Pila amarilla a Julia Lüderwaldt

Pila amarilla a Julia Lüderwaldt

Examen a los protagonistas

Julia Lüderwaldt

Asuntos de familia

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Publicada

El caso Andic se está convirtiendo en el mejor thriller fabricado en Cataluña durante los últimos años. Lo tiene todo. Un principio brutal, de esos que hacen difícil mantener la tensión en las páginas siguientes o en las secuencias por venir.

Un millonario se precipita por una montaña cuando se encuentra en compañía de su hijo mayor. Corre la voz de que se llevaban mal: la estancia del hijo en la cima de la empresa duró poco a causa de su aparente ineptitud. Dicen que el hijo solo pensaba en el dinero. Principal sospechoso de la extraña caída de papá, es detenido por la policía, puesto en libertad e instalado en la figura de la person of interest.

Al fondo de la trama, aparecen personajes difusos: sus hermanas, su madre, su madrastra, que hablan poco, pero, cuando lo hacen, parecen creer en la inocencia del heredero. En ese fondo, hay un personaje que destaca entre todos: una extraña terapeuta familiar, medio ecuatoriana, medio alemana y no colegiada en ninguna parte que iba y venía de la mansión de los Andic para, en teoría, poner un poco de orden psicológico antes de volver a su casa en Alemania.

Se llama Julia Lüderwalt y no está al alcance de cualquiera. No tiene una consulta a la que se pueda llamar para pedir hora. Ella solo se mueve en las altas instancias y su nombre, al parecer, va de boca en boca entre los ricos que también lloran.

Julia Lüderwalt es la segunda persona de interés en esta historia. La policía y el juez sospechan de ella. Se encargaba de los problemas de toda la familia con una serie de terapias alternativas no del todo reveladas y puede haber sido un elemento manipulador en la dinámica familiar.

Es decir, que puede haber contribuido a la desgracia de todos conocida. No hay nada claro por el momento, pero el personaje está en fase de estudio. Para el heredero, pintan bastos: la policía no se acaba de creer su versión de los hechos.

No creo ser el único que busca cada día en los periódicos nuevas informaciones sobre el caso Andic. Los aficionados a la novela negra, tengo la impresión de que han caído a cuatro patas sobre esta historia familiar tan peliculera, tanto que todos tenemos la impresión de que acabará convertida en una miniserie de Netflix o, por lo menos, un documental de Carles Porta.

Este apasionante culebrón no tiene competencia. Barcelona vive una preocupante ola de crímenes, pero todos carecen del menor interés narrativo, pues se limitan a ejecuciones en la calle de sicarios de una banda rival, tiroteos con o sin muertos, el asesinato de un chaval sudamericano que había cometido el error de alistarse a los Trinitarios y cosas por el estilo. O sea, material de derribo que no da ni para un cortometraje.

Las fotos de Julia Lüderwalt, vestida de blanco, con gafas de sol, nos muestran a alguien que podría ser un personaje de Hitchcock: una terapeuta que tanto podría estar intentando salvar a una familia como destruirla, aunque aún no sepamos cómo…

Soy consciente de mi enfoque frívolo sobre una tragedia humana, pero es que el caso Andic es lo único que ha pasado en España recientemente que habría merecido una de las estupendas crónicas criminales del gran Dominick Dunne en Vanity Fair.