Una imagen de Brigitte Bardot

Una imagen de Brigitte Bardot RTVE

Cine & Teatro

La verdad sobre Brigitte Bardot

La actriz encarnaba a la mujer como objeto sexual, y cabe decir que es una maravilla de cierto feminismo que pueda reivindicar eso y a la vez denostarlo, según convenga. Es una operación difícil, pero se puede hacer, como estamos viendo

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La muerte, a los 91 años, de Brigitte Bardot, la famosa actriz francesa, ha sido comentada extensamente en nuestra prensa, como si su aportación al mundo hubiera sido en algún sentido significativa.

Un proverbio latino, ya muy entrado en desuso, recomendaba que De mortuis nihil nisi bonum, es decir: de los muertos no hay que decir sino lo bueno. Pero en este caso ¿qué de bueno se podría decir de la difunta?

Sólo una cosa, y ésta además indiscutible: que estaba buena. Que excitaba a los varones con su boca suculenta. Pero como enunciar esta llana y sexista verdad hubiera sido incurrir en machismo, hemos podido disfrutar especialmente de los malabarismos retóricos de unas cuantas mujeres periodistas intentando encontrar en su trayectoria fílmica y personal algo que fuese trascendente, o por lo menos valioso, y que justificase la tinta derramada.

La vulgaridad de Saint-Tropez

Se han vuelto locas –y locos— presentando a la famosa actriz rubia (teñida) como un adalid, acaso inconsciente, de la liberación de la mujer (“hacía lo que quería”, “era libre”, se ha repetido con admiración), y hasta como signo de la revolución en los valores y en los nuevos hábitos de relación entre los géneros, y en este sentido se la ha intentado relacionar como precursora del movimiento de mayo del 68, especialmente, claro, en las costumbres sexuales.

La actriz francesa Brigitte Bardot, en una imagen de su etapa como activista animalista

La actriz francesa Brigitte Bardot, en una imagen de su etapa como activista animalista Europa Press / Fotomontaje CG

La verdad es que la liberación o la desenvoltura en las relaciones sexuales no fue una aportación de mayo del 68, ni mucho menos de Brigitte Bardot: fue una consecuencia de la invención de la píldora anticonceptiva.

La desnuda verdad es que todos esos elogios se podrían haber aplicado igualmente a Ava Gardner, a Marilyn Monroe o a cualquier otra actriz sexy. Con la diferencia, si se quiere, de que Marilyn tenía una gracia risueña y bordaba su papel de rubia tonta de buen corazón, y Ava tenía aquella sombra de misterio, de pecado. Bardot lo que tenía era pechos y labios, chic vestimentario parisiense y cierta vulgaridad de chica que juega en el bistrot al millón sacudiendo todo lo que tiene y pasa por detrás un chavalote con unas copas encima y le palmea el culo.

Pensándolo bien, quizá fuese esa vulgaridad la sustancia de su atractivo, y de su sintonía con los tiempos, que se precian de su vulgaridad. ¿Hay cosa más vulgar que vivir en Saint-Tropez? Sí: vivir en Saint-Tropez y lamentar que en cuanto sales de casa un paparazzo te saca fotos.

Imagen de Brigitte Bardot en la playa

Imagen de Brigitte Bardot en la playa EFE

La celebración póstuma y vindicación feminista y libertaria de Bardot presentaba la dificultad añadida de su condición de chiflada cascarrabias: un gran refinamiento de la figura típica de la anciana desgreñada de los gatos y las (repulsivas) palomas; a diferencia de esas ancianas algo perturbadas por la soledad, que suelen ser más bien pobres, llevar un abrigo raído y manchado y ducharse poco, Bardot, gracias a su “belleza” (o sea: su sex-appeal), había amasado una fortuna, con lo cual podía llevar sus desvaríos animalistas a la portada del Paris Match, o presentarse, por ejemplo, en Bucarest, cuando la capital rumana se proponía acabar con las numerosas bandas de perros callejeros que daban peligro a los transeúntes, y obligarlas a desistir de sus higiénicos propósitos exterminadores.

Objeto sexual

Para aumentar la dificultad del elogio feminista, Bardot era, además, patriotera y pugnazmente ultraderechista. Sus periódicas declaraciones xenófobas resultaban de lo más desagradables (fue multada repetidamente por incitar al odio) y denotaban la misma falta de cordialidad humana que ella proclamaba además explicitando su preferencia de los animales sobre los seres humanos, pero incluso esas declaraciones inspiradas en Diógenes se han podido rescatar excusándolas bajo el paraguas del concepto de su “libertad” e independencia de lo que los otros digan, celebrándolas como un defectillo menor, un capricho sin importancia.

Encarnaba a la mujer como objeto sexual, y cabe decir que es una maravilla de cierto feminismo que pueda reivindicar eso y a la vez denostarlo, según convenga. Es una operación difícil, pero se puede hacer, como estamos viendo.