Pasta con crema de calabaza asada y salvia

Pasta con crema de calabaza asada y salvia

Gastronomía

Los cocineros coinciden: "La mejor receta de pasta se consigue con 250 g de calabaza, 100 g de ricotta y 8 hojas de salvia fresca"

El sencillo truco de la pasta con crema de calabaza asada y la salvia crujiente para lograr un plato de pasta meloso y reconfortante

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La pasta es uno de los grandes salvavidas de nuestra cocina.

Su enorme versatilidad, la rapidez con la que se prepara y lo bien que combina con casi cualquier ingrediente la convierten en la opción perfecta para resolver las comidas diarias, aportando además esa energía que tanto nos ayuda durante la jornada de trabajo.

Si a todas estas virtudes le sumamos la posibilidad de acompañarla con hortalizas de temporada y hierbas aromáticas como la salvia fresca (conocida por su sabor intenso y su aporte de nutrientes), el resultado es una propuesta completa, reconfortante y repleta de matices que eleva cualquier menú cotidiano a otro nivel.

El secreto de asar la calabaza

Para lograr una salsa con mucho cuerpo y un dulzor natural e intenso, el primer paso consiste en hornear la hortaliza en dados.

Al mezclar la calabaza con un chorrito de aceite de oliva, sal y pimienta, y asarla a 200 °C hasta que quede tierna y ligeramente dorada, se concentran todos sus jugos antes de triturarla.

Este toque de horno marca una diferencia abismal respecto al hervido tradicional, ya que evita que la verdura absorba agua en exceso y potencia esos tonos tostados que tan bien encajan con el punto cremoso del queso.

Una crema con ricotta y especias

El verdadero secreto de este plato está en juntar la calabaza asada con el queso ricotta, un toque de ajo, una pizca de nuez moscada y un buen cazo del agua donde has cocido la pasta.

Al triturarlo todo junto consigues una crema súper fina y suave que envuelve la pasta a la perfección sin hacerse nada pesada.

El agua de la cocción es la gran clave aquí. Como tiene todo el almidón de la pasta, ayuda a que la salsa emulsione de cine y se quede pegadita a cada macarrón o pluma para que cada bocado sea una maravilla.

El toque crujiente de la salvia

Mientras la mezcla coge consistencia, se saltean las hojas de salvia fresca en una sartén con aceite de oliva durante un par de minutos.

Al pasarla un momento por la sartén, la salvia queda súper crujiente y suelta un aroma herbáceo brutal que rompe de maravilla con lo cremosa que es la salsa.

Para terminar, juntamos la pasta recién hecha con la crema en la misma sartén, echando un chorrito más de agua de cocción si vemos que le hace falta para soltarse un poco.

Servimos al instante con una buena lluvia de parmesano, las hojitas de salvia crujientes coronando el plato y un toque de pimienta negra recién molida.

Qué es la salvia y por qué sienta tan bien

La salvia es una hierba aromática y medicinal de hoja suave y aterciopelada, celebérrima en la cocina mediterránea por ese sabor potente y con un punto picante tan característico.

Aunque la usemos en pequeñas dosis para dar gracia a los platos, tiene un valor nutricional espectacular: aporta muchísima vitamina K (clave para los huesos y la circulación), además de vitaminas A, C y del grupo B (como el folato).

Por si fuera poco, nos da un chute de minerales como hierro, calcio, magnesio y potasio, junto con un montón de antioxidantes que nos ayudan a proteger el cuerpo del desgaste diario.

Una propuesta de diez en tu mesa

Combinar la suavidad de los lácteos con el dulzor vegetal y el toque crujiente de las hierbas aromáticas es la mejor forma de disfrutar de la cocina casera sin complicaciones.

Anímate a preparar esta versión de pasta con calabaza y ricotta siempre que quieras sorprender en casa con una receta equilibrada, elegante y llena de sabor mediterráneo.

Ingredientes

  • 250 g de calabaza limpia
  • 180 g de pasta (tipo penne, fusilli o rigatoni)
  • 100 g de queso ricotta
  • 20 g de queso parmesano rallado
  • 6-8 hojas de salvia fresca
  • 1 diente de ajo
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 50 ml de agua de cocción de la pasta
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra molida al gusto
  • Una pizca de nuez moscada

Paso 1

Corta la calabaza en dados, mézclala con un poco de aceite, sal y pimienta, y hornea a 200 °C durante 20-25 minutos hasta que esté tierna y ligeramente dorada.

Paso 2

Cuece la pasta en abundante agua con sal siguiendo las indicaciones del paquete y reserva 50 ml del agua de cocción antes de escurrir.

Paso 3

Coloca en el vaso de la batidora la calabaza asada, la ricotta, el diente de ajo, la nuez moscada, sal, pimienta y los 50 ml del agua de cocción. Tritura hasta conseguir una salsa fina y cremosa.

Paso 4

Cocina las hojas de salvia fresca durante 1-2 minutos en una sartén con la cucharada de aceite de oliva hasta que queden ligeramente crujientes.

Paso 5

Integra la pasta con la salsa de calabaza en la sartén (añade algo más de agua de cocción si la textura lo pide) y sirve bien caliente coronando con el parmesano rallado, la salvia crujiente y un toque de pimienta negra.