'Un día con Peter Hujar'

'Un día con Peter Hujar'

Cine & Teatro

'Un día con Peter Hujar' o el reto de atrapar el instante

La cineasta Ira Sachs aborda lo cotidiano, lo anodino y hasta lo banal en una película experimental, basada en un largo monólogo sugestivo y lleno de profundidad, sobre el artista estadounidense, víctima del sida con apenas 53 años

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El 19 de diciembre de 1974 la escritora Linda Rosenkrantz se presentó en el apartamento neoyorquino de su amigo el fotógrafo Peter Hujar con una grabadora y le pidió que contara con detalle lo que había hecho a lo largo del día anterior. El encuentro formaba parte del proyecto de un libro que reuniría una sucesión de testimonios de artistas hablando de su cotidianeidad. La autora abandonó la idea poco después y esa grabación cayó en el olvido. En 2019 se encontró una transcripción en la Morgan Library, donde están depositados los archivos del fotógrafo. La conversación se editó en forma de libro y ahora Ira Sachs (Memphis, 1965) la ha convertido en una película: Un día con Peter Hujar, que se estrena este viernes en Filmin. 

Dura 76 minutos, cuenta con solo dos actores -Ben Whishaw (en el papel de Hujar) y Rebecca Hall (en el papel de Rosenkrantz)- y un único escenario, el apartamento del primero en el Upper East Side, con vistas al río. La película se limita a poner en escena la conversación, o más bien monólogo de Hujar con algunas preguntas de su interlocutora. Jamás muestra a modo de flashback nada de lo contado. Es un experimento radical, centrado en lo cotidiano, lo anodino y hasta lo banal. Y es también una cápsula de tiempo. Depende de la mirada que aplique el espectador, puede fascinar o provocar sopor. Pero la propuesta de Ira Sachs es más compleja, sugestiva y llena de capas de lo que parece a simple vista. 

'Un día con Peter Hujar'

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Para quien no lo conozca, Peter Hujar (1934-1987) fue un fotógrafo estadounidense que llegó a Nueva York de adolescente con su madre y su padrastro. Trabajó para diversas publicaciones y realizó explícitos desnudos homoeróticos que no dejaban nada a la imaginación, en la línea de los de Mapplethorpe, su mucho más célebre coetáneo. También retrató a la élite intelectual -figuras somo Susan Sontag, Fran Lebowitz y William Burroughs- y se codeó con personajes de la Factory warholiana. Su imagen más icónica -entre otras cosas porque se utilizó en la portada del disco I Am a Bird Now de Antony and the Johnsons- es Candy Darling en su lecho de muerte, retrato de una de las superstars transexuales de Warhol.

La imagen, una poderosa y transgresora celebración de la fugacidad de la vida, la muestra maquillada, en pose de glamurosa diva y rodeada de flores, en la cama del hospital en el que falleció en 1974, con solo 29 años, de un linfoma. En la década siguiente morirá el propio Hujar, también joven, a los 53 años, víctima del sida. Cumpliendo su voluntad, su cadáver fue objeto de una sesión fotográfica llevada a cabo por su pareja, el artista David Wojnarowicz, que también falleció de sida unos años después. 

'Un día con Peter Hujar'

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De todos estos datos no se hace mención alguna en la película, pero es relevante tenerlos en cuenta, porque el largometraje es, entre otras cosas, una suerte de memento mori que celebra el simple hecho de estar vivo. De entrada, Un día con Peter Hujar puede leerse como una chismosa evocación de la escena cultural del Nueva York de los años setenta. En el largo monólogo del protagonista van apareciendo unos cuantos nombres de personajes con los que se codeó y a los que fotografió; Sontag, Lebowitz, Bob Wilson, el pintor Ed Baynard y otras figuras menos conocidas. 

Además, la parte central del día narrado la ocupó una sesión fotográfica para The New York Times con Allen Ginsberg, al que fue a retratar en su casa del Lower East Side, a unas pocas calles de la suya. Allí, cuenta Hujar, se topó con Peter Orlovsky muy envejecido y con una chica. Ginsberg, que pasó de meditar a hablar de pollas, se mostró altivo y desconfiado, y el fotógrafo se sintió menospreciado por el divo de la bohemia, cuya confianza se acabó ganando cuando le explicó que había fotografiado a Burroughs. 

'Un día con Peter Hujar'

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El retrato de la sesión con Ginsberg es el tramo más desarrollado y detallado del discurso de Hujar y podría pensarse entonces que esta película es ante todo el de documento testimonial de un mundillo cultural ya desaparecido. Sin duda estos chismes tienen su gracia para cualquiera fascinado por la Nueva York de los setenta, pero el verdadero valor del largometraje está en otro lado. En la mera evocación de lo cotidiano, en la fuerza que adquiere la anécdota más nimia. Hujar cuenta lo que comió, cuánto le costó, que un amigo vino a ducharse a su casa, que una editora francesa de Elle lo llamó desde el Hotel Chelsea para venir a buscarle unas fotos de Lauren Hutton, que bajó a comprar comida china, que hizo una siesta, que se pasó horas revelando fotos en el cuarto oscuro…

Y de tanto en tanto, entre estas acciones cotidianas asoma. a través del perspicaz ojo fotográfico del narrador, un atisbo de algo parecido a la poesía de la realidad: el encuentro mientras va camino de la casa de Ginsberg con un puertorriqueño amenazante que sale de una casa con la cara manchada de pintura; la contemplación de un tipo que en el take-away chino hace dibujitos en un papel mientras espera, las conversaciones de las prostitutas que hacen la calle bajo su ventana y le impiden dormir… 

'Un día con Peter Hujar'

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La película explicita la distancia entre los vivido y lo contado, entre la verdad de una fotografía y la ficción de una narración evocadora. Asoman en el discurso del narrador lapsus o contradicciones que su interlocutora le señala. Ira Sachs convierte su largometraje en una mise en abyme, en la que lo vivido es contado y a su vez escenificado por unos actores. El cineasta recalca el artificio rompiendo en varios momentos la cuarta pared. Un día con Peter Hujar arranca con una claqueta que da inicio al rodaje de una escena y en mitad de otra vemos en un plano a parte del equipo de filmación. Los actores cambian abruptamente de escenario -la sala, la cocina, el dormitorio, la terraza, el terrado- e incluso hay saltos de racord porque de pronto llevan un jersey de un color diferente. Además, Sachs no ha rodado en digital, sino con celuloide y en varios momentos hace tangible la entidad física del material: los fotogramas en blanco del final de un rollo, saltos o defectos en la imagen, cortes de sonido, texturas… 

Como parte de esta artificiosidad, se suman varios interludios en los que la cámara filma a los actores posando y escuchamos fragmentos del Réquiem de Mozart. Este recurso musical puede resultar de entrada chocante y parecer pretencioso. Sin embargo, no es azarosa la elección precisamente del Réquiem, porque recordemos que la película es un memento mori. Hay un momento, ya de noche, en el que los dos protagonistas, a la luz de las velas, hablan del paso del tiempo y de cómo empiezan a sentir en sus cuerpos los primeros achaques de la edad, que nunca creyeron que llegarían. 

'Un día con Peter Hujar'

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Esta exploración de lo cotidiano y anodino la han llevado a cabo escritores como Joe Brainard -I Remeber- y Georges Perec, en tantos libros en los que se empeñó en levantar acta de lugares, recuerdos infantiles, sueños… en su empeño de forjar documentos contra el olvido. La propia Linda Rosenkrantz trabajaba también en esta línea. En 1968 publicó la novela La charla -que rescató hace una década Anagrama-, en la que tres amigos de la autora mantenían una larga conversación en una playa sobre temas diversos, como el sexo, las drogas, el final de la juventud, las preferencias literarias y musicales... La novela está construida sintetizando horas de grabaciones de conversaciones reales, transcritas tal cual para mantener la frescura de la oralidad. 

En el ámbito cinematográfico hizo algo similar el director underground Jonas Mekas con sus diarios filmados, que dieron obras extraordinarias como En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza. Y en fotografía el italiano Luigi Ghirri ha explorado estos territorios con sus catálogos de escenarios insignificantes como pueblos turísticos fuera de temporada. Hay en la larga conversación de Un día con Peter Hujar algo de ese otro experimento magistral que fue Mi cena con André de Louis Malle, en la que André Gregory y Wallace Shawn conversaban sobre lo divino y lo humano, sobre todo y sobre nada en un restaurante. 

'Un día con Peter Hujar'

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Ira Sachs, cineasta gay e indie que se ha asomado en ocasiones al mainstream -ha rodado con Pierce Brosnan e Isabelle Huppert- ha desarrollado su carrera entre Estados Unidos y Europa. Entre sus títulos destacan El amor es extraño -en la que dos extraordinarios actores, John Lightwood y Alfred Molina, interpretaba a una pareja de homosexuales maduros- y Verano en Brooklyn, pequeña y hermosa historia de la amistad de dos chavales, puesta a prueba por un conflicto económico entre sus progenitores. Aunque sin duda su obra más ambiciosa es Passages, rodada en París y que pone en escena un triángulo amoroso entre una pareja gay y una chica.

En esa película trabajó por primera vez con Ben Whishaw, que repite en Un día con Peter Hujar, su propuesta más osada. Su premisa recuerda a la de un poema de Joseph Brodsky, Noche de invierno en Yalta. En él describe una escena anodina en un bar anodino en un mes de enero en Crimea: nieva, apenas hay gente en la calle y los restaurantes están vacíos. Nada hay inolvidable, sublime o trascendental en esa cotidianeidad. Y sin embargo, el poeta cierra con estos versos: “¡Detente instante! No eres maravilloso/sino irrepetible”.