Espárragos

Espárragos CG

Gastronomía

Los expertos coinciden: es recomendable optar por espárragos de producción local y de temporada, ya que están menos expuestos a pesticidas

Los datos más recientes de España y la Unión Europea permiten conocer qué ocurre realmente con los residuos y qué conviene hacer

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El espárrago mantiene una presencia destacada en el campo español, aunque su mapa productivo conviene precisarlo. El Ministerio de Agricultura estima para 2026 una cosecha de 63.900 toneladas, un 16,5% más que en 2025, sobre unas 12.500 hectáreas.

En la desagregación provincial del avance de 2025, Granada aparece como principal foco productor, muy por delante de otras zonas. Por tanto, no resulta correcto presentar a Murcia, Huelva y Badajoz como las regiones que encabezan actualmente este cultivo en España.

Qué dicen los controles

Los espárragos, como otras hortalizas, pueden contener residuos de productos fitosanitarios utilizados durante el cultivo. Pero detectar un residuo no significa automáticamente que exista un peligro para la salud: la clave está en la sustancia, la cantidad encontrada y la exposición.

El último informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, publicado en mayo de 2026 con datos de 2024, concluye que el 96,7% de las 86.449 muestras de los programas europeo y nacionales se encontraba dentro de los límites legales.

España, bajo control

En España, los resultados son incluso más elevados. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición realizó 1.811 controles en 2024 y determinó que el 99,05% de los alimentos analizados cumplía la normativa sobre residuos de plaguicidas.

Solo 17 muestras fueron calificadas como no conformes, 12 correspondientes a frutas y hortalizas. Estas cifras no permiten afirmar que los espárragos estén libres de residuos, pero tampoco respaldan que su consumo suponga, de forma general, un riesgo elevado.

Residuo no es riesgo

Los límites máximos de residuos se fijan para cada combinación de sustancia y alimento. La EFSA explica que estos valores se establecen tras una evaluación del riesgo para el consumidor y que superar un límite legal tampoco equivale, por sí solo, a una intoxicación.

Su evaluación más reciente estima que el riesgo alimentario fue bajo para la mayoría de grupos de población y sustancias analizadas, tanto en exposición aguda como crónica. Esto no elimina la vigilancia, pero obliga a diferenciar entre presencia de residuos y daño demostrado.

El llamado cóctel

También existe preocupación por la presencia simultánea de varios plaguicidas. En el programa coordinado europeo de 2024, el 34,9% de las muestras contenía más de un residuo cuantificable, aunque la mayor incidencia se registró en uvas de mesa, pomelos y plátanos.

La propia EFSA trabaja en evaluaciones acumulativas para estudiar cómo pueden actuar varias sustancias sobre un mismo órgano o efecto tóxico. Por eso, hablar de un “efecto cóctel” como un daño probado en cualquier alimento resulta excesivo con la evidencia disponible.

El papel de los ecológicos

Los productos ecológicos presentan menos residuos cuantificables, pero no garantizan una ausencia total. En 2024, el 80,4% de las muestras ecológicas europeas no presentó residuos cuantificables y solo el 0,4% fue considerada no conforme.

La diferencia frente al cultivo convencional existe, pero tampoco convierte automáticamente a un alimento ecológico en libre de plaguicidas. Pueden aparecer sustancias autorizadas, contaminantes ambientales o residuos accidentales durante diferentes fases del proceso.

Qué hacer en casa

En casa, la recomendación oficial es sencilla: lavar frutas y verduras bajo el grifo antes de prepararlas, incluso cuando después vayan a pelarse. El lavado mejora la higiene superficial, aunque no debe presentarse como un método capaz de eliminar cualquier residuo.

Los datos actuales invitan a evitar tanto la despreocupación como el alarmismo alrededor de los pesticidas. Mantener una dieta variada, lavar correctamente los espárragos y atender a los controles oficiales permite reducir riesgos sin convertir su consumo habitual en un motivo de temor.