Joaquín Tusquets de Cabirol, en febrero de 1957

Joaquín Tusquets de Cabirol, en febrero de 1957 dArchivo Fotográfico Joaquín Tusquets de Cabriol

Artes

Tusquets de Cabirol, más que memoria

Una exposición retrospectiva desvela al completo el trabajo de este químico, empresario y fotógrafo barcelonés aficionado, testigo inédito de la Cataluña de posguerra

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Allá por los años cuarenta y cincuenta, Joaquín Tusquets de Cabirol (1904-1979) miraba hacia todos lados con una cámara Rolleiflex en las manos y al hacerlo, casi sin querer, fue dejando rastro de la vida a ras de suelo, sin más enigma que el transcurrir de los días, con el desconchón del tiempo, que a veces resulta festivo y que, por momentos, adquiere un siniestro color de abismo. Son las suyas imágenes lúdicas y severas, depende. Cálidas y silenciosas. Poéticas y cercanas.

A esa pasión de la fotografía dedicó su vida, discretamente, este perito de formación mientras dirigía una fábrica química. Sumó varias décadas entregado a sacar instantáneas de manera discreta en su tiempo libre, preferentemente los fines de semana, embadurnado de líquidos de revelar, conservando celosamente miles de negativos que dan cuenta de lo que del otro lado de la realidad es su esencia, su materia oculta, su intensidad emocional. El secreto, quizás, está en su exacta austeridad.

Podría decirse que Joaquín Tusquets de Cabirol solo aspiró a ser un buen fotógrafo dentro de los límites de su hogar, pero poseía una mirada lúcida, certera, con sello propio. Los rostros, las expresividades, los fondos naturales, las atmósferas y la actitud de los improvisados modelos otorgan una refinada belleza a muchas de las instantáneas realizadas por este aficionado a la imagen que siempre gastó un escaso interés por la pirotecnia de la fama y los focos.

Instantánea de Tusquets de Cabirol tomada en febrero de 1953 en el puerto de Barcelona, en la cubierta del barco ‘Virginia de Churruca’

Instantánea de Tusquets de Cabirol tomada en febrero de 1953 en el puerto de Barcelona, en la cubierta del barco ‘Virginia de Churruca’ Archivo Fotográfico Juaquín Tusquets de Cabriol

Ciertamente, él hizo de la fotografía un juego personal. Recorrió un buen trecho del siglo XX dándole forma a su mirada con un clic preciso a modo de diario privado hasta que miles de negativos aparecieron por sorpresa en 2004 en un contenedor de basura de Palma de Mallorca. El hallazgo —amplificado, primero, por la mecánica de las redes sociales y, posteriormente, por los medios de comunicación— acabó por arrojar luz a un trabajo hasta entonces ignorado, si bien aún conserva el calambre del testigo.

Una selección de sus imágenes ya pudo verse entre mayo y octubre de 2021 en el Museo Marítimo de Barcelona, pero ahora el Centro KBr de la Fundación Mapfre prepara, en colaboración con la Fundación Photographic Social Vision, una amplia retrospectiva del fotógrafo seleccionada a partir de un archivo que suma cerca de un millar de copias y cinco mil negativos. La exposición, titulada con el nombre del autor y el colofón de La forma elocuente, estará abierta del 18 de junio al 6 de septiembre.

Una obra fotográfica elocuente

De lo que ahí puede verse se concluye que Tusquets de Cabirol firmó una obra coherente, independiente de exigencias económicas o profesionales y atenta a los cambios del gusto fotográfico: desde las primeras concesiones al rancio salonismo de las asociaciones fotográficas —él perteneció a la Agrupación de Cataluña en los años cuarenta— a la exploración formal de las instantáneas finales cuando los encuadres se vuelven más audaces, la composición más depurada y la mirada más moderna.

Este sondeo en su producción al completo que proponen las comisarias Marina Balagué y Arola Valls se asemeja, de algún modo, a una biografía visual: un viaje del pictoralismo al enfoque más formalista. Se puede comprobar cómo Tusquets de Cabirol abandona progresivamente los recursos heredados para presentar arquitecturas, superficies y objetos reducidos a líneas, volúmenes y texturas. No hay rupturas. Todo parece suceder de forma gradual, a través de una exploración paciente de las posibilidades del medio.

La propuesta permite también corroborar la notable excelencia técnica de las imágenes de este autor. Su formación científica desempeñó un papel decisivo en la calidad de las copias. El conocimiento de los procesos químicos asociados al revelado y al positivado le permitió alcanzar una riqueza tonal excepcional. Los negros son profundos sin perder detalle. Los grises se despliegan en muchos matices. La materia fotográfica adquiere así una densidad casi táctil.

‘Plaza de Catalunya de noche, Barcelona’, fotografía de Tusquets de Cabirol fechada en diciembre de 1959

‘Plaza de Catalunya de noche, Barcelona’, fotografía de Tusquets de Cabirol fechada en diciembre de 1959 Archivo Fotográfico Juaquín Tusquets de Cabriol

Retrato de la Barcelona de la posguerra

En buena medida, las fotografías de Tusquets de Cabirol son el relato de una forma de mirar, sí, pero también un trozo del pasado. De modo que, si muchas de estas instantáneas se pusieran en hilera, aparecería el espinazo por hacer de una Barcelona, la de posguerra, que entonces arrastraba los pies. El jurásico de la dictadura estaba en su apogeo y aquel aficionado bajó a la calle con su cámara para registrar espacios desaparecidos, oficios en extinción y costumbres hoy ignoradas.

Pese a la dureza de la época, estas imágenes parecen albergar esa sonrisa que a veces se le dedica al pasado. Ejercitó, por lo general, un costumbrismo atento y contenido, como si la apuesta consistiera en la observación lenta de la realidad, prestando atención a lo común, a lo próximo, a lo cotidiano: el señor que se refugia bajo un paraguas en la Plaza de Catalunya, el joven que fuma a las puertas del bar Montseny, en el barrio de Gràcia, y el carro tirado por caballos que cruza las vías del ferrocarril a la altura de El Prat de Llobregat.

Otro de los conjuntos fundamentales de su trabajo gira alrededor del puerto de Barcelona, que se convirtió en un espacio de exploración visual. Huyó en estas imágenes de cualquier interpretación exótica y, desde una observación detenida, capturó su entramado arquitectónico, laboral y social. Las figuras humanas que habitan este recinto, absortas en el trabajo o en el ocio, se convirtieron en un motivo reiterado que le permitió ensayar encuadres y juegos de miradas.

Otros paisajes

También los viajes ampliaron el campo de acción del fotógrafo barcelonés a otras ciudades —Venecia, Sevilla, París...— y al ámbito rural, dando cabida al paisaje y al patrimonio de los pueblos, sin excluir sus zonas marginales. La idealización de la naturaleza y la mirada bucólica sobre la aldea fue dando paso a una fórmula más realista, conjugada con una síntesis compositiva basada en ritmos, líneas y repeticiones que caminaría hacia la abstracción.

Plaza de San Marcos, Venecia, Italia, 1960

Plaza de San Marcos, Venecia, Italia, 1960 Archivo Fotográfico Juaquín Tusquets de Cabriol

Lo dicho: en los desvanes de la nomenclatura fotográfica quedaron creadores varados desde hace décadas. Autores de imágenes que mantienen una fuerza documental y plástica aún por descubrir. Es el caso de Joaquín Tusquets de Cabirol, químico, empresario y fotógrafo. Sus instantáneas chorrean vida. Su mirada desprende humanidad. Incluso, por momentos, la Barcelona que él vio no es la Barcelona que existió, sino un sueño de calles asfixiadas y de seres a la intemperie.