‘New York, c.1940’, de Helen Levitt.

‘New York, c.1940’, de Helen Levitt. FILM DOCUMENTS LLC, COURTESY ZANDER GALERIE, COLOGNE

Artes

Helen Levitt: crónica de Nueva York a pie de calle

El Centro KBr de la Fundación Mapfre en Barcelona revisa en una amplia retrospectiva el trabajo de una de las grandes fotógrafas del siglo XX

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En las fotografías de Helen Levitt (1913-2009) late la vida quieta. En ellas están Nueva York y el siglo XX, que es como decir el mundo entero. En la cuadrícula de aquella ciudad de ciudades está desplegado su trabajo sin retórica, casi tocado por una intuición sobrecogedora. Descifró aquel lugar de acelerones y noches de jazz desde el gran ventanal de la sencillez, lo que la situó en la estela de Cartier-Bresson: siempre atenta al instante único que da seña y hora de un tiempo concreto.

Cuando algunos fotógrafos destacaban en el fotoperiodismo de guerra y otros erigían su estatua entre famosos, sacándole culebrinas a los ojos tristes de las estrellas de Hollywood, ella hizo de la calle su caladero favorito. En concreto, recorrió en los años treinta y cuarenta el Spanish Harlem y el Lower East Side con los ojos echando chispas para reproducir no solo la vida, sino lo que del otro lado de la vida es su esencia, su realidad escondida, su intensidad emocional.

Es la suya, por tanto, una mirada a pie de tierra. Sus instantáneas actúan como un diario íntimo del espacio urbano. Ahí estuvo como el testigo definitivo de su realidad. De todo lo que fue y todo lo disuelto en los barrios donde los negros, los gitanos y los hispanos encontraron sus madrigueras y de los que una vez más fueron desplazados. Pues esa es la memoria de esta ciudad. La mala memoria de sus esquinas rotas que después fueron allanadas por el gótico negro del dinero y la especulación.

Dos viajeros del metro de Nueva York, en una instantánea de Helen Levitt de 1975.

Dos viajeros del metro de Nueva York, en una instantánea de Helen Levitt de 1975. FILM DOCUMENTS LLC, COURTESY ZANDER GALERIE, COLOGNE

No es raro, por tanto, que entre los géneros más constantes de Helen Levitt esté el retrato. El nudo de sus fotografías fue la gente y sus días iguales hasta establecer de modo eficaz, documental, evocador, nostálgico o desalentado, depende, la escenografía de Manhattan como un palmo de tierra mutante con pulso de futuro. Lo que se deduce de sus instantáneas es que la ciudad no es otra cosa que un desahucio de seres, casi un refugio permanentemente amenazado.

A ese Nueva York callejero, al perímetro próspero y lumpen tantas veces derruido y vuelto a inventar, le dedicó la fotógrafa estadounidense su trabajo, que ahora puede verse ampliamente en el Centro KBr de la Fundación Mapfre en Barcelona. Son doscientas veinte imágenes que conforman un abecedario donde aún nos reconocemos, porque ella interrogaba crudamente con su bondad de mujer que duda, legalizando la parte más humana del hombre, aquella que, precisamente, hoy amenaza ruina.    

Queda así al descubierto en esta concienzuda revisión promovida por la Fundación Mapfre que Levitt no llegó al oficio por inspiración, sino por esa conspiración a la que empuja el azar tras enrolarse como aprendiz en un estudio fotográfico del Bronx. Y que, a partir de ese momento, se mantuvo el resto de su vida con una Leica colgada a un hombro, atrapando –preferentemente, en blanco y negro– todos los colores de Nueva York, con esa fabulosa imaginería que despliega la vida al poco de acelerarse.

‘Mexico City, 1941’, una de las instantáneas de la fotógrafa durante su estancia en el país azteca.

‘Mexico City, 1941’, una de las instantáneas de la fotógrafa durante su estancia en el país azteca. FILM DOCUMENTS LLC, COURTESY ZANDER GALERIE, COLOGNE

Están expuestas sus primeras instantáneas sobre los dibujos en tiza realizados por los niños que veía a diario de camino a la escuela de East Harlem donde impartía clases. A lo largo de una década, coincidiendo con el interés por el arte primitivo en Estados Unidos, se ocupó de documentar esta especie de grafitis por medio de fotografías en las que a menudo aparecen estos pequeños dibujando o posando junto a sus intervenciones, que vienen a ser un modo de ampliar y habitar de forma real e imaginada el espacio urbano

Pero, a partir de mediados de los treinta, Levitt empezó a tomar las instantáneas por las que después sería reconocida. No le interesaban la gran metrópoli, ni la gente adinerada y glamourosa, sino los barrios de clase trabajadora donde vivía la población humilde, las relaciones que se establecían entre ellos y con su entorno. Son imágenes de adultos charlando delante de sus propias casas, madres asomándose a las ventanas, niños corriendo por las aceras o refrescándose del calor con el agua de las bocas de incendios.

Levitt no necesitó jamás de esa detonación expansiva que empuja al vacío a tantos artistas visuales. Ni buscó documentar ese Nueva York de saltimbanquis y especuladores, de negociantes y barbudos que duermen entre cartones. Solo le interesó explorar el uso mixto de una ciudad por los seres que le daban vida. En este conjunto de imágenes está el fosfato puntual de algunas existencias que posaron para él con una inocencia que es conquista, pues la poesía también se escribe con el rostro y el cuerpo.

Niños juegan en una calle de Nueva York, fotografiados por Helen Levitt en 1940.

Niños juegan en una calle de Nueva York, fotografiados por Helen Levitt en 1940. FILM DOCUMENTS LLC, COURTESY ZANDER GALERIE, COLOGNE

La obra de Levitt no tiene intención de ser un documento social, al menos de forma expresa. Sus imágenes recogen momentos cotidianos. Se detienen en las expresiones, relaciones, gestos, ropas, que son revelados con gracia y sutileza, como si el barrio entero fuera un escenario y la gente un elenco de actores. Hay, efectivamente, una especie de teatralidad inconsciente, una suerte de danza implícita, como si los retratados actuaran a plena luz del día sin que nadie pudiera verlos.

Acaso el único signo de rebelión en su trabajo se halle en las instantáneas que la artista estadounidense realizó durante cinco meses en México. En la capital azteca también tomó fotografías en las calles, pero en ellas, a diferencia de las que había realizado en Nueva York, no existe la sensación de juego o la propuesta de lirismo, sino que se trata de escenas de gran crudeza, en gran parte de indigentes y de las capas más bajas de la sociedad del país americano.   

También hay registros en la exposición del Centro KBr –que, tras su clausura el 1 de febrero, viajará a Madrid– de la incursión de Helen Levitt a partir de los años sesenta en la fotografía en color y el cine, llegando a filmar un documental en las calles de Nueva York que se convertiría después en la película In the Street (1946) que comienza con la siguiente cita: “Las calles de los barrios pobres de las grandes ciudades son, por encima de todo, un teatro y un campo de batalla”.   

La fotografía en color de Helen Levitt titulada ‘New York, 1976’, de Helen Levitt.

La fotografía en color de Helen Levitt titulada ‘New York, 1976’, de Helen Levitt. FILM DOCUMENTS LLC, COURTESY ZANDER GALERIE, COLOGNE

A lo largo de su vida, gozó de un amplio reconocimiento artístico. Ya en 1940, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) expuso su primera fotografía –tres niños enmascarados en una escalinata– dentro de la muestra colectiva Sixty Photographs: A Survey of Camera Esthetics. Tres años después, el centro de arte neoyorquino le dedicó una exposición individual, Helen Levitt: Photographs of Children, que incluía más de medio centenar de fotografías de niños tomadas tanto en Nueva York como en México.

Ni siquiera sus resonantes triunfos en los principales museos y el interés de los coleccionistas sirvieron para que pudiera dedicarse por completo a su vocación artística. Levitt era una mujer menuda y sensible que conservaba sus negativos en una sombrerera que guardaba en su apartamento hasta que un ladrón se la robó en 1970. Volvió entonces a la fotografía, recorriendo las avenidas y adentrándose en el metro para dar testimonio de la fauna que habita un territorio agónico y fastuoso al mismo tiempo.