Hay veces en que el presente ayuda a entender el pasado y otras en que facilita olvidarlo o resignificar espacios. Esto último es lo que parece querer hacer el Ayuntamiento de Barcelona.
El consistorio de la capital catalana ha hecho público que la Torre Avenir de la finca Muñoz Ramonet, antigua propiedad de uno de los reyes del contrabando de algodón, será la nueva sede de la Acadèmia del Cinema Català.
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha asegurado que las oficinas de la institución se instalarán allí en régimen de cesión de espacios. Antes, se ejecutarán obras de rehabilitación, que estima que durarán un año, para dotar a la entidad de la sede que “merece” y abrirla a la ciudadanía.
La nueva “casa del cine catalán” estará ubicada en la planta superior de la Torre Avenir, con 131 metros cuadrados de superficie, y se prevé que abra en 2027. “Ganamos la Torre Avenir para la cultura”, ha asegurado el alcalde.
Origen
No es la única victoria: también se da una nueva lavada de cara a una finca que remite al pasado colonizador de Cataluña.
La propiedad fue del empresario y financiero Julio Muñoz Ramonet, el hombre que controló en la posguerra el contrabando de algodón y los negocios del estraperlo, actividades con las que amasó una gran fortuna.
Contrabando
Muñoz Ramonet y su hermano Álvaro aprovecharon la coyuntura de los años cuarenta y sus negocios opacos para hacerse con el control de un amplio entramado de empresas algodoneras, entre ellas Unión Industrial Algodonera y Can Batlló.
Gracias a ello, llegaron a conformar un trust textil que empleó a decenas de miles de trabajadores y acumuló una gran riqueza. El empresario expandió además su influencia en los sectores inmobiliario y financiero.
Fachada de la Torre Avenir en la finca Muñoz Ramonet de Barcelona
Ese crecimiento acelerado tuvo también una dimensión patrimonial. Muñoz Ramonet pasó a ocupar el palacete del Marqués de Alella, en el barrio de Sarrià, una finca construida a principios del siglo XX para la familia Fabra y concebida como residencia burguesa rodeada de jardines.
La finca, situada entre las calles Muntaner y Avenir, es uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura residencial de la alta burguesía del primer tercio del siglo XX en Barcelona. Pero el empresario quiso darle un toque especial.
Arquitecto modernista
Con el modernismo aún presente en el imaginario arquitectónico de la época, Muñoz Ramonet contactó con el arquitecto Enric Sagnier, uno de los más reconocidos del momento. Él fue el encargado de reformar la finca, que hoy luce un estilo neoclásico acorde con los gustos de su propietario de entonces.
Rebautizada como finca Muñoz Ramonet, el conjunto fue proyectado por Enric Sagnier entre 1917 y 1922 e incluye varios edificios rodeados de jardines, concebidos como una unidad patrimonial.
Una finca clásica
Uno de estos edificios es la conocida Torre Avenir, una construcción de más de 800 metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas, con una composición simétrica y una organización interna en torno a una escalera central.
Su lenguaje arquitectónico responde al clasicismo académico de la época, con referencias al neorrenacimiento y a las villas europeas que la burguesía catalana tomaba como modelo.
El conjunto refleja una etapa en la que las grandes fortunas buscaban legitimar su posición social a través de la arquitectura, el coleccionismo artístico y la creación de espacios residenciales que combinaban representación y privacidad.
Muñoz Ramonet aprovechó esta disposición para colgar en las paredes de su mansión piezas atribuidas a Goya, El Greco, Ribera, Velázquez y Grünewald. Con el paso del tiempo, sin embargo, muchas de estas colecciones se dispersaron, fueron vendidas o acabaron integradas en fondos públicos.
Jardines
La finca incluye la torre y un jardín histórico diseñado originalmente por Jean-Claude Nicolas Forestier, posteriormente remodelado por Joan Mirambell i Ferran. Nada de ello estuvo abierto al público durante décadas.
Antes de morir, Muñoz Ramonet dejó la finca y su contenido en herencia a la ciudad de Barcelona, a través de una fundación que debía llevar su nombre. Sin embargo, el testamento fue ocultado por sus hijas y el legado dio lugar a un largo litigio judicial entre la familia y el Ayuntamiento, que se prolongó durante quince años.
Patrimonio dispersado
Cuando finalmente el consistorio pudo acceder a la finca, el estado del patrimonio artístico distaba mucho del descrito.
Muchas piezas habían desaparecido y otras no correspondían a la colección original. Parte de las obras recuperadas fueron trasladadas a instituciones como el MNAC, mientras que el conjunto arquitectónico pasó a manos municipales.
Presentación de la nueva sede de la Acadèmia de Cinema Català
El estado de los edificios tampoco era mejor. Las construcciones requerían actuaciones de conservación y adaptación, por lo que el recinto permaneció cerrado al público. Hasta ahora.
En los últimos años, el Ayuntamiento ha definido un nuevo proyecto para la finca, orientado a su uso como equipamiento cultural de carácter público. Hasta el momento, el recinto albergaba la sede catalana de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
Nuevo uso
En un año, la Torre Avenir de la finca Muñoz Ramonet cambiará de inquilino. La nueva casa del cine catalán empieza así su camino.
Está previsto que las obras de la nueva sede de la Acadèmia del Cinema Català se inicien en septiembre de este año y finalicen en 2027. Para ello, Ayuntamiento, Generalitat y la Fundación Julio Muñoz Ramonet, de carácter público, destinarán unos 2,8 millones de euros.
Anuncio de Collboni
El alcalde ha explicado que la Acadèmia del Cinema Català se instalará en régimen de cesión de espacios tras las obras de rehabilitación, que estima que durarán un año, con el objetivo de dotar a la institución de una sede adecuada y abrirla a la ciudadanía.
Collboni ha asegurado que se trata de una “contribución a las alegrías del cine catalán” por parte de las administraciones, que llega a las puertas de la entrega de los Premis Gaudí de la Acadèmia del Cinema Català y de los Goya, de cuya celebración este año en Barcelona ha desligado el anuncio de la nueva sede, eventos que convertirán a la ciudad en capital del cine.
La consellera de Cultura de la Generalitat, Sònia Hernández, ha afirmado que la Acadèmia merecía disponer de una sede como esta y ha considerado que aportará a la institución una nueva dimensión pública y ciudadana.
Hernández ha reiterado el “momento muy dulce” que vive el cine catalán y la apuesta de las instituciones por él como sector estratégico y generador de imaginarios compartidos.
Un lugar para todos
Por su parte, la presidenta de la Acadèmia del Cinema Català, Judith Colell, ha asegurado que la institución necesitaba una nueva sede y que ubicarse en la Torre Avenir permitirá “ponerse a la altura de cualquier academia europea”.
Colell ha explicado que la sede estará abierta a la ciudadanía con actividades durante todo el año en torno al cine catalán, para que “sientan como suyo lo que es suyo”, y ha afirmado que este impulso contribuirá a que la Acadèmia siga creciendo.
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