Bravas

Bravas CANVA

Gastronomía

Alberto Chicote, chef: "La mejor salsa brava no lleva tomate, sino 10 g de pimentón, 100 g de ajo y 230 g de aceite"

El truco definitivo del cocinero para lograr una textura cremosa con el punto justo de picante sin recurrir a la salsa roja convencional

Otras noticias: El pueblo medieval con el nombre más largo de Cataluña: de escenario de cine a torre románica en solo 35 letras

Leer en Castellano
Publicada

Noticias relacionadas

El chef Alberto Chicote ha compartido las claves para elaborar la auténtica salsa brava de bar sin cometer el error habitual de añadir tomate.

Su propuesta se basa en una técnica tradicional donde el pimentón y el caldo de jamón son los auténticos protagonistas.

Esta fórmula permite obtener un aderezo con un color rojizo intenso, mucho cuerpo y un toque de picor ligero muy equilibrado. Con este método profesional resulta sencillo conseguir una textura sedosa en casa para acompañar unas patatas bien doradas.

La ausencia de tomate

Existe un debate recurrente en la gastronomía popular sobre los ingredientes de esta emblemática salsa salada.

Muchas versiones comerciales recurren a la mezcla con tomate, pero la receta clásica de taberna prescinde por completo de esta hortaliza.

Chicote defiende que añadir tomate transforma la preparación en un sofrito diferente y desvirtúa la esencia del plato de aperitivo. La textura deseada se logra mediante el ligado natural de la cebolla sofrita y la base líquida.

El sofrito de ajo

La elaboración comienza reuniendo 230 gramos de aceite de oliva virgen extra y 100 gramos de ajos bien picados.

A esta combinación se le añaden 20 guindillas sin pepitas y 400 gramos de cebolla picada.

Todo el conjunto debe pocharse a fuego medio en una cazuela amplia con paciencia.

El objetivo es que la cebolla quede transparente y blanda sin llegar a dorarse en exceso para no amargar el resultado final.

El punto del pimentón

Una vez que la verdura está tierna, se incorpora el pimentón a la mezcla con la olla apartada del calor.

El cocinero utiliza 5 gramos de pimentón dulce y 5 gramos de pimentón picante para lograr el matiz ahumado idóneo.

Remover rápido la especia evita que se queme al contacto con el aceite de oliva caliente. Este paso resulta decisivo para conseguir esa tonalidad rojiza característica sin alterar los sabores originales del aderezo.

El vertido del caldo

El toque diferencial de esta elaboración reside en verter 1 litro de caldo de jamón casero sobre la base sofrita. Este fondo salino aporta ligereza, aroma y una profundidad de sabor insuperable a la mezcla de especias.

La preparación debe cocerse a fuego lento durante unos 15 o 20 minutos para que las hortalizas absorban el líquido.

Durante este tiempo, los componentes se integran gradualmente reduciendo el volumen del guiso.

El triturado definitivo

Cuando la cocción termina, la salsa debe pasarse por una batidora de gran potencia.

Triturar el conjunto a velocidad alta emulsiona el aceite de oliva con el líquido y la fibra de la cebolla.

Para lograr un acabado fino y sin restos de pieles de guindilla, conviene pasar la preparación por un colador o chino fino.

El resultado es una crema brillante y lisa con una consistencia ideal para napar la hortaliza.

Las opciones de acompañamiento

Esta salsa encaja a la perfección con unos dados de patata pochados primero en aceite a baja temperatura y fritos después a fuego fuerte. La combinación del exterior crujiente de la patata con el picor sutil del aderezo triunfa en cualquier picoteo.

También puede servir para aderezar otras preparaciones de la cocina cotidiana como verduras a la plancha o carnes asadas. Guardada en un recipiente de cristal dentro del frigorífico se mantiene en perfectas condiciones durante varios días.

El secreto de la consistencia

Evitar espesantes artificiales como la harina o el almidón de maíz garantiza una digestión mucho más ligera. La propia cebolla pochada al triturarse se encarga de dar cuerpo y ligereza al aderezo de manera natural.

Si la preparación queda demasiado espesa tras reposar, se puede aligerar añadiendo unas cucharadas de caldo caliente antes de servir.

De este modo se recupera la soltura adecuada para bañar la ración recién hecha.

El resultado en la mesa

Servir esta crema recién triturada es la mejor forma de comprobar cómo unos ingredientes humildes se convierten en un bocado de alta categoría.

El equilibrio entre el picante, el matiz ahumado del pimentón y la sabrosura del jamón conquista a cualquier comensal.

Esta técnica demuestra que respetando la fórmula tradicional de los bares de siempre no hace falta recurrir al tomate.

Puedes preparar esta receta en casa hoy mismo para disfrutar del auténtico sabor de una ración de bar inolvidable.