Ximena Maier.

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Artes

Ximena Maier: "La alfarería es un arte difícil y está en riesgo"

La artista madrileña afincada en Évora, ilustradora y creadora de diseños para azulejería cerámica, que acaba de editar con Lumen su segundo libro, una obra en la que relata su experiencia como propietaria de una quinta rural en Portugal, defiende la vigencia e importancia de los oficios de la artesanía

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Ximena Maier contesta a la entrevista desde su casa en el campo, a pocos kilómetros de la ciudad portuguesa de Évora. Esta casa, rodeada de un gran jardín, es la que da título a su segundo libro, Una casa portuguesa. El primero fue Cuaderno del Prado. Ambos títulos están editados por Lumen. A través de dibujos y textos entrelazados, Maier cuenta de qué manera su decisión de irse a vivir en el campo supuso mucho más de un cambio de casa; fue una especie de reinicio vital en el que no solo descubrió la jardinería, sino también la cerámica y el arte del azulejo. Entremezclando anécdotas personales con referencias de la cultura alfarera portuguesa, pasando por la belleza monumental de Évora y la riqueza vegetal de su nuevo entorno, Maier firma un delicioso y bello libro.

Cambió de casa y se acercó a la cerámica. Un cambio de lugar provocó la aparición de una nueva técnica.

Fue así, sin bien no es algo que yo buscara ni que esperara que pasase. Evidentemente era consciente de que la nueva casa era más grande que la anterior y que, por tanto, iba a tener más espacio. Sin embargo, no me imaginaba que el jardín crecería como lo ha hecho, pensaba que habría dos jardineras y poco más. De la misma manera que apareció de forma insospechada la jardinería, apareció la cerámica. Al principio, me interesé por ella simplemente porque quería decorar la chimenea de la cocina, pero fui descubriéndola y ahora la cerámica es mi nueva profesión. Y esto ha sido a raíz del cambio de casa, lo que demuestra que, a veces, un cambio de lugar y de materiales transforma por completo el arte.

Supongo que el hecho de vivir en Portugal ha sido clave, puesto que es un país con una gran tradición de cerámica y, especialmente, de azulejos.

Por supuesto. Hace tiempo yo había pintado sobre cerámica, así que sabía cómo hacerlo. El tema es que el panel que comencé a elaborar tenía 300 piezas, lo que conllevaba una implicación que no había tenido hasta entonces en el proceso de creación de un azulejo. Evidentemente, vivir en Portugal fue ideal, porque aquí los azulejos están por todas partes. No es que en España no exista esta tradición; yo crecí en el sur, en Andalucía y ahí hay también existe bastante tradición, como la hay en Extremadura y en Toledo, pero no está tan arraigada como en Portugal. En España, por ejemplo, puedes encontrarte un panel de azulejos dentro de una iglesia, pero aquí te encuentras iglesias cubiertas de arriba abajo, casi hasta la bóveda, de azulejos.

Ximena Maier en su estudio de Évora (Portugal).

Ximena Maier en su estudio de Évora (Portugal).

¿La cerámica es un arte que se está perdiendo, que no se está siendo continuado por los más jóvenes?

Lo que yo hago es la parte más fácil: dibujar. Comencé haciendo cerámicas tras años dedicándome a la ilustración, por lo que podría decirse que no entré en la casilla de salida, sino a medio camino. La alfarería en sí es un arte muy difícil y, efectivamente, está en riesgo. Si no me equivoco, el maestro Baeta tiene 62 años; todavía no está jubilado, pero carece de aprendices. Él cuenta que comenzó a trabajar con doce años junto a su padre, que, a su vez, empezó a trabajar con su padre, el abuelo de Baeta. Cuando se le pregunta por la falta de aprendices, él dice que ahora los jóvenes no quieren trabajar, que ya no quieren hacer como hizo él, que empezó a trabajar barriendo. Es evidente que las cosas han cambiado. Ahora sería ilegal tener a un niño trabajando. Los aprendices, si trabajan, lógicamente quieren un sueldo, pero Baeta dice que no puede dedicarse a la cerámica y, a la vez, estar junto a alguien para enseñarle el oficio. Por si fuera poco, las cuentas no le salen para pagarle un sueldo al aprendiz.

Este mismo discurso del maestro Baeta lo he escuchado en Puente del Arzobispo e, incluso, en Talavera, que lo ha sido todo en la cerámica en España y donde todavía hay muchos alfareros, si bien la escuela de arte cerró la enseñanza de cerámica por falta de alumnos. Los pocos que había se enfrentaban al hecho de que, una vez graduados, ni tan siquiera en un lugar como Talavera encontraban trabajo. Paradójicamente, en Madrid, si quieres estudiar cerámica o alfarería, es difícil encontrar sitio: las escuelas de artes y oficios están hasta arriba de alumnos. Hay incluso lista de espera, lo que indica que existe un revival y un renovado interés por estos oficios, que son muy duros y no son suficientemente valorados.

Una pieza de alfarería se considera cara porque no se valora el trabajo que hay detrás.

Exacto. Si acudes al maestro Baeta puedes llevarte un tiesto precioso hecho a mano con barro autóctono por 15 euros. En realidad, si piensas lo que supone hacerlo, el precio es bajo, pero, si lo comparas con el precio de un tiesto cualquiera de Ikea, la cosa cambia. De todas maneras, hay que decir que hay mucha gente interesada en estos oficios y en la artesanía. Yo formo parte de una plataforma que se llama Made in Europe cuyo objetivo es dar sitio y reconocer el trabajo de los artesanos, porque son muchos los oficios que corren el riesgo de perderse, si bien son imprescindibles. En esta plataforma, que es una especie de hub, encuentras objetos e instrumentos hechos artesanalmente. Quien valora lo artesanal lo valora mucho, pero somos demasiado pocos para que estos oficios consigan mantenerse.

Hay que tener en cuenta, además, que desde el llamado gran arte, la artesanía y los oficios no han sido reivindicados ni reconocidos.

En esto existe mucha diferencia entre España y Portugal, donde la azulejería es considerada un arte aplicado que se toma muy en serio. De hecho, es considerado una especie de patrimonio nacional, por lo que se fomenta y se le reconoce hasta el punto de que existe un museo del azulejo. En España, más allá de la escuela de oficios en Talavera o de la asociación de cerámica en Sevilla, estos oficios y su artesanía no tienen demasiado reconocimiento. Quizás se deba, en parte, a que en España hay una gran tradición de las bellas artes, una tradición mucho más potente que la que tiene Portugal. A lo mejor, esta carencia es lo que lleva a los portugueses a cuidar tanto sus artes decorativas.

'Una casa portuguesa'.

'Una casa portuguesa'. LUMEN

Usted viene de la ilustración. ¿Cambia la manera de dibujar cuando se pasa del papel a la cerámica?

Por supuesto. Si bien ahora los hay, históricamente la gama de colores que se podían utilizar en la cerámica era limitada, puesto que no pintas con pigmentos normales, sino con óxidos metálicos, porque solo los óxidos metálicos resisten los mil grados a los que cueces cada pieza de cerámica. A esto hay que añadir que el esmalte es muy poroso y absorbente, por lo que los colores pueden cambiar de tono. ¿Puedes hacer lo que quieras con la cerámica? Diría más bien que haces lo que puedes, porque a todo esto hay que añadir que pintar sobre cerámica implica hacerlo rápidamente, no tienes el tiempo disponible de un papel o un lienzo. Pintas rápidamente y no puedes rectificar. Evidentemente, hay gente que dibuja sobre cerámica cosas preciosas y llenas de detalles, pero no es algo fácil de hacer porque la cerámica tiene una dificultad añadida: la cocción. Ahora, con los hornos eléctricos como el que yo tengo, es más fácil porque tienen un programador y un temporizador, pero el maestro Baeta utiliza un horno de leña y ahí controlar la temperatura es más complicado, sobre todo porque la cerámica exige ser horneada a 1000 grados. ¿Imagina lo difícil que es cuando no tienes un termómetro? Con los hornos eléctricos es más fácil, pero con los tradicionales no lo es en absoluto.

Al menos antes,había un elemento de azar en la creación de cerámicas.

Había mucho azar. De hecho, quizás salían del horno solo un 25% de las piezas de manera perfecta, sin alteración alguna.

En el libro cuenta cómo mientras está descubriendo el oficio de la alfarería ilustra un libro sobre inteligencia artificial e impresiones 3D. ¿Cómo vive el uso cada vez más frecuente de la IA en el campo de la ilustración?

Me parece espantoso su uso y me asusta porque yo siempre me he ganado la vida ilustrando libros de texto, que son un tipo de libros para los cuales los editores te piden dibujos muy concretos. Te dicen, por ejemplo: están Luis y Margarita y juntos tienen 25 canicas; Luis tiene 12 y Margarita tiene 13. Las de Luis son tres verdes, tres azules y tres rojas. Luis mira a la izquierda, Margarita mira de frente. Si lo piensas bien, todas estas indicaciones tan detalladas se las pueden dar a la IA y lo hace. Lo que sucede es que lo hace sin esa concepción del dibujo que tenemos los ilustradores, que es lo que aportamos, porque no se trata de qué dibujar, sino de cómo hacerlo. Por esto también mi interés por la cerámica. Es lo menos algorítmico que hay. La cerámica es totalmente manual.

No solo la cerámica. Un libro como Una casa portuguesa es un proyecto muy personal.

Eso espero. Lo que sí es cierto es que Una casa portuguesa tiene una particularidad respecto a otros libros y es que los dibujos no se hicieron pensando una publicación, sino que los hice mientras sucedían los hechos, como anotaciones personales. Esto hizo que, a posteriori, tuviera que escribir textos para los dibujos seleccionados, que se habían hecho sin pensar en que los acompañara la escritura y, menos aún, en un posible libro. Los dibujos son una especie de crónica de los descubrimientos que fui realizando con la llegada a la nueva casa, el jardín y el entorno. Ahora conozco los nombres de las flores, sé diferenciar los primeros tallos de los vegetales…pero, entonces, todo era nuevo, todo me parecía asombroso.

Ilustración interior del 'Cuaderno del Prado'.

Ilustración interior del 'Cuaderno del Prado'. LUMEN

¿La escritura suele aparecer después de los dibujos?

Este es mi segundo libro de este tipo después de Cuaderno del Prado. En este caso fue así. Fue mi editora quien me dijo que escribiera; ya tenía algunos apuntes, pero eran notas sueltas, así que era necesario tener más y dar orden a esas notas. Debía conseguir crear una obra unitaria; para ello, se descartaron muchos dibujos y se añadió más texto hasta llegar al libro que es Una casa portuguesa. Yo siempre he escrito, pero nunca me he pensado como escritora; la escritura era algo que me gustaba, pero nunca pensé en ella en términos profesionales. Tras estos dos libros,puedo decir que me atrevo ya algo más.

Dice que siempre ha escrito: ¿las ideas las fija a través del dibujo o de la escritura?

En mi taller tengo un corcho en el que cuelgan muchas anotaciones, entre las cuales está una cita del ilustrador y escritor Edward Gorey, que dice: “Cuando no sé qué dibujar, escribo. Cuando no sé qué escribir, dibujo”. Diría que se trata de esto. Con Una casa portuguesa, el esqueleto ya lo teníamos, pues lo conformaban los dibujos, pero yo me hice una lista de temas que quería abordar, si bien para mí era esencial que el texto estuviera salpicado de anécdotas y pequeñas historias de cada día, manteniendo así ese carácter de apuntes de diario. Una vez tuve la lista y la estructura del texto decidí escribir a mano el libro, porque creía que así el proceso sería más orgánico. Cada día me iba a la biblioteca de Évora, que es un edificio muy bonito en el centro de la ciudad. Ahí me podía concentrar y todo el libro lo escribí a lápiz en unos cuadernos. Si escribes a mano, vas más despacio, incluso más que tu cabeza y, por tanto, estás obligada a detenerte a la hora de decidir qué escribir. Con once años mi madre me enseñó mecanografía. Estoy muy acostumbrada a escribir a máquina y puedo decir que no tiene nada que ver con escribir a mano.

Un elemento que tienen en común Una casa portuguesa y Cuaderno del Prado es que el texto está salpicado de referencias culturales, especialmente pictóricas, literarias e históricas.

Responde a mis intereses y al hecho de que me gustaba hilvanar distintos elementos dentro del texto. Además, no podía prescindir de la riqueza de Évora, que es un lugar con muchísima historia. Piensa que hay zonas donde se conservan dólmenes y asentamientos prehistóricos. También se conserva un templo romano. ¿Cómo prescindir de todo esto? Évora es una ciudad hecha de capas y monumental: aunque no tenga ningún monumento famoso a nivel mundial, sus monumentos, perfectamente conservados, atestiguan la historia de la ciudad y del territorio, son reflejo de las distintas épocas. Reconstruir el hilo histórico e indagar el origen de las cosas es algo que siempre me ha interesado y que he intentado hacer en mis dos libros. Cuaderno del Prado sigue un hilo histórico que ya está trazado en el propio museo,porque, más allá de que es una maravilla y tiene obras espectaculares, el Prado tiene un elemento que no tienen otros museos: las obras mantienen una conexión entre sí y conforman todas ellas un hilo histórico que es posible seguir. No es casual que Las meninas esté junto a La familia de Carlos IV, esta cercanía cuenta algo y ambos cuadros establecen una conversación entre ellos, no están simplemente colgados en la pared uno al lado de otro. Percibir y establecer estas conexiones dota de mucho valor al relato, lo enriquece.

Usted ha percibido estas conexiones porque se ha pasado muchas horas frente a esos cuadros, pintándolos en su cuaderno.

De pequeña era muy tímida y pasaba mucho tiempo en una esquinita, observándolo todo y dibujando lo que veía en mi cuaderno. Es algo que sigo haciendo: observando y dibujando todo lo que me rodea. Siempre llevo un cuaderno en el bolso y unos bolis; por ejemplo, cuando espero a que salgan mis hijos del colegio, dibujo la catedral de Évora. ¡No sabes cuántas veces la he dibujado! Unas tres veces por semana desde hace años. Creo que podría dibujar la fachada de la catedral con los ojos cerrados. Esa pasión que tengo desde niña es hoy mi profesión y es una suerte. Porque desde siempre quise ser ilustradora. Nunca quise ser pintora, quería ser ilustradora, hacer los dibujos de los libros. Desde pequeña he sido una gran lectora.

'Cuaderno del Prado'.

'Cuaderno del Prado'.

Antes hablábamos de la tensión entre artesanía y arte. Con sus dos libros usted ha indagado en dicha tensión, pasando del Prado a la cerámica.

Si lo piensas bien, la ilustración, que es lo que une a los dos libros, está en tierra de nadie: no se considera una de las bellas artes, aunque tiene una base y un origen común; tampoco es un oficio. Unidos por la ilustración, mis dos libros conforman una especie de díptico porque, aunque sean muy distintos, tienen el mismo espíritu y, como señalas, trazan un recorrido de las bellas artes hasta las artes aplicadas.

En España se llega tarde, pero en otros países la ilustración sí que está reconocida.

Sí, en otros países el reconocimiento es mucho mayor de la que tiene aquí y la prueba es que, cuando empecé Bellas Artes en Sevilla no había posibilidad de estudiar ilustración. Solo en quinto existía una asignatura de ilustración: dos horas a semana y solo para quienes se especializaban en diseño gráfico. Ahora las cosas han cambiado porque hay muchas más escuelas especializadas . Paradójicamente, ahora que el trabajo de ilustración está en riesgo por la IA es cuando más reconocimiento tiene.

Usted ha reconocido en más de una ocasión que Goya y Velázquez son sus dos grandes referentes. Goya era un extraordinario dibujante.

Ambos lo son. También me encanta la pintura italiana y, especialmente, la veneciana. Soy promiscua en términos de amores pictóricos, pero mis preferidos son Goya y Velázquez. Sus cuadros no son solo reconocibles, sino que han determinado nuestra mirada. Vas por Madrid, te fijas en el cielo y piensas que ya lo has visto antes en un cuadro de Velázquez. En cuanto a Goya, es un gran dibujante y un magnífico grabador. Sus Disparates pueden considerarse ilustraciones. Los textos son breves, casi subtextos, pero contienen una fuerza literaria brutal. Si hablamos de pintores que son grandes ilustradores citaría también a Carl Larsson, un acuarelista sueco de principios del siglo XIX. Tiene muchísimos dibujos de su casa, de su jardín, de sus hijos… su obra ha sido muy inspiradora.