Detalle de la portada de 'Tales of Paranoia', de Robert Crump

Detalle de la portada de 'Tales of Paranoia', de Robert Crump

Artes

Las paranoias del viudo Crumb

Crumb se inventó, casi en solitario, el cómic underground norteamericano en los años 60 y ahora acaba de aparecer su álbum 'Tales of paranoia', con traducción de Hernán Migoya

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 Pese a su reconocida condición de obseso sexual, que nos ha quedado clarísima en sus cómics, Robert Crumb (Filadelfia, 1943), solo se ha casado dos veces: la primera con Dana Morgan, en 1964, y la segunda con la también dibujante Aline Kaminsky, en 1978. Robert y Aline se retiraron en 1991 a un pueblo en el sur de Francia, donde nuestro hombre se quedó viudo en 2022. Con su hija ya mayor, el viudo Crumb vive sus años de propina con la melancolía humorística que siempre le ha distinguido.

Y sigue trabajando, como demuestra la reciente aparición del álbum Tales of paranoia (Relatos de la paranoia), publicado casi al unísono por Fantagraphics en Estados Unidos, Cornelius en Francia y La Cúpula en España (con una buena y cariñosa traducción de Hernán Migoya, nuestro hombre en Perú y ex redactor jefe de la revista, ya difunta, de la casa, El Víbora).

A estas alturas, poco le queda ya por probar al papá de El gato Fritz, icono contracultural, o Mr. Natural, el mejor gurú de estar por casa de todos los tiempos. Crumb se inventó, casi en solitario, el cómic underground norteamericano en los años 60, participó (con cierta distancia mental) del verano del amor, perteneció (probablemente a su pesar) a la nación de Woodstock, mantuvo un breve romance con Janis Joplin, acabó adaptando al cómic el Génesis (un trabajo de chinos) y, sobre todo, supo imponer su visión del mundo a varias generaciones de aficionados a los tebeos, de la misma manera que Woody Allen en el cine (por lo menos, antes de que me lo cancelaran).

Viejo desconfiado

Aunque me he reído mucho con el gato Fritz y con el cantamañanas de Mr. Natural, las historietas de Crumb que más me han interpelado han sido siempre las protagonizadas por él mismo, en las que siempre aparece como un maniático descreído y sarcástico que no acaba de encontrarse nunca del todo bien en este mundo cruel que, según él, solo se salva por el amor o, en su defecto, el sexo.

Portada de 'Tales of paranoia', de Robert Crump

Portada de 'Tales of paranoia', de Robert Crump

En sus cómics, Crumb ha ido evolucionando de joven alternativo (a todo, incluyendo lo alternativo) a viejo desconfiado al que casi todo le parece mal, muy mal. Ese viejo paranoico, siempre convencido de que la vida le va a estar gastando bromas pesadas hasta que se muera, es el protagonista de Tales of paranoia, un álbum de historias cortas en el que confluyen todas las obsesiones de nuestro hombre, que ya no tiene a su querida Aline para compartirlas.

Apagada relativamente el ansia sexual (normal: tiene ya 83 años), el artista se recrea en todo lo que le preocupa del mundo actual, que es, básicamente, lo mismo que a ustedes y que a mí: el absurdo de la existencia, la presencia invasiva del deep state, los gobernantes delirantes que padecemos, los cientos de agencias que nos vigilan, la estupidez circundante…Todo eso más un cierto grado de paranoia reconocida a la que nosotros aún no hemos llegado, pero vamos de camino.

A sus 83 años, el bueno de Robert no se fía de nadie y vive convencido de que se le engaña por todas partes. Así ha caído en esas webs conspiranoicas en las que, a veces, como en la prensa normal, se cuela alguna verdad. Así ha llegado a conclusiones erráticas, pero muy divertidas, sobre la manipulación de las enfermedades por las grandes farmacéuticas, las causas y consecuencias del COVID, la interferencia del Pentágono (abundan las referencias locales en estos relatos de la paranoia), los extraterrestres y hasta Dios en persona, con el que el autor mantiene una conversación (que no va a ninguna parte) en una de las historias.

Crecer con Crumb

Como el Woody Allen anterior a la cancelación, Robert Crumb ha logrado hacerse querer a lo largo de los años, y Tales of paranoia está dedicado a sus fans de la primera hornada, como el que redacta estas líneas. Puede que ya haya dado lo mejor de sí hace años, pero el que tuvo, retuvo, aunque a veces parezca que se nos ha hecho terraplanista. En ese sentido, estamos ante un libro muy divertido que, además, proporciona eso que los anglos definen como Food for thought (Comida para el pensamiento).

El artista Robert Crump

El artista Robert Crump WIKIPEDIA

La visión del mundo de Robert Crumb siempre ha tendido hacia lo delirante (y, por consiguiente, verosímil), y en su vejez, nuestro héroe, que se siente asediado por todas partes, sigue intentando entender su entorno sin mucho éxito.

De vez en cuando, Crumb mira hacia atrás (el año 1966 en la inquietante historia El peor trip de LSD de mi vida o, más recientemente, la larga convivencia con Aline), pero, por lo general, se mantiene anclado en un presente que le proporciona insomnios y terrores nocturnos. Le compadecemos y lo comprendemos: sí, el mundo es un lugar cada día más horrible. Y bastante hace el viudo Crumb afrontando con un humor siniestro una realidad que no lo es menos. Cosa que le agradecemos todos los que hemos crecido con él.