a través de columnas de opinión, para intervenir en el espacio público. El escritor, autor de obras como Los informantes, Historia secreta de Costaguana, El ruido de las cosas al caer (Premio Alfaguara, Premio Gregor von Rezzori-Città de Firenze) o La forma de las ruinas, acaba de publicar Esto ha sucedido (Alfaguara), una selección de artículos en El País escritos en los últimos cinco años (el primer artículo es de 2021), en los que refleja la enorme transformación que se ha producido a la hora de tomar conciencia –o no—de todo lo que nos rodea.

En esta entrevista con Letra Global, Vásquez, uno de los mejores escritores en lengua española, refleja el tsunami: “Vivimos la mayor manipulación jamás vivida que además es eficaz”. Su posición es firme, tenga el efecto que tenga, aunque con la esperanza de que, como una gota constante, vaya perforando la roca: “El periodismo sigue siendo un lugar de resistencia”.

¿Qué ha sucedido? Un escritor que quiere incidir en el espacio público ve recopiladas sus columnas, que se transforman en un libro que se puede leer como un largo ensayo. “Mi convicción es que desde 2016 hemos vivido en una realidad nueva. Nuestro rol de periodistas ha cambiado. El articulista de opinión se ha visto transformado y me parece que, tras la pandemia, ese cambio ha sufrido una vuelta de tuerca. Tenemos sociedades más desconfiadas, más complejas. Viven atenazadas por dos fuerzas tan nefastas que son, por un lado, los autoritarismos al estilo de Trump, y por otro lado por la influencia de las plataformas tecnológicas en nuestras vidas como ciudadanos”.

El choque, que no debería ser tal, llega a partir del propio título del libro. Vásquez lo justifica: “El libro se llama como se llama –Esto ha sucedido—porque me parece que en este periodo, los últimos cinco años, cada vez es más difícil para los que comentamos la realidad hacer lo que dice el narrador de La Peste, de Camus, en las primeras páginas de la novela, que es la labor del cronista. Es decir, esto ha sucedido cuando ve que, en efecto, esto ha sucedido”.

Vásquez ha seleccionado los artículos por temas: sobre la verdad y la mentira; sobre la violencia y la memoria; y sobre el arte, sobre la literatura en particular y el arte en general.

El gran cambio no ha llegado con las informaciones falsas. Éstas siempre han existido. Noticias que contenían algo de verdad, pero que se presentaban con claros objetivos por parte del emisor. La gran transformación –emulando un título de Polanyi—ha llegado con un trueque: “La antigua mentira política o mentira mediática de toda la vida con la que habíamos aprendido a convivir y que nos parecía un efecto colateral de cualquier discusión de la realidad ha desaparecido en favor de una realidad donde lo que pasa es que ya no importa qué es verdad y qué es mentira”.

El escritor Juan Gabriel Vásquez, autor de 'Esto ha sucedido' en la entrevista con 'Letra Global'

El escritor Juan Gabriel Vásquez, autor de 'Esto ha sucedido' en la entrevista con 'Letra Global'

¿Y qué efectos tiene? El escritor y periodista se pone serio. “Hay un doble movimiento, por un lado, los gobiernos autoritarios, en confluencia con los plutócratas de la tecnología, están interesados, por razones distintas, en lograr un ciudadano confundido, desorientado. No se trata tanto de de mentirle de forma constante, sino de provocarle que ya no sepa qué es verdad y qué es mentira”.

La cuestión, por tanto, es que ese ciudadano “es más manipulable y eso interesa enormemente. Pero, por otro lado, también hay una sociedad a la que cada vez le importa menos”.

La conversación deriva hacia las diferencias entre generaciones. Las más jóvenes, crecidas ya con las nuevas tecnologías, mediatizadas por ellas, podrían no reaccionar, asumiendo que el mundo en el que viven es así, sin otras alternativas.

Vásquez entiende que la responsabilidad es de todos, y que se debe interiorizar. “Creo que debemos reivindicar un nuevo contrato social en el que cada uno de nosotros asuma una responsabilidad ciudadana en la transmisión de las informaciones que recibimos, ya que todos somos agentes de información”.

Portada del libro de Juan Gabriel Vásquez

Portada del libro de Juan Gabriel Vásquez

Ese es uno de los objetivos del libro, que cobra una gran fuerza al presentar artículos agrupados por temas. “Una de las conversaciones que el libro quiere poner sobre la mesa es la de la responsabilidad ciudadana en tiempos de manipulación colectiva, porque lo que estamos viviendo es la mayor manipulación colectiva jamás vivida y también la más eficaz”.

El amor al periodismo es total. ¿Puede todavía desarrollar un papel central, está a tiempo de mantener esa defensa del ciudadano frente a la manipulación y el poder? Juan Gabriel Vásquez no tiene dudas. “El periodismo sigue siendo, a pesar de los mayores esfuerzos de sus enemigos, un lugar de encuentro para la ciudadanía y un lugar de resistencia desde el cual se sigue fiscalizando a los poderosos y denunciando sus excesos, y, a pesar de que su impacto puede ser limitado, el impacto tiene que existir”.

La prueba, a juicio de Vásquez, es que los autoritarios buscan acabar con los periodistas. Desde “las rabietas de Milei a los Daniel Ortega de turno”.

El escritor se coloca al lado de Javier Cercas, quien reivindica con fuerza el papel de los escritores, un rol que tuvo en otros momentos de la Historia, el de involucrarse de lleno en los asuntos. Nada de encerrarse en una torre de marfil.

Vásquez incide en que, en realidad, no se trata de dos figuras opuestas, la del escritor y la del periodista. “Lo que hay son dos formas de explorar la realidad. El novelista escribe desde un lugar de incertidumbre, escribe para averiguar. El periodista de opinión escribe desde un lugar de convicción. Como novelista escribo para hacer preguntas, como periodista de opinión escribo para tratar de dar una respuesta posible”.

Pero lo que señala el escritor y periodista es que la ruptura que se ha producido es de una gran dimensión. Cuesta asumirla. Alcanzar consensos sobre cualquier ámbito se antoja ya una quimera. Las redes han dado la puntilla a esa posibilidad. “Lo que existe es una ruptura de nuestra realidad común. El concepto de realidad común en la que todos vivimos y que interpretamos de manera distinta según quienes somos ha dejado de existir para mí y vivimos como consecuencia de la dinámica digital”.

El escritor y periodista Juan Gabriel Vásquez, en la entrevista con 'Letra Global'

El escritor y periodista Juan Gabriel Vásquez, en la entrevista con 'Letra Global'

Lo señala Vázquez al analizar la fuerza de los algoritmos. Cada uno consume aquello que le proporciona el algoritmo, en función de lo que ha visto y leído previamente. Ello provoca una ruptura de la realidad compartida. “Y, por tanto, una ruptura de nuestra capacidad para negociar entre nosotros como ciudadanos para entender de dónde sacan otros sus ideas”.

¿Esperanza, o la única vía posible para revertir la situación? “Yo tengo la esperanza de que la escritura de ciertos textos periodísticos y, en particular, la escritura de ficción sirva para eso, para romper esas barreras e instalarnos exitosamente en el punto de vista que tiene el otro, y ver el mundo desde otros ojos, aunque sea durante el corto tiempo de la lectura”.

Porque, ¿qué pretendían ciertos gurús que asesoran a esos líderes autoritarios como Trump? Vásquez recuerda la intención verbalizada públicamente por Steve Banon. No les importaba la posición de los demócratas, sino la de los medios de comunicación. Y lo que pedía era “inundar de mierda” esos canales de información.

“Es que, para gente como Musk, Milei o Banon, el peligro está en los periodistas, a los que odian. Si eso es así, lo que yo digo es que deberíamos cobrar conciencia los ciudadanos. A pesar de que el periodismo sea un oficio defectuoso, y pueda ser sesgado, merece nuestra defensa si queremos conservar esto que se llama democracia”.

El escritor se pronuncia sobre una cuestión capital. El autoritarismo cobra fuerza al criticar el proceso de globalización y las democracias liberales, que habrían dejado a un lado a los perdedores de ese proceso. Sin embargo, esos errores ¿justifican lo que sucede ahora, o es una excusa para llevar a cabo un proyecto autoritario ya diseñado previamente?

“Ha habido errores, claro, atrocidades, incluso, en nombre de esas democracias liberales, y se han criticado. Pero, tal vez, a los partidarios de esas democracias se nos olvidó defender los logros. Y no caímos en la cuenta de que existían. Se abrió un espacio para que ciertas fuerzas desde dentro desmantelaran estas democracias liberales y eso es lo que estamos viviendo, particularmente en Estados Unidos”.

El liberalismo político está en sus horas más bajas. Sin Estados Unidos, ¿qué faros podrían iluminar ahora?

El escritor entiende que existe el peligro de que todo un mundo se vea finiquitado, el que se construye a partir de la revolución francesa y la americana. “Se construyeron unas ficciones, unos cuentos y decidimos creer en ellos. Creímos en la libertad de expresión, en los derechos humanos. Y durante 200 largos años hemos vivido con ellos. Ahora se ven reemplazados por otros relatos regresivos, nefastos. Y las consecuencias están siendo ya catastróficas”.

Porque, ¿qué se puede perder? Vásquez entiende que debería seguir vigente una máxima utilitarista, la que defendía Stuart Mill, el máximo bienestar para el máximo de personas posible. Y cita a Javier Cercas, en su libro de artículos, cuando habla de Eric Hobsbawm, quien sostenía que "la única sociedad en la que vale la pena vivir es la sociedad que está construida para gente que no es excepcionalmente inteligente, excepcionalmente fuerte o excepcionalmente talentosa". Y que, por tanto, "la única justificación para una organización social es proteger a los débiles, reducir el sufrimiento de los que sufren, hacer la vida un poco más fácil a los que lo tienen más difícil".

En América Latina el virus del populismo y de las vías autoritarias ha cobrado también mucha fuerza. El escritor considera que el continente vuelve a estar dividido. "Es un continente dividido otra vez, como en la Guerra Fría, entre lo que Vargas Llosa llamaba los sables y las utopías. En medio hay intentos de gobiernos democráticos con mucha dificultad y siempre con coqueteos hacia un lado o el otro".

España vive su particular momento, con una división distinta, a juicio de Vásquez. "El diagnóstico que puedo hacer con más certeza es que España vive un divorcio muy extraño entre la gente y la realidad política o mediática. Hay fuerzas muy interesadas en tomar el envenenamiento y la crispación del mundo político y transmitírselo a los ciudadanos para dividirlos, para enfrentarlos entre sí".

¿Y lo han conseguido, o lo pueden conseguir? "Creo que no lo han conseguido todavía, pero la conversación pública se envenena, y los únicos que se benefician son las fuerzas políticas y las plataformas mediáticas, cuyo modelo de negocio se basa en, como decía mi amigo Giuliano da Empoli, en subirle la temperatura a la habitación".

Esos ciudadanos, en algunos países, han optado por opciones populistas y autoritarias, como ha sucedido en Estados Unidos con Trump, que ha distorsionado todo el planeta. El escritor insiste en reclamar responsabilidades.

"El economista Galbraith lo dijo con claridad: 'Todas las democracias viven bajo el miedo a la influencia de los ignorantes'. Con esto quería decir que siempre en toda sociedad hay un pequeño porcentaje de gente dispuesta a creer cualquier cosa, lo más descabellado. Y la labor de la educación en un estado funcional está en mantener ese porcentaje en sus mínimos. Y ya no está en sus mínimos, ya son, incluso, mayoría".

¿Entonces? "Hay que pedirles cuentas a aquellos que por desinformación, por negligencia, por ceguera voluntaria, por sesgos políticos o ideológicos, están dispuestos a creer en una versión de la realidad que sencillamente es antidemocrática, insolidaria y violenta".