El arte recupera la visión indigenista, por Farruqo

El arte recupera la visión indigenista, por Farruqo FARRUQO

Artes

Los artistas del volcán frente a la distopía de los poderosos

El arte actual se siente atropellado por el tiempo veloz y se alimenta de nuevas estéticas a base de reacciones en cadena. La creación en México y en el hemisferio sur no gira en torno al nihilismo; pivota sobre el contorno de las tierras y la letanía de sus centenares de lenguas

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La vuelta del indigenismo no es una coincidencia. El tumulto cernido sobre Latinoamérica renace con los artistas del volcán, como el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, bajo el volcán Cotopaxi, o el muralista mexicano Diego Rivera, recordado en San Francisco (California), donde se presentó su portentoso fresco, Unidad Panamericana, elaborado en parte con piedras del volcán michoacano, el Paricutín, que nació, creció y se extinguió en un abrir y cerrar de ojos.

El arte actual se siente atropellado por el tiempo veloz y se alimenta de nuevas estéticas a base de reacciones en cadena. La creación en México y en el hemisferio sur no gira en torno al nihilismo; pivota sobre el contorno de las tierras y la letanía de sus centenares de lenguas. En el mundo latino, hecho de resistencias, la cartografía se mantiene pegada al mismo suelo que sepulta parte de su historia.

'Madre y niño', de Oswaldo Guayasamín

'Madre y niño', de Oswaldo Guayasamín

El corazón indigenista se fortalece ahora en un repliegue sin estandartes, frente al acorazado Norte del pensamiento único, monumento a la insensatez distópica de los poderosos del crudo y de la guerra.

La ausencia de perspectiva y el uso de colores vivos inclinados hacia lo fantástico son comunes en artistas consagrados y muy conocidos, como Frida Kahlo, Rufino Tamayo, Wifredo Lam o el propio Guayasamín. Este último, impulsado por el mecenas norteamericano Nelson Rockefeller y llevado por su pasión andina, reunió su obra en colecciones como Huacayman, la Edad de la ira o La Ternura, esencias afrodescendientes; y especialmente, la Capilla del Hombre, un espacio arquitectónico descomunal, enclavado en Quito.

Incorporación de la ética

Los artistas del volcán presentan su alma como una emanación nominalista, con un marcado rescoldo de espiritualidad agnóstica. No suelen ser urbanos; buscan al hombre primigenio entre la multitud, con una lámpara encendida colgada en el brazo, a la manera de Diógenes.

El volcán, la naturaleza del fuego bajo el manto de la estepa verde, está casi siempre presente en las manifestaciones culturales de las Américas, como se vio recientemente en el proyecto Bajo el volcán que ya no se ve, obra del artista multidisciplinar Eduardo Alarcón Orozco en el Museo de Cuernavaca, en el marco de la última Feria Internacional del Libro.

‘Telúricos y primitivos', en el Museo Carmen Thyssen Málaga

‘Telúricos y primitivos', en el Museo Carmen Thyssen Málaga

La estética primitivista, que alimentó el africanismo de Paul Klee, Picasso o Kandinsky, se ha revelado como una ayuda para la incorporación de la ética, la ontología, la política y la metafísica del indio. Esta interacción se ve diáfana en la muestra Primitivismo y modernidad. De Picasso al neocolonialismo, que se celebra ahora en la Casa de América, exaltando la escultura negra, como encrucijada no resuelta entre la fascinación y la violencia, y adornada por el preámbulo de los curadores, que sitúan a Las señoritas de Avignon en el pórtico de lo contemporáneo.

La panorámica cubismo-fauvismo-expresionismo conduce a las interdependencias que pueden verse en Telúricos y primitivos (De la Escuela de Vallecas a Miquel Barceló) en el Carmen Thyssen Málaga. Allí, en la amalgama de una valija combinada, se concita a una parte del sueño volcánico, un interlocutor bello, pero incómodo, que desbarata las jerarquías; un espejo oscuro en el que Europa se ha mirado, a veces, sin reconocerse.

La ley de la gravedad

Su registro no es cuestión de geografía sino de una estructura mental común a muchas sociedades, recogida en la obra de Benjamín Palencia, con sus campos de Castilla, inertes y pobres, coloreados con el gris, el morado y el ocre. Palencia, igual que Maruja Mallo, Joan Miró o César Manrique, resiste al paso del tiempo porque la insurgencia de los indigenistas es una herencia ancestral; no procede de la Revolución ni de la sociedad del espectáculo de la que tanto habló Guy Debord.

El arte es como la ley de la gravedad. Su conversación global resuena en el pequeño Uruguay de la gran Montevideo, especialmente en la región de El Salto, bajo formaciones geológicas de antiguos volcanes, en los talleres de artistas herederos de Universo Constructivo de Joaquín Torres García, el vanguardista que encontró en el mundo precolombino lo ancestral, como brújula, y nos lo dejó prestado en documentos, pinturas, acuarelas y collages.

Juan Villoro, autor de 'La figura del mundo', con 'Letra Global'

Juan Villoro, autor de 'La figura del mundo', con 'Letra Global'

Entre el Pacífico y el Caribe, al sur de Mesoamérica, José Vasconcelos escribió su portentosa biografía, Ulises criollo, expresión de un mundo naciente que sobrevivió a Villa y a Zapata. Vasconcelos patrocinó a Gerardo Murillo, el padre del muralismo y mano casi invisible en las plazas públicas donde se manifiesta el trazo de Roberto Montenegro, José Clemente Orozco, David Alfaro de Siqueiros o del mismo Rivera, entre otros.

Sobre el nacimiento del indigenismo, el escritor Luis Villoro, publicó su reconocido libro -Los grandes momentos del indigenismo en México (Fondo de Cultura)- en el que fundamenta una filosofía americana, a partir de Hernán Cortés, fray Bernardino de Sahagún y Francisco Javier Clavijero. Villoro entregó un ejemplo de método y recopilación cualitativa del nacimiento de uno de los tesoros del arte de todos los tiempos.

Alejados del arte

Muy cerca, en el centro del continente, en la exangüe y fértil Nicaragua, los volcanes lanzan fogonazos sin apenas rugir. Especialmente en Colama (Tipitapa), tierra de José Aragón, pintor y poeta, un creador que se ha abierto paso entre la compleja taxonomía de un mundo mencionado por la voz antigua de la piedra. Autor de Palabras de pintor-poeta (Pigmalión), ganador del Escriduende de 2018 al mejor libro hispanoamericano de poesía de la Feria del Libro de Madrid, y de otro más reciente, Este instante azul, que contiene, en clave de dibujo, algunos de sus mejores acrílicos.

‘Artes, 110’, una obra de Leonora Carrington fechada en 1944.

‘Artes, 110’, una obra de Leonora Carrington fechada en 1944. ESTATE OF LEONORA CARRINGTON / VEGAP, MADRID, 2023

La metafísica volcánica posee la peculiaridad de definir temas inmanentes, como el amor. Entre humaredas y lentes de fuego, el arte produce efectos chamánicos, similares a las moléculas químicas capaces de curar conductas y no solo enfermedades. Su meta es la interjección entre la vida y el misterio de la muerte. Pintar y componer versos; así aplica José Aragón el mix de Leonora Carrington, la surrealista eternamente sentada en el bistró parisino de Les Deux Magots o emboscada entre lagunas y arboledas de hojas medicinales, en la selva mexicana de Morelos.

Los indigenistas no atraviesan su plenitud, pero regresan siempre inmateriales; su futuro no acepta tabiques divisorios, aunque sí diferentes trincheras, escuelas diversas, conscientes de que “todo poder se ejerce con el consentimiento de los que obedecen”, escribió La Boétie en su Discurso sobre la servidumbre voluntaria. El pensamiento hegemónico enaltece hoy a los dominadores. El uso adictivo de las redes sociales se aleja del arte; es un rizoma que se manifiesta a diario con descaro, tratando de marginar -sin conseguirlo- el desacuerdo de los mejores.