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Gastronomía

Los chefs coinciden: "La clave para conseguir un pollo al horno jugoso y tierno es la sal y el tiempo de cocción, no solo el control de la técnica"

El paso previo al horno que transforma la jugosidad y el sabor sin recurrir a trucos tradicionales

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Parece mentira que una receta tan clásica como el pollo asado genere tantas dudas en casa. El temor a una pechuga seca o a una piel blanda sigue siendo habitual antes de encender el horno.

Muchos optan por soluciones tradicionales que prometen resultados seguros. Sin embargo, no siempre cumplen con lo esperado y suelen quedarse a medio camino.

Trucos que no siempre funcionan

El uso de aceite, mantequilla o incluso introducir limón en la cavidad sigue siendo una práctica extendida. Estas técnicas ayudan a dorar la piel y aportan aroma, pero no resuelven el problema principal. La clave no está solo en la superficie. Estas opciones no permiten que el sabor penetre en la carne ni evitan la pérdida de jugos durante el horneado.

Varios cocineros de referencia en España coinciden en señalar un elemento fundamental: la sal. No se trata únicamente de sazonar antes de cocinar, sino de aplicar técnicas concretas que modifican la estructura del pollo.

La explicación tiene base científica. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), la sal influye en la retención de agua en los tejidos, lo que ayuda a conservar la jugosidad durante la cocción.

La técnica de Jordi Cruz

El chef Jordi Cruz, con cinco estrellas Michelin, insiste en que la sal es el factor más importante al asar un pollo. Su recomendación varía en función del tiempo disponible.

Si hay prisa, propone usar sal fina en abundancia, tanto en el exterior como en el interior del ave. Este paso mejora de forma inmediata el sabor y la textura. Cuando se puede anticipar la preparación, Cruz apuesta por una técnica más precisa. Consiste en utilizar sal gruesa y dejar reposar el pollo entre 10 y 12 horas.

Este proceso actúa como un marinado en seco, permitiendo que la sal penetre lentamente. El resultado es una carne más sabrosa y menos propensa a secarse en el horno. Otro aspecto clave es el atemperado del pollo antes de cocinarlo. Sacarlo de la nevera con varias horas de antelación evita problemas durante la cocción.

Según explica el propio chef, este gesto reduce el choque térmico y favorece una cocción más uniforme, evitando la pérdida prematura de jugos.

La alternativa de la salmuera

El cocinero Alfredo Vozmediano ha llevado esta idea más lejos con una prueba práctica. En uno de sus experimentos, comparó distintos métodos de cocinado con resultados muy claros.

El mejor pollo fue el que permaneció 24 horas en salmuera antes de entrar al horno. Esta técnica consiste en sumergir el ave en una mezcla de agua y sal.

Una técnica avalada por la industria

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) explica que la salmuera mejora la textura y jugosidad de la carne al favorecer la absorción de líquidos. Por eso es habitual en productos procesados.

En casa, basta con una solución sencilla de agua y sal, sin necesidad de aditivos. El resultado es un pollo más tierno y con un sabor más equilibrado.

En definitiva, el secreto no está en añadir más grasa, sino en entender cómo funciona la sal. Aplicada correctamente, transforma por completo el resultado y convierte una receta básica en un plato mucho más jugoso y sabroso.

Receta del pollo

Esta es la receta del pollo para que te salga muy tierno y jugoso. Estos son los ingredientes:

Pollo entero, 1 ud (de 1,5 a 2 kg)

Agua, 2 litros

Sal, 100 g

Hierbas aromáticas al gusto (romero, tomillo, laurel)

Aceite de oliva virgen extra, una cucharada

Pimienta negra molida, al gusto

Disuelve la sal en una cuarta parte del agua, calentándola ligeramente para facilitar la disolución. Añade el resto del agua fría y los ingredientes aromáticos. Introduce el pollo limpio en la salmuera, asegurándote de que quede completamente cubierto. Tapa el recipiente y refrigera durante 24 horas o, como mínimo, toda la noche.

Retira el pollo de la salmuera y sécalo a conciencia con papel de cocina, tanto por fuera como por dentro. Úntalo ligeramente con aceite de oliva. Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo (con ventilador si tu horno lo tiene). Coloca el pollo sobre una rejilla con una bandeja debajo para recoger los jugos.

Hornea durante unos 90 minutos si el pollo pesa cerca de 2 kg (75-80 minutos si pesa 1,5 kg). A partir de los 60 minutos, controla el punto con un termómetro de sonda insertado en la parte más gruesa de la pechuga sin tocar hueso. Estará listo cuando marque 85 °C.

Deja reposar el pollo fuera del horno durante 5-10 minutos antes de trincharlo, para que los jugos se redistribuyan.