Guille Rodríguez y leche frita

Guille Rodríguez y leche frita CG

Gastronomía

Guille Rodríguez, cocinero: "La leche frita pierde su receta tradicional, pero gana textura gracias a 120 g de maicena y 6 yemas de huevo"

Aunque se aleja de la receta clásica con harina, esta versión incorpora cambios que mejoran la cremosidad y el sabor sin perder su esencia tradicional

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Del mismo modo que el turrón marca la Navidad o las torrijas anuncian la Semana Santa, la leche frita reaparece cada año con la llegada de la Cuaresma. Este dulce, profundamente ligado a la tradición, vuelve a ocupar un lugar destacado en hogares y pastelerías.

Se trata de un postre de origen humilde, elaborado con ingredientes básicos y accesibles. Su popularidad se mantiene intacta, especialmente, en regiones como Cantabria, Castilla y León o Galicia, donde forma parte del recetario más arraigado.

Una receta que se adapta

En este contexto, el cocinero y creador de contenido Guille Rodríguez, con más de 637.000 suscriptores en YouTube, ha recuperado lo que define como 'la receta de toda la vida'. Una propuesta que respeta la tradición, pero introduce matices que modifican la textura final.

El principal cambio reside en el uso de almidón de maíz, conocido popularmente como maicena, en lugar de harina de trigo. Esta sustitución no solo elimina el gluten, sino que también altera el comportamiento de la mezcla.

Textura más suave

A diferencia de la harina, la maicena genera una gelificación distinta, lo que se traduce en una crema más fina y sedosa. Además, permite obtener una textura homogénea sin necesidad de largos tiempos de cocción.

Este detalle técnico tiene un impacto directo en el resultado final, ya que la leche frita adquiere una consistencia más delicada, algo que resulta, especialmente, atractivo para quienes buscan versiones más ligeras.

El papel de las yemas

Otra modificación relevante es el uso exclusivo de yemas de huevo, en lugar del huevo entero. Este ajuste contribuye a intensificar la cremosidad del postre, aportando además un color más atractivo.

La combinación de maicena y yemas refuerza el carácter untuoso de la receta, alejándose ligeramente de versiones más densas o compactas que se elaboran con harina tradicional.

Un toque de sal

Entre los detalles que definen esta receta destaca la incorporación de una pequeña cantidad de sal. Aunque pueda parecer contradictorio en un dulce, su función es clave para potenciar el sabor.

La sal actúa como intensificador del dulzor, facilitando que las papilas gustativas perciban mejor los matices del postre. Se trata de un recurso habitual en repostería profesional que mejora el equilibrio general.

El aroma final

El último elemento diferencial se encuentra en el proceso de fritura. Rodríguez propone aromatizar el aceite con cáscaras de limón y naranja, una técnica sencilla que añade profundidad al resultado.

Este paso aporta un perfume cítrico sutil, que no invade, pero sí acompaña cada bocado. El aroma se integra con el resto de ingredientes y eleva la experiencia sin modificar la esencia del dulce.

Tradición que evoluciona

La leche frita sigue siendo un símbolo de la cocina tradicional española, pero recetas como esta demuestran que es posible introducir variaciones sin perder identidad.

En plena Cuaresma, este postre vuelve a consolidarse como un referente, capaz de adaptarse a nuevos gustos sin renunciar a su carácter casero, sencillo y reconocible.

Receta de la leche frita

Esta es la receta de la leche frita de Guille Rodríguez. Ingredientes:

Para la leche frita

Leche (preferiblemente desnatada), 1 litro

Yemas de huevo, 6 ud

Almidón de maíz (maicena), 120 g

Azúcar, 150 g

Canela en rama, 1 ramita

Piel de 1 limón

Sal, una pizca

Para la fritura y el rebozado

Huevos, 2 ud

Almidón de maíz, para rebozar

Aceite de girasol, para freír

Reservamos aproximadamente una cuarta parte de la leche fría y disolvemos en ella los 120 g de maicena. Removemos bien y reservamos.

Vertemos el resto de la leche en un cazo y añadimos el azúcar, la piel de limón, la canela y la sal. Llevamos a ebullición, bajamos el fuego y dejamos infusionar 5 minutos.

Separamos las yemas de las claras, reservamos las claras para otro uso y batimos ligeramente las yemas. Añadimos la leche caliente sobre las yemas muy poco a poco, sin dejar de remover, para atemperar la mezcla y que no se cuaje el huevo.

Incorporamos la leche fría con el almidón disuelto -conviene removerla de nuevo justo antes de echarla al bol para asegurarnos de que la fécula no se ha ido al fondo-, removemos y colamos toda la mezcla de vuelta al cazo.

Llevamos a fuego medio-bajo y removemos sin parar hasta que espese. Retiramos del fuego y seguimos removiendo enérgicamente hasta conseguir una crema lisa.

Humedecemos ligeramente una fuente, colocamos papel film, vertemos la crema, alisamos bien la superficie, cubrimos con film a piel y refrigeramos toda la noche.

Desmoldamos la masa cuajada y cortamos en unas 12 porciones regulares. Aromatizamos el aceite de girasol con cáscaras de limón y naranja unos minutos, las retiramos y subimos la temperatura. Pasamos cada porción por almidón de maíz, después por huevo batido y freímos hasta que se doren. Escurrimos y espolvoreamos en caliente con azúcar y canela.