Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, con al 'Guernica' de fondo / EFE

Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, con al 'Guernica' de fondo / EFE

Artes

Después de Borja-Villel no hay que buscar a otro Borja-Villel

El director del Museo Reina Sofía está cuestionado tras quince años de mandato, pero lo que debería surgir es una crítica sobre la ineficacia de la administración

21 enero, 2023 20:00

¿Ha sido Manuel Borja-Villel --director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) desde que ganó el concurso para dirigirlo en 2008-- víctima de una campaña orquestada para evitar a toda costa que, quince años después, agotado por imperativo legal su mandato, aspirase a presentarse al nuevo concurso que, tanto por su experiencia, éxito y prestigio internacional como por los apoyos políticos de que goza, con toda probabilidad hubiera ganado?

Pues, un poco, sí.

¿Es verdad, como sostiene el editorial de un medio de extrema izquierda, que “es la caverna de siempre la que grazna contra la labor de Borja-Villel al frente del MNCARS?”

Pues no, no, no es verdad. Eso de los graznidos sólo es una caricatura maniquea de la realidad. No es “la caverna de siempre” ni ningún otro tópico agente del Mal y de la Regresión el que, después de mucho tiempo de silencio y murmurante resignación, al enterarse de la posibilidad de que Manolo Borja prolongase su mando ha salido a impedirlo a base de artículos y editoriales, algunos por cierto muy bien razonados (para empezar, con la obviedad de que quince años son harto suficientes al mando de una institución así). Y acusándole además de irregularidades en las que, dicen, incurrió, por ejemplo en la adquisición de obras, y que él niega como injurias malintencionadas y denunciables. A esos artículos y editoriales hay que sumar voces independientes representativas de una sensibilidad artística conservadora --por ejemplo, la de Andrés Trapiello, que tras visitar el MNCARS y no poder ver La Tertulia de Pombo, de Solana, y otros hitos de la pintura española del siglo XX porque no se exponían, “tiró la primera piedra” con un artículo al que seguirían otros como si se hubiera roto un tabú--.

No es la caverna 'de siempre'

Y a esa sensibilidad se suman muchos elementos del escenario del arte español actual, artistas, galeristas, otros agentes locales que durante el reinado de Borja-Villel se han visto o sentido marginados, cerradas para ellos las puertas del buque insignia del arte español. Además, el sesgo político de la nueva ordenación de la colección, con una nueva y atrevida contextualización de la obra artística en sí y la incorporación de otras voces, soportes y lenguajes, también ha sublevado a muchos núcleos que difieren de esa visión. Así que una compleja trama de disidentes de diverso pelaje, y no la “caverna de siempre”, ha encontrado aquí la coyuntura propicia, “ahora o nunca”, para vedarle el paso a una nueva coronación. Como así ha sido.

Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía / EP

Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía / EP

Por lo demás, al margen de la estima o la inquina que se sienta por Manuel Borja-Villel, y al margen de sus potenciales, futuras contribuciones al escenario del arte español desde el lugar que sea, su suerte personal no es significativa para el futuro del Reina Sofía ni puede ser objeto de estas líneas.

Pero quiero abrir un paréntesis para desearle lo mejor, manifestarle mi agradecimiento por las sorpresas agradables que su inteligencia me ha dado a lo largo de los años, y alabar sin cicatería la labor y los continuos logros de un profesional que siempre ha querido y sabido elevar el nivel del MACBA, primero, y luego del MNCARS, hasta un estatus académico capaz de marcar diferencias en la narrativa y la exposición de las obras, el nivel de responsabilidad de la institución con la historia, y, finalmente, su reputación internacional.

Ineficacia clamorosa

Como en tantos profesionales de mi edad, en diversos campos, yo creo detectar en él las deficiencias de una generación acostumbrada a enumerar valores pero que ignora su práctica, y mayormente incompetente –o desinteresada: el resultado es el mismo— en la reorganización y renovación de métodos de trabajo conjuntos, inclusión de los distintos profesionales en tomas de decisión importantes y en la necesaria des-jerarquización del museo. Le veo en la mentalidad del héroe o del Llanero Solitario, que es una mentalidad que suele ganarse enemigos y que se compadece mal con el signo de los tiempos; y lo peor sería, será, que probablemente se le quiera sustituir buscando un héroe con un perfil “parecido a él”, lo cual es ir abocados directos al fracaso, pues “a Orestes sólo se le parece Orestes”. Se necesita otra cosa.

En cuanto a las irregularidades de las que se le acusa, sean ciertas o pueda desmentirlas categóricamente (yo no dudo de su honestidad ni por un nanosegundo en el metaverso), ésta es una ocasión tan buena como otra cualquiera para decir que la Administración española es de una ineficacia clamorosa, y particularmente paquidérmica y ajena a lo que la cultura necesita. Sus laberínticas normativas y ordenanzas rígidas, concebidas sin duda con las mejores intenciones para evitar la corrupción, ni evitan la corrupción, que se cuela por todos los intersticios, ni facilitan una gestión ágil y eficiente de las instituciones.

En cuanto al Reina Sofía nos encontramos con un museo-aeropuerto poco sostenible, administrativamente avejentado y con la necesidad de motivar a las nuevas generaciones y a las comunidades artísticas. Es perfectamente pensable que la división piramidal entre director y subdirectores sea sustituida por otra forma de gobernanza. Es perfectamente pensable un debate sobre las metas y los conceptos que deben regir la nueva etapa del MNCARS.