Imagen del historietista Ramón Boldú

Imagen del historietista Ramón Boldú

Artes

La bendita desfachatez de Ramón Boldú

El historietista Ramón Boldú publica ´Mujeres que no siguen el guion´, el tercer tomo de la tetralogía ´Perdidos por el más allá´, la obra magna del autor

También: ´Widow´s Bay´: Una maldición muy divertida

Leer en Castellano
Publicada

En Estados Unidos, el cómic autobiográfico está a la orden del día, impulsado desde sus inicios por el ya octogenario Robert Crumb, gran padrino del underground. En España, ya no es del todo una rareza, pero yo diría que el principal responsable de su tímida expansión es Ramón Boldú (Lérida, 1951), quien, tras unas primeras obras más genéricas, se puso a explicarnos su vida a principios de los años 90 con libros como Bohemio pero abstemio o Memorias de un hombre de segunda mano, seguidos, ya en el siglo XXI, por El arte de criar malvas, Sexo, amor y pistachos o La vida es un tango y te piso bailando.

Tras pasar por distintas editoriales, nuestro hombre ha acabado por hacerse fuerte en la independiente/alternativa Astiberri, cosa de lo más normal si tenemos en cuenta que Ramón Boldú es la persona más independiente y alternativa que conozco.

Escritura autodestructiva

Y también la más desfachatada, como ha demostrado ampliamente en su obra autobiográfica, en la que mucha gente sale retratada a una luz no muy favorecedora, pero nunca tan mal como el propio Ramón Boldú, quien gusta de tratarse a patadas, generalmente a efectos cómicos (lo mismo que ha hecho toda su vida el gran Robert Crumb), porque es incapaz, en su destructiva sinceridad, de dibujarse mejor de lo que se considera.

Los personajes secundarios no siempre se han mostrado tan clementes con él y el hombre se ha visto llevado a juicio en más de una ocasión, aunque sin grandes desgracias personales, más allá de ofendiditos que dejan de dirigirle la palabra y cosas así. Como me comentó una vez el artista, “A veces pienso que debería ponerme una querella a mí mismo”.

En cierta ocasión, le dio un parraque y, según me explicó una vez pasado el peligro, no tuvo mejor idea que, creyéndose al borde de la muerte, contarle a su mujer, con pelos y señales, todas las veces que le había puesto los cuernos, pues sentía la necesidad de ser absolutamente sincero en la hora del adiós. Afortunadamente (o no, según se mire), el artista sobrevivió, pero su mujer lo plantó. Si esto no es una víctima de la sinceridad, que baje Dios y lo vea.

Ramón Boldú acaba de publicar en Astiberri el tercer tomo de una tetralogía en la que anda metido desde hace unos años, Perdidos por el más allá. Tras El nacimiento de la superheroína (2020) y La posesión de Evita (2022), llega ahora Mujeres que no siguen el guion (2026). Perdidos por el más allá es, probablemente, la obra magna de nuestro hombre, que, cuando haya concluido, ocupará cerca de 800 páginas, un número más que notable para una novela gráfica por entregas. Salvando las distancias, me parece el equivalente bufo del súper tocho de Yoshihiro Tatsumi Una vida errante (también en Astiberri).

Portada del libro de Ramón Boldú ´Mujeres que no siguen el guion´

Portada del libro de Ramón Boldú ´Mujeres que no siguen el guion´ Astiberi

Una biografía implacable

Hasta ahora, el señor Boldú nos había ido contando su vida a trozos y sin demasiado orden ni concierto, aunque con indudable e hilarante eficacia. En Perdidos por el más allá, se pone serio (a su manera, no sufran, la desfachatez habitual se conserva intacta) para volver a hablar de sí mismo, de su familia, de sus mujeres y de cualquiera que tenga la desgracia de cruzarse con él.

Como brillantes añadidos, encontramos también una tendencia a filosofar y hasta a incurrir en la metafísica de la que no teníamos constancia hasta ahora. Y cabe hablar también de unos novedosos recursos paranormales que nunca habían asomado la nariz por sus páginas (centrados, principalmente, en la difunta Evita Perón, que ya salía en el volumen anterior de la tetralogía y que parece ejercer una extraña fascinación sobre el artista.

El resultado, como ustedes pueden imaginar, es un delicioso y desfachatado sindiós con el que te ríes, reflexionas y, sobre todo, te asomas al cacumen prodigiosamente desquiciado de un señor de Lérida obsesionado por el sexo que siempre ha conseguido ponerse la vida por montera. Algo que no está al alcance de todos.